SOCIEDAD EL ARTE DE COMUNICAR DESDE LO AUTÉNTICO.
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Por Mariela Esquiu
Periodista / Locutora - Mentora de Comunicación y Oratoria
IG: @marielaesquiu
LA VOZ, REFLEJO DEL ALMA
* Nuestra voz tiene memoria emocional: cuenta lo que a veces no nos animamos a decir con palabras.
· * El cuerpo habla: la postura, la mirada y las manos son parte del relato.
· * Cuando la voz es auténtica, la comunicación deja de ser un desafío y se convierte en un encuentro.
La voz es más que un sonido: imagínate que es tu pulso. Es una forma de habitar el mundo, tu mundo y mi mundo porque a través de la voz nos conectamos.
Cuando de verdad le prestamos atención y la trabajamos, la reconocemos y le damos el primer lugar, tu ser interior se ordena.
Porque la comunicación que conecta, la que es tu marca, la que nace del cuerpo, pero también de la emoción no se improvisa: se siente, se aprende, vibra en voz y hasta abraza. Y cuando una voz se vuelve auténtica, se vuelve poderosa y puede regalarle a quien escucha infinidad de colores.
Hay un instante, casi imperceptible en el que la voz toma fuerza y se enciende antes de salir. En ese preciso momento se juntan la emoción, la intención y el aire. Ahí empieza todo. Ahí comienza la verdadera comunicación. No en la palabra pronunciada, sino en la energía que la sostiene.
Hablar bien, hablar correcto no se trata de hablar lindo, de hablar de manera
seductora, ni se trata de sonar súper perfecto, ni de parecernos a alguien o de actuar como alguien que no somos. Estoy hablando de un proceso mucho más allá de todo: hablar bien es descubrirse, mirarse y permitirse aparecer. Porque la voz es identidad, la voz es historia, es herida, es pasión, es deseo. Es una parte de nosotros que pide ser trabajada con cuidado.
Muchas veces creemos que comunicar es simplemente usar palabras. Pero el cuerpo habla antes. Habla con las manos, con la postura, con la mirada. Habla con la respiración. Y cuando el cuerpo y la voz no están alineados, el mensaje se rompe, no llega, no hay conexión, perdemos fuerza, perdemos claridad, perdemos presencia.
Por eso, cuando hablo de comunicación, hablo de un todo, no se trata solo de la voz.Se trata de cómo nos paramos frente al otro, de cómo sostenemos la mirada sin miedo, de cómo una pausa puede decir más que un discurso, de cómo un gesto puede calmar o encender. La comunicación no verbal es parte del alma puesta en movimiento. Y aprender a reconocerla nos da una potencia enorme.
Te cuento lo que a mí me viene marcando a lo largo de mi carrera profesional, en este camino de acompañar personas, me encontré con historias diversas que me enseñan cada día la importancia de la voz. Actualmente acompaño a abogados que necesitan claridad, presencia y firmeza para sus intervenciones; a profesionales que buscan comunicar con más seguridad y sensibilidad y últimamente, también a estudiantes que están preparando sus tesis y descubren que una idea sólida necesita también una voz sólida para sostenerse.
Y es hermoso ver ese momento en que descubren que la comunicación no es un obstáculo, sino un privilegio; que la voz no es un trámite. sino una herramienta de libertad.
A veces incluso en una sesión, basta con observar cómo una persona respira para entender qué le pasa. La respiración dice si hay miedo, si hay prisa, si hay duda. Y trabajar desde ahí, desde el origen, permite que la voz encuentre espacio para crecer. ¿La técnica importa?, por supuesto que sí. Pero la emoción importa más.
Sentí muchas voces quebrarse para luego renacer con una claridad nueva, porque aprender a usar la voz con calidad es un proceso de práctica y convicción de querer hacerlo. Vi muchas veces posturas de desinterés que, con un pequeño cambio, transforman la presencia completa. Vi miradas que al fin se animan a sostenerse sin bajar al piso. Y siempre me emociona, porque sé que cuando una persona recupera su voz, recupera una parte de sí misma.
Vivimos rodeados de palabras. Muchas veces sobran los mensajes, pero escasea la voz verdadera, esa es la que realmente nace del sentir. Es esa la voz que no busca convencer, sino conectar. Esa que no grita para hacerse escuchar, sino que se afirma desde la calma.
Ocuparse de la comunicación es ocuparse de lo importante, es entender que la forma en que hablamos define la forma en que nos relacionamos y que la voz, trabajada con respeto, amor y técnica, puede abrir caminos donde antes solo había dudas.
Para mí, la comunicación siempre tiene que tener alma, tiene que emocionar, aunque el tema sea técnico o académico. Para mí la comunicación tiene que hacer sentir, aunque el contexto sea formal porque una voz vacía no deja huella. Pero una voz auténtica puede enamorar, puede informar, puede narrar con verdad.
¿Y querés que te cuente algo más? Esa verdad no se impone: se transmite. El desafío no es “ser perfecto”, sino ser genuino. El desafío no es “hablar fuerte”, sino hablar desde adentro. El desafío no es “impresionar”, sino conectar.
Hoy, en cada mentoría, en cada encuentro, en cada práctica, puedo confirmar que la voz es un proceso, la voz es un viaje. La voz es un volver a uno mismo. Y que todos —abogados, profesionales, estudiantes, cualquier persona que quiera expresarse mejor— podemos aprender a usarla con más conciencia.
La comunicación es un acto vivo. No se termina nunca. Se afina, se pule, se profundiza. Y en ese camino, la voz se convierte en algo más que una herramienta: se convierte en un hogar, un lugar donde podemos volver para decirnos: “Acá estoy. Y lo que siento importa.”
Trabajar la voz, la postura, la respiración, la mirada… es trabajar la presencia. Y cuando la presencia aparece, la comunicación se vuelve poderosa.
Porque al final de todo, lo que queda no es lo que dijimos, lo que queda es cómo hacemos sentir a las personas y eso, siempre, empieza por la voz, porque la voz es el espejo del alma.







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