Con la Memoria Encendida


Invariablemente desde que Roberto Romero, el primer gobernador constitucional de Salta tras la reconquista de la Democracia Argentina partiera para la eternidad en la Memoria Encendida del Pueblo, cada 15 de febrero sus amigos nos abrazamos a su querida familia para evocarlo, para imaginárnoslo presente. Como nunca dejó de estarlo para nosotros y para todo un pueblo que quedó huérfano.

Este cronista tuvo y tiene la gracia del destino y de la vida de recordarlo en cada aniversario en un acto que lo convierte en privilegiado y que naturalmente reconoce y agradece a sus seres queridos que le permiten hacerlo.

Hoy, en este febrero del 2016 desde esa Memoria Encendida de los Pueblos se nos iluminó el recuerdo de un sentido homenaje que le hiciera el año pasado otro de sus dilectos amigos, su compañero y leal colaborador en el gobierno, el ingeniero Raúl “El Ciego” Sángari.

Al repasar cada frase se reavivan los fuegos sagrados de la política y de la doctrina que Roberto encendía en cada compañero y en cada salteño soñador de una provincia grande, nueva, progresista, que aún es sueño pero al que jamás renunciamos ni renunciaremos.

Por supuesto que este lunes 15 de Febrero el encuentro se repetirá. Y la emoción nos volverá a insuflar el pecho, invariable.

Así se expresaba y se expresa la pluma y la palabra de Eduardo Raúl “El Ciego” Sángari.

El Director

Si Don Roberto viviera…

Llora Febrero: un 15 se nos fue Roberto.

Hay circunstancias mágicas que sólo la imaginación puede satisfacer, más allá de la voluntad del Creador.

Si Roberto viviera, no alcanzarían las páginas de un libro grande, para pintar con palabras las imaginadas sensaciones que viviría un Roberto actual.

Seguramente nos reuniría –fiel a un método ideal de contacto humano y militante- para preguntarnos por qué lo que él planteara (con su visión de estadista, lo remarco yo) todavía no se cumple.

En 1984 Roberto Romero, gobernador, propuso el “Norte Grande”, germen de la solución de vida de nuestra empobrecida región.

Si Roberto viviera seguramente su ceño fruncido reiteraría su enojo, sin quejas, para que la propuesta geopolítica más importante desde la organización nacional, se concrete con el accionar de los que gobernaron después de él.

Preguntaría por qué todavía no encontramos el camino del desarrollo, más allá del crecimiento, en general portuario.

Si Roberto viviera ¿se hubiera enojado?

La respuesta es no.

Pero seguro se hubiera entristecido y nos preguntaría a los que ya estamos de vuelta por qué no fuimos capaces de transmitir los principios inamovibles por los que militamos con tanta lealtad durante nuestra vida tras el sueño de la Felicidad del Pueblo.

Su mirada siempre alegre se tomaría un descanso para inquirirnos por qué discriminamos y nos laceramos con palabras como “¡Inmoral!” sin siquiera intentar el diálogo que enriquece y al que verdaderamente estamos obligados –obligados- si somos realmente democráticos.

Perón tardó una eternidad en volver pero estaba vivo.

Roberto sólo puede retornar –y lo hace- en los espíritus de los políticos como hombres de bien.

Si somos capaces de imitarlo en su dimensión de conductor, los que ahora conducen y los militantes, los que somos conducidos con pasión doctrinaria y solidaria, podremos decir que seguimos su ejemplo.

Cuando Roberto vivía unió al peronismo abrazando a todos.

Y nos enseñó que la unidad no se basa en el pensamiento uniforme de los que se unen, sino en el respeto a todos y entre todos.

Aunque por supuesto no pensáramos igual.

Pero sí con el objetivo común de una provincia, de una región y de un país Justo, Libre y Soberano.

De una Democracia con Justicia Social.

Mi Amigo Juan Gonza, amigo dilecto de Roberto que no se equivocaba en escogerlos por talentosos y sustancialmente por buenas personas, probadamente leales, me pide que piense en un Roberto hoy, vivo y actual.

Lo imaginé como lo pinto en estas palabras, como el Gran Hombre en el consejo humano; y como Estadista –así con mayúsculas- en la conducción.

No hay duda, está presente.

Creo que en la intimidad me preguntaría entre tantas, pero tantas cosas: “Ciego… ¿Por qué tan sólo una Escuela de Administración Pública y por qué la ausencia tan marcada de una Escuela de Conducción Política?

Toda una enseñanza.

Pienso que sería formidable una simbiosis de ambas escuelas para la formación de los nuevos cuadros dirigentes que, con el retorno al imperio de la idea, del debate, del respeto democrático, se perfilen como los herederos de aquellos sueños.

No tengo dudas y por ello lo imagino vivo. Sí, vivo, en mi inteligente demencia, pues caigo en cuenta que de lo importante, de lo trascendente, de lo valioso, no me olvido.

Nada sirve ni servirá si no volvemos a las fuentes de la Democracia, de la Justicia, de la Justicia Social y de la Solidaridad entre los seres humanos. Si no volvemos al objetivo supremo del Bien Común. De una Comunidad Organizada.

Y ahí sí, rezaría por el Milagro de su presencia para que nos ayude a encontrar el camino.

Fuerte Abrazo, compañero.


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