Carta a Cristina… a tantas Cristinas y sobrevivientes de la barbarie del ´76

“Querido Amigo Juan… Cerca del 24… Se me llenan los ojos de lágrimas, pero las seco para que no me las vean porque es más fuerte en mí el mandato de resistir. Resistir. Resistir. Como en aquellos tiempos en los que luchamos y fuimos los resistentes de toda una década, y que hoy seguimos convencidos del deber de ratificar aquel compromiso de por vida de luchar por los que menos tienen, los humildes, los marginados… Que no podemos y no debemos bajar los brazos…”

Esta carta que atesoro sin tiempos ni fecha, pero que hace brotar la reflexión editorial de este y de cualquier 24 de Marzo de la Memoria Encendida, realmente es una fuente ideal de inspiración. Su autoría no sólo pertenece a Cristina, sino que se universaliza en miles de Cristinas que en la noche larga del genocidio argentino sufrieron un verdadero martirologio y el destino, la casualidad, los Dioses, tal vez uno solo, o todo ello sumado, las hicieron sobrevivientes. Sobrevivientes de la barbarie que no pudo inscribirlas en las infinitas listas de los desaparecidos.

“… Sólo he querido, quiero, expresar mi sentimiento en este momento, a horas de otro 24 de Marzo… Sentimiento que en lo principal, Juan, Amigo, me lleva a reflexionar sobre la más bella de las palabras: ¡Libertad!... Sin ella el mundo se derrumba, y el Ser Humano se queda sin las alas que le dan la propia Vida…”

Así las Cristinas, tantas Cristinas, y los hombres, tantos hombres, por tanta Vida segada le cantan a la Libertad enseñándola como el Valor sustancial de la existencia. Como ayer, como hoy, como siempre.

Y a la vez, motivan con la vehemencia de su condición de Valientes, por qué no de Heroínas, a las nuevas generaciones para las que soñaron y siguen soñando un país mejor, más justo, más soberano. Sustancialmente más Justo en lo Social, componente irremplazable de la Democracia, de éste sistema ideal de vida que, sin Justicia Social, y peor aún sin Justicia o con Justicia en deuda, es, sencillamente, una Democracia incompleta.

Decirte, Cristina, decirles Cristinas Heroínas no es modo alguno una ocurrencia caprichosa. De esta carta que emocionado leo, surge la razón de ello:

“…la memoria me vuelve a las retinas cada compañero, cada compañera de aquella noche larga, larguísima, infinita… y cada instante de la bestialidad de las detenciones, de los ojos vendados, pegados por las lagañas y el irrefrenable llanto, las “esposas” de alambres premeditadamente lacerantes, los silencios imposibles por el estruendo de los borceguíes de las patotas impunes, los simulacros de fusilamientos que nos tocó en suerte sólo en simulacros porque a tantos otros los asesinaban fusilándolos, los días y días en galpones que sabíamos del ejército… los traslados, las requisas, las jaurías, la vejatoria reducción del Ser Humano a la condición de despojo indefenso… la tortura… Todo tortura… ¿Quién murió…? ¿Quiénes murieron…? ¿Ahora me toca a mí…?

Te escribí" de corrido", en un momento que me puse a pensar, en un pequeño recreo que me di. Pero creo que hay gente que puede escribir mejor del 24, simplemente expresé un sentimiento, que por supuesto es largo de charlar con muchas cosas más para agregar.

Por ejemplo que significa "Libertad", qué se siente cuando uno es detenido y llevado con los ojos vendados; qué se siente cuando te hacen simulacros de fusilamiento y piensas ¿quien murió? …Que ahora me toca a mí. Cuando estás sentada en el piso con los ojos vendados varios días en un galpón del ejército. ¿Qué es libertad, de movimiento, de PENSAR, de sentir?

Quizás con todo esto tú, que sabes escribir, puedas representarme escribiendo algo.

Un abrazo amigo”

¡Cómo no llamarte heroína, amiga…!

Aprendo de ti y de todas las Cristinas como tú.

Y me quedo con tu síntesis valorando la Libertad.

Esta Libertad de pensar y de expresarnos.

Libertad que es patrimonio de todos.

Incluidos los que –en aquella noche sin estrella alguna- asaltaron no sólo la Nación, sino la Vida.

24 de Marzo, en Salta, con la Memoria Encendida.

Posdata: Cristina, me disculpo por no oír tu advertencia –si cabe el término- de que tu carta no era para publicar. Que sólo fue un pensamiento “de corrido”. “De solo estar”, digo yo, evocando al genio de Castilla.

Pero, como me diste la posibilidad de desobedecerte cuando en tu despedida me escribes: “quizás con todo esto tú que sabes escribir puedas representarme escribiendo algo….” he aquí lo que tú escribiste, en nombre de tantas Cristinas.

Gracias por tu carta, amiga y compañera Cristina Garros.


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