El derrumbe de Cristina La tristeza de Lynch y Long

Algunos kirchneristas fanáticos, se entusiasman cuando ven y sienten que muchos argentinos reniegan y hasta insultan al presidente Mauricio Macri luego de su errático paso de los últimos días cuando decidió darle al extorsionador y “quema” cerebros de Marcelo Tinelli el rango de Jefe de Estado cuando lo convocó a una “cumbre” en su despacho para “limar asperezas” y “hacer las paces”.

Insólitamente, Macri parece decidido a desgastar la investidura presidencial elevando a su mismo nivel a personajes oportunistas, pero a quienes considera “formadores de opinión” como lo son Mirtha Legrand antes y el conductor de Show Match ahora, a quienes llamó para darles “explicaciones” sobre sus actos de gobierno a su casa y su despacho, temeroso que sus comentarios adversos hacia él pudieran provocar opiniones en contra sobre su gestión.

Grave error de Macri quien de seguir así habrá dinamitado a causa de errores “no forzados”, su gran capital presidencial en apenas meses.

Los k, en tanto, alentados por la queja urbana de los últimos días hacia el primer mandatario, volvieron a sacar a Cristina Kirchner de su retiro sureño y como si fuera una especie de “estampita” sagrada, comenzaron a pasearla por distintos lugares del conourbano bonaerense con la esperanza que se produzca el milagro y la gente, de manera espontánea, marche hacia Balcarce 50 para echar a Macri de La Rosada, a la vez que Cristina reingresa de manera triunfal traída en andas por su pueblo.

Delirios de trasnochados, pero sobre todo de desinformados.

Si esta colección de lumpenes alguna vez se informaran, sabrían que de acuerdo a un relevamiento que realizó la consultora del sociólogo Hugo Haime, el núcleo duro del “cristinismo” que históricamente siempre osciló entre un 30 y un 35%, ahora se ha derrumbado y solamente un 17% sigue con devoción franciscana la figura de la ex Presidente.

Esto indica a las claras, que nada más que un grupo cada vez más famélico de alienados sigue creyendo en el relato K que ya, estropeado ante la realidad, únicamente consigue espacio para agonizar antes de morir entre hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes, que aún creen que es posible seguir viviendo en el país de Peter Pan.

La misma consulta de Haime, da cuenta que el 70% de los argentinos que contestaron la misma, cree que Cristina Kirchner es culpable de los hechos de corrupción en los que está denunciada y que la Justicia investiga por estas horas.

Resulta, afuera del planeta K, una obviedad que esto así se manifieste por cuanto para el ciudadano de a pie que lucha a diario contra las adversidades, esta mujer a la que considera que cuenta con capacidades innatas para delinquir, igual que su ahora difunto esposo y compañero de correrías, Néstor Kirchner, pasó de ser una oscura estudiante de derecho a una de las mujeres más ricas de toda la historia de nuestro país.

Hasta para una sociedad como la argentina que siempre respetó y admiró más la viveza que la inteligencia, lo hecho por esta dirigente política en su carrera delictiva de más de treinta años, le parece un abuso que con tanta impudicia pretenda seguir timando a mansalva sin advertir que la mayoría de esa misma sociedad que la votó dos veces como Presidente de la Nación, ahora hastiada de ver que fue vilmente engañada, sólo espera verla entre rejas y devolviendo el botín obtenido después de tanto latrocinio.

Se puede engañar a todos por un tiempo.

Se puede engañar a algunos todo el tiempo.

Lo que no se puede hacer es engañar a todos todo el tiempo.

Esta reflexión tan simple como sabia, parece no estar entre las conocidas por la señora que pretende con su dialéctica barata, seguir zafando de las cárceles que ya la ven como paseante diaria de sus pasillos y ocupante de alguno de sus calabozos.

Para el micro clima de La Cámpora y otras agrupaciones que usufructuaron del poder durante más de doce años a su lado, estos tiempos les parecen una de las peores películas de terror que se hayan imaginado por cuanto ahora tienen, para comer todos los días, que trabajar como lo hacen desde siempre, según ellos, esos millones de “boludos” que nunca entendieron este proceso revolucionario que trajeron en sus alforjas Néstor y Cristina para reglarles al pueblo argentino en estos tres gobiernos “nacionales y populares”.

En su delirio, propio de ignorantes fácilmente influenciables por personajes sin escrúpulos como el matrimonio K y su banda de facinerosos, todavía albergan la remota esperanza que aquellos buenos viejos tiempos en los que vivieron y disfrutaron de las migajas del poder puedan volver, para que sigan practicando “alpedismo” militante, gritando como locos estupideces a favor de su jefa política, pero sobre todo seguir viviendo sin hacer nada.

Lynch y Long, dos integrantes del espacio que conduce, Máximo, el hijo presidencial, especialista en jueguitos de video, desplegaban toda su capacidad de seducción para hablar bien de Cristina, sobre unas inadvertidas jovencitas que aprovechaban el veranito de invierno para lucir sus cuerpos.

Parecen ignorar que de aquí en más sus vidas serán tristes porque aquellos tiempos nunca más volverán.

Cristina tiene un futuro como carne de presidio y nada más, mientras que ambos, ahora soldados sin conducción, no tendrán otra que empezar a buscarse nuevos patrones.

Será difícil para Lynch y Long.

Gente así sobra y para su desgracia, son muchos más baratos que ellos.


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