Las sales y gredas de los Incas

Los incas supieron reconocer numerosos tipos de minerales y rocas, entre ellos distintas especies de sales que utilizaron como alimento o en sus diferentes oficios y aplicaciones. Lo mismo cabe para una variedad de gredas, tierras y arcillas, algunas de las cuales fueron parte de la alimentación o de sus medicinas. La sal común, sal gema, cloruro de sodio o halita, recibió por antonomasia el nombre de “cachi” en la lengua quechua.

En el Noroeste Argentino tenemos el Nevado de Cachi, el pueblo homónimo y decenas de topónimos que hacen alusión a la sal. También reconocieron y distinguieron la sal común de las salinas y salares actuales de la sal de roca que aparece en capas o estratos de cerros o serranías formadas en tiempos geológicos anteriores. A esta última llamaron “warwa” o “warwa cachi”. A los salares les llamaron “cachi pampa”. A las salinas o lugares donde explotaron la sal les llamaron “cachichacra”. También distinguieron las aguas saladas (cachi unu) de las salmueras (cachizapa unu). A un lugar que tiene sal se lo denominaba “cachiyoc”. Cuando las aguas saladas se evaporaban y se convertían en sal, a esa acción llamaban “cachiyan”.

Un río cuyas aguas eran saladas recibía el nombre de “cachi mayo”. En Cuzco se registra el topónimo Kachimayu con ese significado. Los incas tenían cerca del Cuzco, en Urubamba, las famosas salinas de Maras. De allí se proveían de la sal que necesitaban para el consumo humano, para el ganado y otros usos.

Las minas de Maras

Maras es probablemente una de las minas en explotación más longevas del mundo ya que se trabaja desde hace unos 600 años. El lugar es un valle encajonado, excavado en formaciones rojas que albergan cuerpos profundos de sal de roca.

Las aguas termales atraviesan esa sal, la disuelven y salen a la superficie por un manantial (qoñi puquio) con salmueras híper concentradas. Las aguas corren pendiente abajo por la ladera del valle donde se han construido, en un sistema de terrazas, más de 3000 pozas de entre 2 y 5 metros cuadrados llamadas “cachi cochas”.

La explotación es muy rústica y artesanal. Los salineros van derivando el agua por unos pequeños canales que alimentan a las pozas donde la salmuera se evapora y deja su contenido de sal en el fondo. Luego se raspa y se envasa para los distintos usos.

La sal rojiza es muy apreciada en la gastronomía. En Maras se usa mucha de la terminología quechua propia de la sal y las salinas que fuera mencionada. Las salinas y el viejo pueblo de Maras son hoy uno de los destinos turísticos preciados de Cuzco.

Saladeros y saleros

Con la llegada de los españoles, la sal pasó a tener una importancia mayor en la metalurgia de la plata y sólo el Cerro Rico de Potosí consumía cientos de toneladas. Una curiosidad eran las salinas de la costa de Santa Marta (Perú), donde la sal marina podía inmovilizar peces, los que quedaban aprisionados y conservados, al punto que podían comerse al cabo de mucho tiempo.

Se cuenta también que en ciertos lugares, el “salero” era un terrón de sal que se ponía en la mesa y que a medida que iban comiendo le pasaban la lengua para saborearlo y si había sólo un terrón todos lambían del mismo.

Al sulfato de calcio o yeso le llamaron qontay o sihuas, pero no supieron aprovecharlo.

A los materiales originados por carbonato de calcio los denominaron isku, izku, qatawi, y otros seudónimos. Qatawi era también la cal quemada que se apagaba con agua salada y que se utilizaba en la alimentación. Aquí la cal forma parte de los minerales comestibles. Preparaban la qatawi lawa, una mazamorra de quinua molida, hervida en agua, a la que se le agregaba la cal apagada con agua salada y grasa.

Coipa y collpa

La coipa son las eflorescencias de carbonato y bicarbonato de sodio que ocurren en ciertos salares andinos. Se utilizaba a la manera de un jabón natural, pero además servía en la preparación de algunos alimentos, en el teñido de tejidos y en la elaboración de la yista para el lixiviado de las hojas de coca del acullico. Al sulfato de aluminio y potasio (alumbre), al igual que al sulfato de hierro, le llamaron generalizadamente “collpa” y ambos fueron utilizados ampliamente en la fijación de colores de los tejidos (mordiente), medicina tradicional, brujería, reemplazo de la sal para el ganado (collpasqa), tratamiento de parásitos intestinales, entre otros. Seudónimos son collpu, colpa, zuka y collpa collpa.

El término kachina o cachina se utilizaba para el sulfato de hierro y también para una greda blanca que se usaba para pintar o aclarar los colores.

El vocablo collpa o zuka fue utilizado también en el sentido de salitre y, collpani, collpa collpa o zuka zuka, en el sentido de salitral. Los salitres nitrogenados no recibieron atención de los incas pero si fueron utilizados por los españoles para la preparación de la pólvora y también para enfriar el agua de bebida en los desiertos calientes. En cuanto a las gredas, tierras y arcillas las diferenciaron en sus distintos tipos y utilizaron en sus necesidades. Las que resultaban útiles para la fabricación de alfarería les llamaron “sañu”, y a las demás gredas “llanca”. No conocieron los ladrillos ni las tejas, pero sí hicieron una gran cantidad de vasijas, jarros, platos, ollas y otros muchos recipientes de distintas formas, cocciones y colores que utilizaron ampliamente. Algunas piezas de cerámica son verdaderas obras de arte, más aun considerando que las trabajaron a mano ya que no conocieron ni la rueda ni el torno.

Arcillas medicinales

A una greda blanca, especial y comestible, le llamaron “pasa”, “pasalla” o “chachaco”. Se trata de arcillas esmectíticas, del tipo de las bentonitas, que corresponden a cenizas volcánicas caídas en el pasado geológico en lagos alcalinos donde los minerales originales fueron transformados.

Se disuelven fácilmente en agua y con esto preparaban, y aún preparan, un licor que usan para untar las papas y otros vegetales. Además las utilizaban en medicina para cicatrizar y curar las úlceras estomacales o hemorragias internas. Sinónimos son “parpa”, “contaya” y “chaco”.

El millu era una tierra que utilizaban para teñir telas y las había unas que daban color azul y otras que daban un color rojo. Por su estipticidad (astringente), mordacidad y carácter purgante se aprovechaban para curar llagas y lamparones. También preparaban un agua medicinal fuerte utilizando millu, salitre y alumbre.

El millu sería un sulfato de hierro y aluminio hidratado del tipo de la halotrichita y sus especies relacionadas. Llamaron tacu o taku a unas tierras de color rojo sangre, otras de color hígado y las últimas de amarillo ocre. Las utilizaron en pigmentos y en medicina. En realidad se trataba de óxidos de hierro (hematita) e hidróxidos de hierro del tipo de las limonitas (goethita).

Generalmente se las encuentra en la parte superficial o sombrero de hierro de los yacimientos de sulfuros oxidados desde donde las extraían. Trataron las llagas, y además, disueltas en la chicha, las usaron como bebida para curar las úlceras y hemorragias internas. Tierras similares de color amarillo les llamaron “quellu”, anaranjada “pitu” y otras rojo almagre “puca allpa”.

Copajira o copaquira era el sulfato de cobre que usaban para curar llagas, pústulas y otras heridas corrompidas en la piel. La caparrosa, recibió también el nombre de collpa, al igual que otros sulfatos del grupo de minerales de los alumbres. La caparrosa era el sulfato de hierro, una de cuyas especies abundantes es la melanterita. Este mineral diluido en agua formaba una tinta negra con tonos azulados excelente para teñir. Los españoles la usaron para escribir logrando una tinta de igual calidad a la que traían de la península.


Síguenos...
  • Twitter Basic Black
  • Facebook Basic Black
 Artículos Recientes