Jacobo Regen universal

La suya no fue una escritura de color local, para exponer en vidrieras de vanidades. No se pesaba por kilos. Tampoco especulaba con premios ni lisonjas. Fue universal, magra, sustancial, tallada en su interior dolorosa y gozosamente.

En su humanidad no había lugar para la soberbia. Fue poeta de inspiración, pero también de cuidadosa lectura. Culto sin pretensión de mármol y celebridad. Austero por modo de vida, y de palabras.

Durante años se ganó la vida en la redacción de diarios como corrector de pruebas, inclinado sobre las palabras de textos ajenos y desaliñados, que él limpiaba y pulía. Durante un año y medio, sin recibir una moneda, Jacobo aceptó corregir poemas a editar en un suplemento cultural a mi cargo.

Hace quince o más años, a las ocho de la mañana de un domingo, Jacobo me llamó por teléfono. "Perdoname, hermanito, pero no voy a corregir más las poesías que me mandes. En la que se publica hoy en la "Agenda Cultural", falta una coma y se comieron una letra S". Su decisión era justa e inapelable.

En su soledad no habitó el misántropo. Tampoco su universalidad lo desarraigó de su Quijano natal, ni de su ciudad, que habitaba y miraba desde su espacio, pegado a la estación y a vía silenciosa y muerta de sus trenes.

Su sedentarismo y quietud eran aparentes. "Y esta quietud de vida no se parecía en lo más mínimo a la paz", escribió Joseph Conrad. También lo eran su serenidad y sosiego. "Vivir la vida es devorarla", anotó Stirner.

Jacobo Regen por Gero, en El Tribuno

A su modo, a su elección, Jacobo devoró y bebió la vida hasta sus últimos días, cuando comió un pedazo de torta en sus 84 años. Su gravedad, su rigor, no mutiló su enorme y fino sentido del humor. Su poesía satírica aún espera la mano de un editor.

En sus últimos años intenté una entrevista periodística. Un resfrío, un desvelo, desgano ante las preguntas, dejó en borrador aquel artículo para una revista porteña. Quizás todo aquello fueron coartadas para eludir solemnidades impresas para consumo de lectores superficiales apurados.

En sus días finales, recordaba su infancia de niño pobre, recitaba poemas propios y ajenos a aquella asistente cerrillana que lo cuidó como a un niño y aprendió a conocerlo como pocos.

Ayer, ella estaba sentada frente a los restos de Jacobo. Parecía seguir escuchando sus palabras. No me animé a preguntarle que le estaba diciendo Jacobo al entrar en su silencio infinito, rodeado de sus palabras. En y con ellas sobrevivirá a la envoltura efímera de los mortales.

Adiós al poeta de seis décadas

Despedida a Jacobo Regen

Por Liliana Bellone

El miércoles 9 de enero, a los 84 años. Falleció Jacobo Regen, uno de los poetas más notables de la poesía argentina.

Quizás la mejor manera de despedir a un poeta sea recordando sus poemas. Decía Regen:

Serenamente digo: "Soy un ángel". / Y me debes creer. /Ningún platillo sube, /o baja, /bajo mi peso. /Incorpóreo, ligero, /desnudo/como la luz...".

Conocí a Jacobo Regen cuando era alumna de la carrera de Letras en la Universidad Nacional de Salta, en la década del 70, a través del profesor Carlos Rafael Giordano, quien había llegado desde Córdoba para hacerse cargo de Literatura Argentina y Corrientes Actuales de la Crítica, asignaturas que dictó hasta que debió exiliarse en Italia, donde dio clases en la Universidad de Calabria hasta su muerte, y por la poeta Sara San Martín de Dávalos, también profesora de la Facultad de Humanidades.

El amor, la soledad y sobre todo la certeza de una nada constitutiva que intentan cubrir los gestos simbólicos del devenir de la existencia, irremediablemente incompleta, son las preocupaciones que dice el poeta. A ese lugar, a ese hueco de ser, retornaremos. Esta certeza, imposible de decirse, provoca la angustia. Desde ese lugar y hacia ese lugar umbroso se encaminan los poemas de Jacobo Regen. Su vida fue una ofrenda a la literatura. Rodeada por las circunstancias que son el tiempo, el espacio, la historia, los objetos y los nombres, la angustia intenta modularse en forma de poemas.

¿Qué otro sentimiento más acorde con los versos de este poeta, que el sentimiento de la angustia?

Y sin embargo, toda/ mi trayectoria es una sombra, /mi corazón es una sombra/una moneda oscura/destruida por el tiempo, /sin tiempo y sin memoria.

Perteneciente a la llamada generación del 60, a la que se dio en calificar como la generación de "los agonistas", surgida luego de la gozosa mostración de la tierra y su gente de Juan Carlos Dávalos, y del Grupo "La Carpa" (generación del 40), que articula lo regional con lo continental, lo social, antropológico y mítico a través de una mirada comprometida y universal (Raúl Galán, Manuel J. Castilla, Raúl Aráoz Anzoátegui, Julio Ardiles Gray, María Adela Agudo, Sara San Martín, José Fernández Molina y otros), la escritura de Regen continúa el impulso innovador de los poetas del 40, para mostrar una actitud indagadora de la condición humana.

En las voces de los integrantes de la generación del 60 podemos leer, a través de una mirada poética propiciada por el existencialismo, la literatura de posguerra, las ideas emancipadoras, aquello que señalara Adorno: lo íntimo de la poesía la torna profundamente social, pues expresa a un sujeto colectivo a través del decir individual. El sinsentido de la existencia, la soledad, el vacío, constituyen una poética de la angustia. El dolor por el paso del tiempo y la mortalidad, otorga a estos escritores un notable tono elegíaco, que entronca con las voces reverenciadas de Miguel Hernández, García Lorca, Vallejo, Rilke...

La crítica y estudiosa Alicia Chibán, señaló que en los textos de Jacobo Regen puede advertirse lo elegíaco como negación y como conjuro de la muerte. La elegía clásica, la elegía medieval y renacentista, a la manera de Jorge Manrique, con su tono apelativo y doliente, consciente de los efectos devastadores del tiempo, se configura en motivo de varios poemas de Regen: "Elegía (a la madre), "Elegía a José Nieto Palacios", "A Baica Dávalos" y "Pequeña elegía" (a Walter Adet).

En "Pequeña elegía", la voz poética dialoga con el otro, el poeta y amigo Walter Adet y dice:

La muerte no ha pasado por aquí. Su vendaval oscuro/se apacigua/y reposan tus ojos/ de par en par abiertos a la luz.

Podemos pensar que Jacobo Regen no vivió la poesía, sino que la poesía lo vivió a él, parafraseando a Borges. Vivió en la poesía y por la poesía. Entonces eligió el difícil camino del ascetismo material, intelectual y artístico. Se alejó a componer su existencia al modo de un poema despojado, una existencia alejada del mundo, luminosa y sombría, como dice en "Soy un ángel". Sus poemas tan intensos caben en el espacio del instante, en el palpitar de un momento, en el arcano que es cada vida humana. La palabra no basta, o basta en la medida justa y exacta de su constitución de ausencia. Por eso Jacobo es poeta, no narrador ni ensayista. Captar el instante fue su tarea y por sobre todo buscar la manera de engarzar "eso" en el lenguaje, en "su" lenguaje, cada vez más sutil, más despojado y más escueto. Ganar la brevedad para afirmar la brevedad de la vida, en una condensación expresiva que lo lleva a componer poemas intensamente sobrios, sin adornos, bellos en su retórica desnuda, en su contundente lirismo.

Decir sin ropajes y sin auxilios, decir solamente, quizás con la secreta esperanza de encontrar una palabra, un verso que aprese algo de lo innombrable, el camino anhelado por Mallarmé y los cabalistas judíos, la letra perfecta, la letra absoluta, la que cubre la nada o al ser, el velo final, la letra (o la cifra) como en Borges, la "perfecta forma que supo Dios desde el principio".

En las ondas del lenguaje hablan los poetas, conversan, escuchando el texto universal:

Ahora, Walter, amanece.

Nunca pasó la muerte por aquí.

Y desde esta ribera, desde nuestro corazón, podemos aventurar poéticamente:

Ahora, Jacobo, amanece.

Nunca pasó la muerte por aquí.

Umbroso mundo

Hay jardines que no tienen ya países

Georges Schehadé

Umbroso mundo,

seguiremos siempre

poblando de fantasmas verdaderos

tus países ausentes.

Así, lejos de todo,

crecerá en el olvido un árbol verde

a cuya sombra vamos a dormirnos

hasta que alguna vez el sueño nos despierte.

Tatuajes

a Marcelo Sutti

Yo creo en las palabras

que son carne y espíritu:

tatuajes repujados

a punta de cuchillo.

Hoguera

El aire va leyendo

con sus ojos de ausencia

las páginas de un libro

que consume la hoguera.

El humo cadencioso

se despide, se aleja…

Lo saludan cenizas

y mariposas muertas.

Manco

a Holver Martínez Borelli

El manco lleva el aire de su mano

como una piedra en el bolsillo.

Proposición

¿Conoces tú mi paradero?

Si sabes algo, dímelo.

Y cuéntame de aquel muchacho candoroso.

Si alguna vez llegas a verlo

no le ocultes que te has casado,

que tienes varios hijos.

Y nunca te enternezcan

su terquedad, sus ruegos.

Adóptalo como criado.

¡Sería tan hermoso para él!

Cuidaría el jardín de tu casa,

lavaría los pañales de tus pequeños,

saludaría humildemente a tu marido.

¡Es tan bueno!

Pero que tu indulgencia

no vaya nunca más allá.

Corrector

Yo soy, no más, un corrector de pruebas.

No dije nunca nada de mí mismo

porque desconocía los acentos

que caen en mis vértebras profundas.

Vejez

Vino a cobrarlo todo:

las trampas del amor, sus ademanes,

y estos turbios espejos

que se avergüenzan de mirar a nadie.

Elegías

III

Envuelta en una música doliente

llegas a mí, de lejos, madre mía.

Y aunque no cantes tú, la melodía

vibra en mi corazón, llora en mi frente.

Pueblas mi sangre silenciosamente

y, al prolongarte en mí, soy tu agonía:

raído azogue, remembranza fría

de tanto amor y tanta luz ausente.

Madre, mi soledad a ti se aferra.

Nada me habita como tu recuerdo

por la infinita sombra iluminado.

Protégeme en las lindes de la tierra

donde sin causa ni razón me pierdo,

donde ya ni conmigo me he quedado.

A Silvia Katz y sus ángeles

Fragantes de rocío

regresan hoy tus ángeles

a la heredad antigua de la luz

y con los ojos diáfanos y tiernos

desamarran profundas lejanías

entre las brumas del atardecer.

Anécdotas

¿Dónde se ahogaron nuestras noches

de sueños para siempre irredimibles?

Sólo quedan anécdotas:

pugilatos de torva levadura

y el vino con que ayer amanecía

la confidencia del amor

al fondo

de un bar decapitado.

(De “Umbroso mundo”, con prólogo de Antonio Requeni, Fondo Editorial Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta, Salta, Argentina, 2013. Jacobo Regen nació en Salta en 1935. Sus obras publicadas son “Seis poemas”, de 1962; “Canción del ángel”, de 1964; “Umbroso mundo”, primera edición en 1971; “Canción del ángel y otros poemas”, 1971; “El vendedor de tierra”, de 1981, “Poemas reunidos”, de 1992; “Antología Poética”, de 1996. La edición de “Umbroso mundo” del que se toman los poemas precedentes y los que siguen corresponden a estas obras y otros son inéditos. Asimismo, incluye cinco poemas que fueron musicalizados por Gustavo “Cuchi” Leguizamón, José Juan Botelli, Gerardo Núñez y Juan Botelli).

De Canción del ángel

4

Un pajarillo humilde,

una brizna de hierba,

que alguna vez te quiso

y hoy tan sólo recuerda…

Para su sueño breve

tu infinita pradera

fue demasiada muerte,

demasiada tristeza.

7

a Carlos Hugo Aparicio

¿En qué cabeza reclinar el pecho?

¿Con qué latido acompasar este latido solo?

¡Ah, desterrar tanta tiniebla,

y levantar, y levantar los ojos

sin miedo de morir en una estrella;

y alzar la voz a dúo, a trío, a coro,

en la alborada del amor, que siempre

soñé y que siempre me ocultó su rostro!

11

La imperiosa pregunta

de los bondadosos padres:

-¿Qué harás con todo ello?

¿Podrás comer, vestir, casar, vivir?

Y el hijo tiene la respuesta del humo

desvanecido en el aire,

de las ciudades íntimas del sueño,

de la bruma que envuelve los puertos

y de la infancia inmortal.

Mas no responde.

Cuando el silencio lo humilla,

baja la cabeza.

Y ellos lo miran con profunda

lástima de sí mismos.

Palabras

Sólo te pido que recuerdes

la luz de aquel amanecer

que hemos amado tanto.

He derrochado contigo

tantas palabras que creíste ciertas,

que palpitaban,

que vivían.

Y amé en ti mis palabras.

Cuando dejé de amarlas te perdí.

Obediencia

Si alguna vez amó

no fue de paso.

Obediente al recuerdo

cerró todas las puertas

de su sangre.

DISTANCIA

No hay distancia más grande

que la que nos separa

del vecino,

del solitario prójimo

que generosamente

nos ayuda.

Su lema siempre fue: "lo mío es mío

Y lo tuyo también".

EL VENDEDOR DE TIERRA

Vuelve del horizonte

cargando tierra negra en sus espaldas.

Cuando llega lo aplauden los jardines

y se emociona el agua.

Y yo le compro tierra, y algún día

me tendrá que vender toda la carga.

SOY UN ÁNGEL

Serenamente digo: "Soy un ángel".

Y me debes creer.

Ningún platillo sube,

o baja,

bajo mi peso.

Incorpóreo, ligero,

desnudo,

como la luz...

Y sin embargo, toda

mi trayectoria es una sombra,

mi corazón es una sombra

una moneda oscura

destruida por el tiempo,

sin tiempo y sin memoria.

ANUNCIO

Será recompensada la persona

que me devuelva una sonrisa

cuando le diga yo que aún la quiero

y que no me importa si me odia

después de haberme amado

por equivocación.

ALIANZA

Me quedo en cualquier parte

porque no tengo a dónde ir.

Y vuelven mis fantasmas

a inventarme

la luz

entre paredes de agua muerta.

Vuelven

para fundar la última alianza

con el que fui,

con el que nunca ha sido.

Andan ya por mi sangre.

Voy con ellos.


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