La “Pipa de la Paz” esperada

Urtubey y Sáenz renuevan un compromiso hasta hoy boicoteado

Si Juan Manuel Urtubey hubiese advertido al arrancar su primera, su segunda o esta tercera gestión como gobernador, que para un gabinete -y por ende para un gobierno- que se precie de justicialista debía establecer como requisito ineludible de ingreso leer cuanto menos UN libro de Juan Domingo Perón, como por ejemplo “Conducción Política” que él mismo reconoce como su lectura de cabecera y cuasi -valga la figura- una Biblia política, seguramente hubiese evitado entre mil descarrilamientos de sus gobiernos que estancaron la provincia en la inacción en todas las áreas, el actual que para perjuicio de todos los salteños de la capital representa la pésima relación con el intendente opositor que los salteños votaron con contundencia, Gustavo Ruberto Sáenz.

Pero como ello no ocurrió y el escenario político de esa relación entre el gobierno provincial y la municipalidad es vergonzoso por el desembozado boicot de los funcionarios y operadores de Urtubey en contra del romerista y massista Sáenz.

Ello, obviamente, pensando en sus intereses mezquinos electorales para el año que viene y en la elección general del 2019 donde ya Urtubey no podrá anotarse aunque muchos piensan que bendecirá a alguien de su misma sangre, como lo hizo con la senaduría nacional para su hermano hace tres años. O también a alguien “que le caiga bien o simplemente se le ocurra” como el caso de Cristina Fiore en aquella misma elección parlamentaria, donde le importó un cuerno qué pensaban o querían los peronistas. Particularmente sus queridas compañeras de lucha enroladas desde muy jóvenes en el PJ.

Así las cosas, el acto en el pentágono del Grand Bourg, donde Juan Manuel Urtubey y Gustavo Ruberto Sáenz volvieron a abrazarse so pretexto de firmar un convenio para un gran operativo de bacheo de las calles de la ciudad, bien puede interpretarse como un correctivo para tan perjudicial desencuentro institucional que afecta nada menos que al municipio donde reside cuanto menos la mitad de la población de toda la provincia.

Dicho en buen romance peronista este encuentro bien podría traducirse en una concreta orden de: Muchachos… (u otros adjetivos que son frecuentes en los enojos del number one del gobierno) ¡A ver si ya paran la mano con Sáenz…! o sea un: ¡déjense ya de joder con las soñadas bancas del 2017 y también el trono, los ministerios y las bancas del 2019…!.

En concreto: un sosegate para los presupuestívoros -al decir del veterano zorro de la política que es Juan Carlos Villamayor- que hoy le garronean los talones al hasta aquí súper acosado y ahogado financieramente por la provincia, intendente cantor.

La cumbre en el Grand Bourg tiene necesariamente que marcar un antes y un después de este primer cuatrimestre de maltrato al intendente que -cabe insistir- los salteños de la capital votaron como un claro mensaje de desaprobación al gobierno de Urtubey.

Tiene que ratificar una evolución que sintonice con las posibilidades de civilizar la política degradada en extremo en la década del kirchnerismo con su metodología y su discurso que finalmente quedó al desnudo tras el plebiscito con el que los argentinos decidieron cambiar por una alternancia democrática con la cual el propio gobernador de los salteños reconoció y reconoce como positiva y esperanzadora. Su buena relación con el presidente Mauricio Macri obvia mayores comentarios al respecto.

La fumata entre Juan Manuel y Gustavo -al decir de los peronistas- ya se veía como hecho político factible cuando una de las pocas espadas políticas del gobernador con capacidad de operar con bases sólidas, como lo es el controvertido pero siempre protagonista presidente de la Cámara de Diputados Manuel Santiago “El Indio” Godoy cargó su portafolios y se fue al Centro Cívico Municipal a visitar protocolarmente y por supuesto “como compañero peronista” al intendente de los salteños.

Que ese paso fue positivo lo proclamaron sin retaceos tanto Godoy como Sáenz.

Con ello ambos daban respuesta a los fragoteros de cuarta y a la plaga de presupuestívoros que imaginándose ya en afiches de candidato 2017 y 2019 siguieron descargando sus torpes operaciones imaginando poder esmerilar la figura de un Gustavo Ruberto Sáenz que -mal les plazca- tiene un vuelo notoriamente superior a ellos en el arte de la política. Que sin libros, sin militancia, sin doctrina, sin filosofía, sin compromiso social, sin moral y ética, y hoy más que nunca hay que subrayar sin corrupción, no se aproxima jamás a lo que es ser y hacer política.

Tal vez un último exabrupto como el de creer insultar al intendente Sáenz diciéndole a lo barra brava “guitarrero incapaz y llorón…” haya apurado al mismísimo Juan Manuel Urtubey a pegar el volantazo.

Se espera sea, por fin, sincero.

Será para el gobierno ser sincero no con una persona, con un circunstancial mandatario en este caso intendente de la capital, sino con el conjunto de la sociedad que los mira con asombro cuando los ven tan lejos de los ideales y promesas que proclaman en sus campañas.

Sólo resta esperar hechos concretos en la relación gobierno provincial - municipalidad de la capital.

Por fin sin boicoteadores.

Ojalá.

Y también -por qué no- con nuevos lectores de ese libro de cabecera de Juan Manuel guarda en su mesa de luz, y que legara para todos y por siempre, aquel sabio general.

En una de esas… prende… y aprenden.


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