Para abrir el cepo, hace falta desatar una serie de nudos previos

Para que la economía vuelva a crecer, hay que abrir el cepo cambiario, las restricciones para acceder al dólar del Gobierno nacional que rigen desde noviembre de 2011 por la escasez de la moneda norteamericana en el país.

El tema se coló en la campaña electoral presidencial cuando el líder del PRO, Mauricio Macri, dijo que desde el primer día de su futuro gobierno el cepo se terminaría. Pero su propio referente económico, Carlos Melconian, rápidamente salió a aclarar que esto es un anhelo fácil de decirlo, pero difícil de concretarlo.

Por ahora, no está en la agenda del Gobierno nacional, que sí está preocupado por sostener las reservas internacionales, ahora arriba de los 32 mil millones de dólares.

El ministro de Economía, Axel Kicillof, dijo que en Argentina “no existe el cepo” cambiario, ya que se pagan importaciones, se giran utilidades y se vende esa moneda “a la gente que quiere”.

Es cierto que la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), a partir de enero de 2014, flexibilizó la compra de dólares para atesoramiento y cada mes autoriza más para evitar que la demanda se vaya al mercado informal.

Pero también, según la Cámara de Importadores de la República Argentina (Cira), se deben 5.000 millones de dólares de compras al exterior que no se pagaron; además, por ejemplo, la tecnológica Symantec, dueña del antivirus Norton, cerró su oficina en el país por las restricciones a la importación y al giro de divisas al exterior.

¿Por qué es tan complicado desmontar la restricción al dólar? Porque la escasez de dólares–que empezó en 2010 cuando aumentaron los pagos de la deuda y el Gobierno decidió hacerlo con reservas–es un problema que en este esquema económico no tiene solución.

Por eso, las esperanzas sobre el cepo están puestas en el próximo presidente, que no la tendrá nada fácil para abrirlo.

Las dificultades

El cepo se instaló para frenar la salida de dólares, pero la consecuencia es que terminó generando menos ingresos de dólares que la cantidad que quiso evitar que salieran. Para levantar el cepo hacen falta más dólares o subir su precio, pero esto hay que hacerlo en el momento más oportuno, para evitar salida que genere un golpe inflacionario que impacte en los salarios y en el termómetro social.

Por un lado, ingresan menos dólares. Este año, a pesar de la cosecha récord, entrarán 6.000 millones de dólares menos que el año pasado y el saldo comercial (la diferencia de exportaciones e importaciones) se achicará 31 % para cerrar en 4.500 millones de dólares, cada vez más lejos del piso de 10 mil millones que tuvo hasta 2012.

A esto se suma la fuga de dólares. Desde enero de 2014 hasta el presente, por el sistema de la Afip se vendieron 7.492 millones de dólares, pero se proyecta que la fuga de dólares alcanza a los 22 mil millones de dólares.

Otro dato que preocupa son los vencimientos de deuda para este año, que suman cerca de 18 mil millones de dólares, lo que representa cerca de 40 % de las reservas internacionales actuales. Sin embargo, hay que aclarar que el total exigible suma 11 mil millones de dólares y parte de eso ya se pagó, pero el pago más importante del Boden 2015 (cerca de 7.000 millones de dólares) se realizará en octubre. El pago de intereses de deuda pública representa este año 1,7 % del PIB, apenas por encima del promedio de los años anteriores (1,6 %). Pero si se suman los intereses netos pagados por el Banco Central, que ya tiene una deuda en Lebac de 330 mil millones de pesos, esa cifra llega a 4,5 % del PIB.

Por eso, el Gobierno nacional pone todo su esfuerzo en sostener las reservas, en parte, manteniendo el cepo cambiario. Para abrirlo, hace falta desatar una serie de nudos previos.

Hay que combinar mayores fuentes de aprovisionamiento de dólares (financiamiento externo, inversiones externas directas, mayores exportaciones, etc.) con una menor demanda de dólares por motivos especulativos. Por eso es clave que el nuevo gobierno genere más confianza.

Implicará también una devaluación del peso tal que se perciba que ya no tiene muchas chances de seguir subiendo. Pero para que esto sea creíble, el nuevo gobierno tendrá que generar más ingresos de dólares y esto requiere cerrar la negociación con los holdouts para conseguir financiamiento externo a una tasa menor a la que pagó el Ministerio de Economía con el Bonar 2024 (casi 9 %, el doble de lo paga Bolivia).

Esto no será instantáneo, una política de shock sólo podría aplicarse una vez cerrado el tema holdouts, no al inicio de la nueva administración. Y deberá ser acompañado de una política antiinflacionaria que se perciba como consistente.

¿De cuánto debería ser la devaluación? Entre los economistas existe una expectativa de que debería rondar, por lo menos, del 30 al 40 %, pero que de nada servirá si el Gobierno no toma medidas para frenar la inflación y no reduce el gasto público al menos por el lado de los subsidios económicos (al gas natural, por ejemplo).

Una vez que los dólares comiencen a ingresar, tampoco está claro que, en el corto plazo, habría para todos. Habría que priorizar las necesidades de las empresas (pago de importaciones y envío de remesas al exterior) para que la economía vuelva a reactivarse.

Devaluar ¿De golpe o gradualmente?

Los economistas coinciden en que el próximo Gobierno devaluará, pero en lo que no hay consenso es en la forma en que la nueva administración debería hacerlo.

Una devaluación gradual evita los altos costos políticos que conlleva una medida “de shock”. Pero siempre se corre el riesgo de que las tensiones aumenten y que el nuevo gobierno termine sufriendo una economía en situación precaria, como la que se dio en tiempos de la Alianza (1999-2001), lo que termina afectando igualmente la imagen de la nueva administración.


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