Roberto Romero en la memoria y en la historia

A 26 años de su partida, emotivo acto evocando su personalidad, su talla de líder, su Lealtad y su gobierno popular.

En nombre de sus amigos y de sus compañeras y compañeros de sus luchas políticas y gestión de gobierno, fue el periodista y director de Nueva Propuesta, Juan Guillermo Gonza, el invitado a tributarle homenaje en el 26° aniversario de su partida. Su mensaje, ponderando su figura como lo que fue: el último caudillo del peronismo salteño y gobernador constitucional en el momento histórico de la reconquista de la Democracia violentada por la última dictadura militar, también puso énfasis en el presente, donde la devaluación de la política en sus valores esenciales de moral y ética configuran el lamentable presente de una grieta que divide a los argentinos. Ello, a la par del ejemplar valor distintivo de Roberto Romero que fue su probada Lealtad. Esto dijo su amigo, colega y colaborador en la gestión de gobierno, quien subrayó con fuerza que al igual que el gran Gabriel García Márquez, el ex gobernador de los salteños supo alcanzar el alto objetivo que no eran los honores ni premios, sino, simplemente, el que sus amigos cada día lo quieran más. Como quedó probado una vez más, este 15 de Febrero.

“Querida señora Nena… querida familia de este enorme protagonista de nuestra historia social y particularmente política contemporánea -pero más inconmensurable amigo y nuestro por una pertenencia que él construyó- que es Roberto Romero, RR, Roberto, Don Roberto, el tigre, como lo llamábamos y lo llamamos todos nosotros, su siembra y cosecha infinita, sin tiempos.

Hoy -repito- gracias querida Nena, queridos Silvia, Lucia, Sonia, Marcelo, Sergio, Tito, Juan Carlos Hermano, Nelly y toda la familia, por brindarme este honor de evocarlo, en homenaje.

Y lo hago, valorando como corresponde, a sus biógrafos, a los historiadores, a los colegas de prolijas crónicas relatando su riquísimo transitar la Vida por los más amplios campos del quehacer social salteño… Por su paso inolvidable por su club central norte (y su primera tribuna) por su potencia de emprendedor, de empresario, por su empuje sin olvidar jamás su origen y digna cuna rica de humildad, por su ideario, por su visión del Norte Grande, del Teleférico, del DELMI, por su ambicioso programa de viviendas y empleo, por su Plan de Salud, por el Educativo, por su capacidad de estadista capaz de sostener las más arduas pulseadas con el gobierno nacional con personalidades de la talla de un grande como el presidente Alfonsín y sus primeras espadas… Y tantos capítulos más… por una nueva salta y una región con proyectos y programas concretos. Aunque creo que aún nos y le debemos un ensayo integral sobre su intensa personalidad, trayectoria, gestión de gobierno y obras.

Porque este amigo Roberto, compañero, nervio y motor militante de su proyecto y sueños, supo ganarnos , supo conquistarnos a los que aquí nos convocamos emocionados cada 15 de febrero junto a una verdadera legión de salteños para proclamar la reivindicación del valor de identidad política, la militancia, la lealtad…

Valores que nos motivan a venir, a conversar una vez más, con Roberto Romero… A repasarlo en sus palabras, en sus actos, en su ejemplar empuje.

Y por supuesto… hasta en sus gestos que mantenemos vivos cotidianamente porque siempre que nos encontramos entre nosotros allí rebrota ese infaltable recuerdo y orgullosa manifestación de memoria y pertenencia que nos hace decir a los más veteranos así como soy justicialista desde siempre, que… “yo soy romerista desde siempre…. desde Roberto…”

Y también, (va de suyo) revivirlo así como en sus luchas duras de la política, en sus gestos más íntimos -como ese mirarte frente a frente; y por sobre esos sus anteojos diminutos hablarte o responderte… Con esos “ojillos” que ahorraban palabras. Por donde hablaba su corazón.

Palabras de un Roberto que era la guía -tanto en el ejercicio de este maravilloso oficio que es el periodismo; como por igual en la compleja urdimbre de la Política; camino único e irremplazable para vivir en sociedad y en nuestra soñada comunidad organizada, libre, democrática.

Democracia que para ser tal: de-mo-cra-cia requiere del componente vital de su ética y moral. Es decir, el ejercicio de la política en el cabal significado de la palabra y su meta y cimiento idénticamente esencial de la conquista de la Justicia Social.

Así de simple es este encuentro que quienes aquí nos conmovemos en tu evocación Roberto Romero cada 15 de febrero, vivimos e interpretamos no como un acto formal, sino como lo que es: un volver a encontrarte ávidos de charlar y abrazarte desde la memoria encendida del pueblo.

Cuando hace unas horas conversaba con Silvia, que generosa me convocaba, en ese preciso momento vino a mi memoria el párrafo de un ensayo en el que en referencia a Gabriel García Márquez se decía:

En su larga y prolífica vida, el Gran Gabo consiguió lo que siempre había deseado…

No eran los honores, ni el Premio Nobel de Literatura, ni siquiera escribir una de las más grandes novelas de todos los tiempos…

(Su 100 años de Soledad por supuesto)

Su ambición era, según él mismo lo dijo en varias ocasiones: ¡que sus amigos lo quieran más…!... ¡y vaya si lo hicieron!

Y entonces míranos Roberto… siente nuestro abrazo y nuestras voces. Y compruebas una vez más y nos sonríes porque significa que también lograste semejante meta: ¡que tus amigos te quieran más!

Por eso justamente hablamos de tu estatura, de tu nombre inscripto en la historia grande de Salta, de su política, donde contigo al frente, y todos nosotros tus compañeras y compañeros, y una verdadera legión de amigos y anónimos adherentes a la IDEA, pusimos en el momento cumbre de la recuperación de la Democracia una verdadera bisagra al conservadurismo oligárquico tradicional en la historia política de esta provincia. Nada menos que el pueblo al poder.

Allí estaba el Roberto Romero nuestro ingresando al pórtico de la historia -repito- en uno de sus momentos más trascendentes, pues se cerraba la página más trágica de ella, como lo fue el genocidio de la última dictadura.

Han pasado 26 años de tu adiós.

Y cada año también acá, tus amigos, tus compañeras y compañeros nos convocamos sin necesidad de invitaciones… nos convocamos decía para preguntarte y preguntarnos qué nos dirías y qué harías y cómo actuarías con tu sabiduría de líder y caudillo, ante tantas traiciones y corruptelas que nos quebraron como país y también como sociedad…

Seguramente Roberto, en cuanto a lo que padecemos hoy como una dolorosa grieta en nuestro cuerpo social, estaría tu voz y por sobre todo tu acción por la reconstrucción ante tanto daño consumado.

Ante tanta falsía y promesa incumplida de desterrar la pobreza, la indigencia, derrotar la inflación, convertir nuestra economía acorde a nuestras potencialidades humanas y naturales, desterrar la corrupción, y por sobre todo reconstruir el tejido social que hoy se ha destruido por la mezquindad del pensamiento de la opción política amigo / enemigo… esa imposición de los de los fariseos del templo de la democracia.

Y esa guía querido Roberto de -insisto- tu intuitiva capacidad de líder-caudillo-autodidacta volvería a señalar la salida con el sabio consejo de primero: la autocrítica y luego -como consecuencia- la ineludible responsabilidad de la unidad de programa y de acción del Movimiento Nacional que los asaltantes de la política hicieron estallar con una intensidad como jamás antes había sucedido.

No es necesario en modo alguno, que siquiera sugiera aquí y ahora queridos amigos, compañeras y compañeros, qué dirías y que haríamos contigo Roberto a la vanguardia…leo en cada uno la respuesta.

Eso sí, y a fuer de ser sinceros, sabemos que habríamos enarbolado nuevamente y con la firmeza fundacional, y actualizado a los tiempos que vivimos, aquel Programa político y de Modelo de Provincia inserta en un Modelo Nacional que aún nos debemos, y que bien denominamos por su significado: Unidad Y Renovación.

Unidad y Renovación con su misma raíz histórica fundacional de corriente interna, para proyectarla como herramienta para un Frente Ciudadano que como decía el general requería como condición irremplazable, la incorporación de mujeres y hombres comprometidos con la democracia, las libertades, los derechos ciudadanos, los derechos humanos así subrayados, los derechos de los pueblos originarios que aun es deuda gravísima, o sea la dignificación y la realización del pueblo con la justicia social por fin hecha realidad. Pues sin ella la democracia es incompleta… como hoy.

Una convocatoria que es lo mismo que decir a un conjunto de ciudadanos identificados con un ideario y doctrina. Sin oportunistas…

En síntesis, una Unidad y Renovación que trascendiera por lejos las estrecheces sectarias, y con sus políticas claras para un estado soberano reencauce la Argentina hacia el país soñado ¡y que merecemos…! Y que vos Roberto, vehementemente nos repetirías: “el país soñado, posible… ¡y que veremos…! proclamado en juramento por nosotros, por nuestros hijos, por nuestros nietos… por el futuro…

Roberto Amigo, el de la Lealtad cierta, simplemente cierta, real, cotidiana… se me ocurre terminar esta charla contigo y en plural por los que acá estamos en homenaje y todos los que nos acompañan desde cada rincón de nuestra tierra, volviendo a la casual coincidencia que mencioné de mi lectura sobre el Gran Gabo García Márquez, porque también tú perteneces, como él a la historia. Tú a nuestra historia…

Sin embargo Gabo, él mismo, lo dijo -y también lo dijeron sus amigos- en el fondo de su alma nunca había dejado de ser el hijo del telegrafista de Aracataca.

Y Vos, querido Roberto, nunca dejaste de ser el hijo de Juan Bautista, aquel trabajador de Plazas y Parques.

Y como del ilustre periodista y escritor escribieron quienes tuvieron oportunidad de tratarlo, se dieron cuenta de que detrás de la fragorosa imagen del hombre público, amigo de estadistas y allegados al poder, se escondía un hombre tierno y esencialmente amigo. Simple. Sin falsedades. Sin hipocresías.

Por eso, pero por sobre todo por sus obras, al Gabo no sólo sus amigos lo conocieron… Infinidad de personas de todas las latitudes lo amaron… …y muchos años después, lo siguen haciendo.

¡Tal como nosotros contigo Roberto… amigo querido… amigo… amigo… amigo… ejemplo de lealtad…!

Gracias querida nena y querida familia… gracias nuevamente… de corazón, por este honor.

Los abrazo fraternalmente".

El periodista Francisco Sotelo destacó a Roberto Romero como un adelantado a sus tiempos

“Salta en particular, y nuestro Norte Grande, no consiguen hacer pie…”

También el periodista Francisco Sotelo, en representación de Diario El Tribuno, obra fundamental y ejemplo de la visión y el empuje de Roberto Romero que hoy Salta y el país muestran con orgullo en su consolidada dimensión periodística y empresaria, tuvo a su cargo un mensaje para evocar su multifacética figura pública. Este fue su homenaje al ex gobernador constitucional de la provincia:

Evocar hoy a Roberto Romero cobra un muy especial sentido, debido a la coyuntura histórica que atraviesan el país y la provincia. Son momentos de definiciones y nos vemos en la necesidad de optar entre la construcción del futuro y la resignación; entre la incorporación protagónica al sistema productivo tal como funciona en el mundo o la aceptación de un rol periférico que nos deparará, necesariamente, un horizonte sin expectativas.

Roberto Romero no llegó al siglo XXI, pero la impronta de su vida, como empresario y como referente provincial brinda elementos para analizar y afrontar los imperativos de una época de enorme transformación en la que Salta y la Argentina vienen perdiendo terreno.

En los 34 años transcurridos desde la recuperación de la democracia, un hito histórico que los salteños identificamos, especialmente, con Raúl Alfonsín y con Romero, la consolidación del sistema institucional y la maduración de una cultura respetuosa de la dignidad humana contrasta con el retroceso social, el deterioro educativo y la postergación del país federal.

En estas tres décadas, los países de la región han logrado importantes avances en la lucha contra la pobreza, que retrocedió en promedio del 42 al 28%; en la Argentina, entre tanto, se duplicó, del 16 a más del 30%.

Los vaivenes de nuestra economía han terminado relegándonos y, a pesar de las ventajas comparativas de un país extenso, con escasa población relativa y fuerte potencial agroalimentario, el desempleo y el empleo ficticio siguen llevándonos a un callejón que no parece tener salida.

La educación pública, una de las prioridades de Romero, y la formación técnica, se han empantanado en conflictos gremiales que impiden definir fines, objetivos, modalidades y métodos, actualizados de acuerdo a la demanda de este siglo, para brindar las bases sobre las cuales aspirar al pleno empleo.

La provincia de Salta, en particular, y nuestro Norte Grande, no consiguen hacer pie.

La vocación de Romero por brindar a la región inserción en el mundo y poder de decisión para construir su historia dentro de un país en desarrollo fue un signo de aquellos años ochenta, pero está hoy más vigente que nunca

Salta debe decidir pensando en las necesidades de su pueblo y debe rechazar, con la energía de su dirigencia y con la solidaridad de todos los salteños, intromisiones aberrantes, como las veleidades ambientales que, sin el conocimiento básico de la realidad local, pretenden limitar nuestro desarrollo.

Salta debe exigir el lugar que le corresponde. No solamente es el derecho que le cabe como provincia, sino que es un imperativo en un país federal que no puede ser manejado con la cabeza y la agenda encorsetadas en la región central.

La recuperación de la democracia incluyó el proyecto de un país integrado, armónico y con un desarrollo acorde a las posibilidades y las necesidades.

Sin embargo, más allá de los signos políticos de los gobiernos nacionales que se sucedieron, hoy se requiere como nunca recuperar el proyecto regional. Nuestra provincia, hoy castigada por la inundación devastadora de la cuenca del Pilcomayo, la crisis de los dos ingenios azucareros, el absurdo límite que se le impone a la inversión productiva en la región chaqueña, exige amalgamar fuerzas para asumir plenamente el protagonismo que le corresponde.

El mundo del siglo XXI, y su poderosa dinámica transformadora requieren de nosotros nuevas decisiones, pero la misma firmeza y el mismo compromiso con los valores del desarrollo que signaron la vida de Roberto Romero.

Nuestro Don Roberto, legendario…

Por Isabel Galarza

Legendario, se siente se siente Don Roberto está presente…

Los encuentros anidan nostalgias, y los recuerdos afloran, buscamos un punto de unión entre tantas diferencias, y encontramos que donde las grietas se rendían y nos endulzaba el alma, era él Don Roberto, porque don Roberto era tan distinto, y así las anécdotas fluyen a raudales, ríos de lava incendian nuestro pecho, se hace más efusiva la tertulia, la competencia es atroz, quien lo había conocido más, quién había caminado más con él, las veces que se quedó en mi casa. Él siempre nos escuchaba, nos respetaba, él resolvía.

Así fue que decidimos juntarnos para evocar su memoria con una placa sencilla pero muy sentida. Queríamos que quede ahí junto a su monumento y puedan leer que él sigue vivo en nuestros corazones, el amor por su legado, refresca nuestra memoria.

Don Roberto enseñaba, él era mi ejemplo a seguir, recuerdo que siempre me decía: “Estudiá gordita, los que gobiernan hacen las leyes; cuando vos has aprendido la ley A, ellos, creadores del sistema, ya hicieron la ley B, derogando la A. Ese consejo lo grabé a fuego en mi alma, siempre me gustaron las leyes, y con esfuerzo pero son esa guía a la que prometí hacerlo, voy alcanzando las metas de ese consejo y sueño de mi vida.

Romero, en el peronismo ya era una leyenda en toda la provincia por su enorme figura de caudillo y conductor visionario; yo, la única leyenda que conocía era el amor por Evita. Años escuchando a los abuelos contar las hazañas de una mujer pobre, con sueños como los míos, con raíces humildes, con un enorme compromiso social y cristiano.

Son testimonios reales, de gente que no olvidará nunca, cómo un hombre les cambió la vida los dignificó, y la diferencia está en el modo, te hacía sentir que lo merecías en buena ley. Esa era su meta y su mérito… reivindicar y ser justo con los humildes.

Recuerdo su compromiso con la Juventud Peronista, institucionalizó el trabajo de campo de los jóvenes con un lugar en el Consejo del Partido, dio su palabra y la cumplió. Los jóvenes ya no solo tocaban el bombo, y hacían las pintadas callejeras, ahora eran congresales con voz y voto.

Pero un día plomizo de febrero, la garúa se confundía con un llanto de un cielo por su impensado adiós que nos dejó huérfanos.

Y como aquel 15 de febrero vuelven esas lágrimas por mis mejillas con su recuerdo.

Legendario. Inolvidable.


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