Primer Milagro sin multitudes de peregrinos

Cuando la Procesión va por dentro

La memoria histórica no registra un momento de tanta significación espiritual como el presente, donde el Pueblo enfrenta el verdadero desafío de demostrar su Fe convocando al Espíritu, sin Imágenes mediadoras entre el corazón del hombre y Dios.

Hoy es una jornada que marca un hito en la historia de Salta. El Pueblo se quedó sin Milagro, sin quizás darse cuenta de que el buen Dios le ha dado la oportunidad de que sea el verdadero Milagro, el de la cierta renovación de un Pacto que supera una oración escrita en un papel para convertirse en la Revelación del Dios vivo en cada corazón.

Pero ¿Se comprenderá la dimensión espiritual del momento que vivimos? O acaso será la demostración terrible de que sin Novena y sociales en la Plaza central, de que sin Imágenes ni Procesión, la Fe y el Pacto han venido siendo para generaciones enteras nada más que una tradición, un rito familiar y social.

La pandemia golpea a la humanidad y a Salta en particular en un momento en que los valores se han subvertido, donde se ha entronizado al hombre y se ha desplazado a Dios. El Renacimiento había hecho lo mismo, pero aquel hombre del siglo XV no llegó al imperio de este contemporáneo de repudiar a Dios revelándose en la inversión de las categorías naturales para decir con toda soberbia: “¡Ecce Homo!”; ¡Éste es el hombre!”, un hombre invertido, que ha endiosado a la materia sobre lo trascendente. El hombre posmoderno no tiene Dios porque él, es dios.

La Procesión va por dentro

Hace muchos años atrás le pregunté a un dignatario salteño en la Curia sobre qué pasaría si un día “un loco destruye el Señor del Milagro”, ante la sorpresa del ministro, le recordé que en 1973 había ocurrido esto con La Piedad de Miguel Ángel en el Vaticano. Agregué entonces “tendrían que armar uno urgente, porque ¿cómo se hace para juntar un millón de personas detrás de nada?

Jamás pensé que aquella expresión un día fuera realidad. Hoy, 15 de setiembre, “no hay nada” en las calles. El Cristo y la Virgen de nuestros mayores permanecerán en sus tronos, las puertas cerradas y el templo en silencio.

Desafío de Fe y Esperanza

Sin embargo, lo que podría representar la tragedia de la historia se convierte en el canto más entonado de alegría. Porque no tenemos al Señor y a la Virgen del Milagro en las calles, pero por primera vez en más de tres siglos se pasean en todos los corazones salteños.

El desafío para cada salteño será recibir ese mensaje de Esperanza que trasunta el Cristo y que señala Madre en la consagración de cada hombre y cada mujer a la teología del Amor.

Pero ¿Se comprenderá la dimensión espiritual del momento que vivimos? O acaso será la demostración terrible de que sin Novena y sociales en la Plaza central, de que sin Imágenes ni Procesión, la Fe y el Pacto han venido siendo para generaciones enteras nada más que una tradición, un rito familiar y social.

Ésta es la síntesis de un Milagro que ni siquiera es virtual, porque las pantallas sólo son un medio para transmitir el evento terrenal. El verdadero Milagro será ese vívido internamente, ese que acuna la nostalgia de edades pasadas y conjuga la Esperanza de que la pandemia será un recuerdo, amargo pero lejano.

Hoy, 15 de Setiembre de 2020, no hay Cristo ni Madre por las calles, no hay purpurados luciendo sus filactelias, no hay autoridades ocupando las primeras bancas, no hay séquitos ni pompas.

Hoy, en cada hogar, desde el gobernador, el arzobispo, las autoridades, los jueces, los “hijos y entenados” de esta sociedad…, hoy, por primera vez en la historia de Salta, son todos iguales.

Éste es el Milagro de este año. (Foto del muro de Gustavo Fantozzi - Crédito: Fernando Liuzzo)

Milagro 2020: Perdón hay que pedir por haber cubierto de poder al Evangelio, en lugar de evangelizar al poder

Perdón tiene que pedirle esta sociedad al Señor del Milagro por haber cubierto de poder al Evangelio y desacralizado la Fe, la Esperanza y por haber perdido la Caridad, fundamento de la Justicia Social.

Por Juan Ignacio Escrivá

Perdón debería pedir por no haber evangelizado durante su mandato. Por haberse recluido en cenáculos privados de la oligarquía para hacer negocios, llenar la bolsa eclesiástica y obtener beneficios materiales de los gobiernos.

Perdón debería pedir por haber desprestigiado a la Iglesia y por haber dividido al clero, por haber perseguido sacerdotes que cometieron el delito de no rendirle pleitesía. Por traficar información donde se habría pagado a «periodistas» para deshonrar a curas.

Perdón debería pedir por el manejo discrecional de los fondos del Coprodec y por alimentar a los grupos de poder dentro de colegios confesionales y devociones que se pervirtieron. Porque esa administración hoy está impactando en la vida de comunidades educativas que confiaron en su conducción.

Perdón debería pedir por la atomización de la otrora Universidad Católica de Salta, convertida en una «bolsa de trabajo» para amigos, hijos de chofer y otros personajes…

Perdón debería pedir por el silencio cómplice que guardó durante la gestión de «Nuestro Juan Manuel» que se llevó la plata que debió alimentar a miles de niños y ancianos en el norte. Perdón debería pedir por las vidas que ese silencio se llevó.

Perdón debería pedir por haber cubierto de poder al Evangelio, por desconocer la «Opción preferencial por los pobres» de Puebla, por abandonar a los curas rurales y a esas comunidades donde la Fe se alimenta sólo de la Esperanza diaria. Por haber olvidado que la Caridad es una virtud que se practica desde el poder.

Perdón debería pedir por no haber sabido -o querido- llevar el «Dios de los corazones» como decía San Juan Pablo II a cada alma, por haberse enclaustrado en su palacio de oro a juntar monedas como «El Avaro» de Moliere sin pensar en el hambre espiritual de los barrios y los poblados. Hace muchos años que los pobres no ven caminar a su pastor entre el barro y la miseria.

La pandemia nos está poniendo a cada uno en su lugar. Ayer Dejó al Señor y a la Virgen del Milagro en sus tronos permitiendo que renazca en el trono interior que cada fiel le haya levantado en su corazón.

La pandemia dejó a los Santos Patronos sin autoridades debajo, sin custodias, sin policías ni cordones. Fue el primer Milagro de la Historia en que estuvieron junto al Pueblo.

La pandemia lo dejó solo al Arzobispo. La foto de ayer de un hombre arrodillado frente a la Imagen y en soledad es la muestra gráfica de que un tiempo ha terminado. Es la muestra de que el arzobispo -y cada detentador de poder laico también- no tienen en sus manos más que la vestimenta, el solideo o el bastón de mando, su lugar preferencial y su riqueza… nada más.

Por primera vez en la historia, Mario Antonio Cargnello se encontró sólo frente a Dios. (Fuente: www.ernestobisceglia.com - Crédito Foto: Diario El Tribuno)


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