Macri… ¡A las cosas… A las cosas…!

Carta a los descolgadores de cuadros…

Sin que nadie pero absolutamente nadie que se considere y compruebe realmente un demócrata pueda discutirle a este cronista que cuando Néstor Kirchner avergonzó a un tal general Fulano, que por entonces tenía la máxima jerarquía en la escala castrense de mando en el Ejército, ordenándole con un ¡Proceda! de innecesario tono cuartelero que se trepara a una escalerita y descolgara el cuadro del genocida Rafael Videla; ese presidente lograba un consenso enorme, absolutamente mayoritario de la sociedad. Eso sí, obviamente, jamás, pero jamás, por imposible, total.

He allí, en esa franja pequeña o mediana de ciudadanos que discreparon con la actitud presidencial, de donde hay que tomar también razones. Ajenas - pero sideralmente ajenas- a esas mayorías que lo aplaudieron con sobradas razones. Donde este cronista se incluyó e incluye.

Sin pensar en momento alguno, ni ayer ni hoy ni seguramente mañana, que ese cuadro era una afrenta histórica.

Pero debiendo haber pensado –como no lo hizo- en que era parte de nuestra historia. Así fuese, como lo es y será por siempre, la página más negra, criminal y sangrienta de ella.

Por estas horas, y seguramente como lo sostienen los periodistas en base a relatos absurdamente gozosos de funcionarios, un nuevo presidente, Mauricio Macri, reciente, nuevito, ha ordenado esta vez no a un identificable general Fulano o ministro Mengano sino a un anónimo empleado, que descuelgue no uno sino dos cuadros de un Salón de la Casa Rosada llamado De los Patriotas.

Esta vez los descolgados fueron el del fallecido presidente argentino Néstor Kirchner y el también muerto presidente venezolano Hugo Chávez, el hasta hoy guía ideológica de la ex presidente Cristina Kirchner y su diezmada corriente no precisamente peronista cuya principal bandera es la organización liderada por su hijo Máximo, cabeza visible de la ex agencia oficial de colocaciones La Cámpora.

Si nuestro flamante presidente, Mauricio Macri –que en 50 días de su gestión tuvo acciones y gestos importantes y esperanzadores para una argentina que lo eligió para cerrar con su proyecto de país una década para él contundentemente estragada- regresa de Davos y de otras mil acciones –valga la figura- para remedar el episodio del ¡Proceda! de Néstor y aquel sumiso general, a este cronista no puede dejar de encendérsele en la memoria aquella sentencia imperecedera para este país que fue su hasta aquí probadamente vana exhortación de:

  • ¡Argentinos… a las cosas… a las cosas…! ¡Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos! ¡No presumen ustedes el brinco que daría este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal!”

Y como otro acierto más clarificador de semejante pensamiento que nos legara, agrego a esta nota que naturalmente tendrá acompañantes y críticos, una breve pero contundente acotación que tomo de parte de uno de los trabajos medulosos de Marta Campomar, Vicepresidenta de la Fundación José Ortega y Gasset de Argentina advirtiéndonos, para ubicarnos en el tiempo, que Ortega le hablaba a un pueblo joven haciéndose nación en tiempos de crisis internacional, después de una depresión financiera, saliendo de la guerra civil española y entrando a la segunda guerra mundial.

Demás está decir que va de suyo que Mauricio Macri tiene en torno a su persona, a su honrosísimo cargo legitimado por la voluntad popular, y por ende a su gobierno nutrido por valiosos hombres y mujeres de otros partidos políticos e instituciones representativas del conjunto de la sociedad, más que suficientes aportes intelectuales que abordarán el tema de esta sincera carta abierta de un periodista del interior profundo y postergado del país al presidente de la nación.

También, lo bueno y positivo es que al cerrarla con un respetuoso saludo es que el cronista no tiene la menor duda y mucho menos temor de que por dar su opinión crítica y libre podría será declarado desestabilizador ni siervo de ninguna corporación mediática.

Mucho menos enemigo.

Pero eso sí… consciente que el episodio motivo de este comentario pueda ser considerado menor en relación a la magnitud del desafío que asumió el nuevo gobierno y su compromiso, repito convencido (al margen de sus ideas sobre la inmigración y otros de sus pensamientos sobre nuestra nación naciente) aquello de la necesidad de algún día pensar seriamente en:

¡Argentinos… a las cosas… a las cosas…!


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