JORGE CAFRUNE, EL SEMBRADOR ETERNO DE LA ESPERANZA Y LA REBELDÍA CUMPLIRÍA 84 AÑOS



Músico carmense (Perico-Jujuy) y un revalorizador de lo nacional, supo difundir la cultura a cada paso.



Nacido en 1937 en el seno de una familia sirio libanesa, a Cafrune lo apodaban “El Turco”, igual que a su padre, un popular gaucho que cantaba folclore. El momento en que decide, en 1960, iniciar su recorrido solista, será el momento en que inicie su camino al éxito. Con el aval de haber sido “descubierto” por el famoso músico y compositor Ariel Ramírez, encara sus presentaciones con solidez y perseverancia.

En 1962, durante su presentación en el legendario escenario del festival folclórico de Cosquín, recibe una gran ovación y el galardón de “Revelación”.

Unos años más tarde, en 1967, con su alma bien arraigada a las tradiciones, cabalga a lo largo y ancho del país con un forjado estilo gaucho. Su objetivo era cargarse de vivencias, tradiciones y cultura, mientras que “robaba” parte de la historia a través del ejercicio de la fotografía. Sin dudarlo, fue una experiencia singular que lo colmó de conocimientos al tiempo que lo vació económicamente.

Tras una exitosa estadía en España que lo aleja varios años, Cafrune regresa a Argentina en 1977, en plena dictadura militar. Rebelde como buen gaucho, no acusa recibo de la censura y nuevamente en Cosquín, canta al pedido del público una canción problemática por la letra que expresaba la necesidad del cambio: “Zamba de mi esperanza”.

En ese momento, declara: “aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar”. Fue considerado un desacatado por esta audacia y según contaría su hija Yamila años después, tras ese evento los comandantes de la dictadura deciden eliminarlo.

La muerte lo sorprende el 1 de febrero de 1978 en un choque vial y aunque todo indica que se trató de un accidente, aún quedan sospechas sobre las circunstancias del hecho.

“El conseguir un sentimiento nacional en un país como el mío va a llevar años, porque no se puede obligar a nadie a querer a nadie. Se quiere por libre. Es un proceso que vendrá con la fusión de las generaciones, hasta que lleguemos a un rumbo en que todos pensemos que una de las principales cosas del hombre es la patria, la tierra, el respeto a sus tradiciones, a sus formas. Pero eso no ocurre por un decreto”


La Patria somos todos


Jorge Cafrune llevaba la historia de su patria y de la revolución sellada a fuego en prolífica familia. Tal es así que el nombre de sus hijos daba cuenta de una fuerte ideología y compromiso políticos. Su hija mayor Yamila recibe su nombre en honor a la famosa heroína de las revolucionarias argelinas contra la colonización francesa; lo mismo ocurre con su segunda hija, Eva, a quien se le da el nombre de la dirigente peronista y esposa del presidente Juan Domingo Perón, Eva Duarte. Por su parte, la hija menor, Encarnación, hereda el nombre de Encarnación Ezcurra, esposa del caudillo argentino Juan Manuel de Rosas. Por último, su hijo único hijo varón, Facundo, recuerda con su nombre al recio caudillo Facundo Quiroga.

En cierta ocasión, el célebre payador Atahualpa Yupanqui declaró en una entrevista en Cosquín: “el paisano argentino atesora en su corazón una cosa, a veces lejana y otras veces medio cerca, que es la esperanza”. Quizás ese sea el motivo por el cual le temían a Cafrune, este vocero del pueblo que sabía interpretarlo a la perfección. Y quizás también por eso, Cafrune fue, es y será uno de esos artistas a los que siempre se vuelve cuando lo que se busca es esperanza. (Fuente: www.jujuyalmomento.com- Agosto 2017)










CAFRUNE, 84 AÑOS: CUANDO UN AMIGO NUNCA SE VA


Por Juan Gonza




De los infinitos caminos y senderos que el ejercicio de este oficio maravilloso que al decir del Gran Gabo es el periodismo, cómo no evocar y en un pestañeo volver a recorrer aquel en el que conocí en San Salvador de Jujuy cuando mi amigo ya desaparecido Annuar Jorge, el director de mi primera escuela de periodismo que fue Diario El Pregón me encomendó -sin saber que me marcaba una dicha para toda la vida- esperar a Jorge Cafrune en la plaza principal para entregarle una plaqueta de bienvenida a este enorme personaje que era un surco abierto para cultivar la amistad.


Y así fue cómo aquel primer abrazo con El Turco se convirtió en el horcón donde luego se apoyaría un vínculo que hoy me reaviva y revivo hasta el presente, día de su 84 cumpleaños, a partir de aquella aventura “Por mi patria y a caballo”.


Recuerdo esa hermandad labrada a puro afecto en una sucesión de días ininterrumpidos que pasando por el terruño natal se prolongó en jubilosas reuniones plenas de poesía y música, que galvanizaban los sentimientos que él mismo se encargó de testimoniar entre mil y una maneras y brindis al dorso de esta fotografía que hoy muestro con orgullo y profundo sentimiento en esta página, y que atesoro con su dedicatoria: “A los amigos periodistas de Jujuy, con todo mi SENTIR…”


Y allí estábamos él con su enorme mano tan enorme como su alma en el abrazo, junto a mis colegas Julio Fascio, Simeón Moreno, los gauchos Machuca y Soria, Cachirichi y la memoria me traiciona para nombrarlos a todos. Pero eso es lo de menos. Está el testimonio de esos días de celebración de la amistad que se prolongaron sin relojes ni almanaque y nos llevaron, viboreando por La Cornisa, hasta Salta; hasta la casa de aquel inolvidable cura gaucho Requena, en la belleza inconmensurable de La Caldera.


Y en cada una de esas jornadas, como en algunos otros de los esporádicos futuros encuentros casuales, repasábamos como encuadernando un libro en la memoria de cada uno, anécdotas de su fantástica gira “Por mi Patria y a caballo” donde también cabalgaba hacia un futuro soñado “El Soldado Chamamé”.


Pantallazos inolvidables como aquella verdadera peregrinación de trabajadores de Mina El Aguilar con sus familias “saliendo” de su pueblo hasta Tres Cruces sobre la ruta 9 que nos llevaba de La Quiaca hacia San Salvador.

Momento donde grabé en mis retinas para siempre esas manos de mujeres, niños y mineros tocando en caricia la barba de El Turco, como si fuese para ellos un enviado de los dioses, pidiéndole por sus trabajos, por sus cosechas de maíz y papas, por sus recuas, y bendiciéndolo por su gira que nos sonaba a todos como mágica. Como lo era.


Y de la nota que acompaña a esta evocación emocionada, tomo estas breves líneas: “La muerte lo sorprende el 1 de febrero de 1978 en un choque vial y aunque todo indica que se trató de un accidente, aún quedan sospechas sobre las circunstancias del hecho…”

Porque aunque pensé en no mencionarlo, también diré hoy que no faltó en modo alguno en ese hacer caminos, la mención a la tristeza del país sin libertades, de los mesiánicos auto convencidos de iluminados salvadores de la patria. Que, va de suyo, perseguían toda idea y persona que como Jorge Cafrune, enarbolaba -entre tanta riqueza del poemario social- aquellas coplas del payador perseguido del gigante Atahualpa que arrancaban pidiendo permiso “pa´ dentrar aunque no soy convidao/ pero en mi pago un asao no es de naides y es de todos/… voy a cantar a mi modo…/ después que haya churrasquiao…/ Yo sé que muchos dirán/ que peco de atrevimiento/ si largo mis pensamientos p´al rumbo que ya elegí…/ Pero siempre he sido así/… galopiador contra el viento…”


Y más que oportuna entonces aquella crónica/homenaje de “Jujuy al momento” en su cumpleaños 80, elocuentemente esclarecedora del sentir del inolvidable Jorge Cafrune, que cuando cantaba cerraba los ojos y nos elevaba al deleite con su voz, con la sonoridad estruendosa de sus chacareras como la de Guallama o la dulzura acariciadora de aquella canción que nos pintaba un lapacho llorando sobre la acequia que entonces bajaba con aguas rosadas. O el remanso para el alma de su “India Madre”…


¡…Salud hermano de siempre y por siempre! ¡…Levantemos otro brindis, esta vez por tus 84!


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