Mejor Macri presidente que Cristina Reina

Urtubey después de dos mandatos de delegado aplaudidor

Aunque ya está lejos de tener la lozanía de un Juan Salvador Gaviota en sus tiempos de pichón y aprendiz de vuelo, hoy nuestro gobernador Juan Manuel Urtubey disfruta sensaciones de libertad que no pudo gozar nada menos que en dos mandatos sucesivos en los que tuvo que resignar su dignísima condición de mandatario de los salteños en democracia y someterse al arbitrario poder primero de Néstor Kirchner y luego de su esposa heredera por su capricho y su no tan cierta calidad de pingüina como supo argumentar para justificar su arbitrariedad.

Juan Manuel el salteño tuvo que bancarse la década estragada del kirchnerismo aceptando lo que decía consciente de que mentía: ¡Yo no voy a ser jamás un delegado del poder central…! ¡A mí los salteños me eligieron gobernador…!

Vana pretensión por cierto de nuestro comprovinciano que en el 2007 clavó la taba en la S para derrotar nada menos que a quien lo llevara de la mano en los tramos ascendentes de su carrera política y al que hoy quiere meter preso: su ex amigo y padrino Juan Carlos Romero. Gobernador peronista y de tres mandatos sucesivos como él.

Vana pretensión porque Juan Manuel, el gaucho pintón, el Bello Otero como con acierto lo caracterizó el talentoso Jorge Asís, no pudo ni siquiera resistirse a ser delegado y claque tanto del despótico poder de Néstor Kirchner como luego del de Cristina, en su asumido rol de reina. Un matrimonio K que lo denostaba por “cholo”, “oligarca”, “opus”, “gorila”, “romerista”, “conservador” y un largo rosario de clasistas adjetivos.

¡Si se habrán enojado los chupamedias locales del poder cuando este periodista –y algunos otros pero pocos- mostraban esta faceta claudicante de Urtubey que a todas luces contrariaba su verdadera personalidad de orgulloso, autoritario, caprichoso y contundentemente soberbio!

Ni hablar de los enojos de Urtubey para abajo cuando ése análisis del periodista hilaba fino en los rasgos más profundos de su personalidad hasta llegar a la médula y confirmar allí que no se trataba de una mera cuestión política circunstancial, sino que por el contrario estallaba allí la peor de las enfermedades de los hombres con poder: El Cesarismo. Más certeramente dicho, la peor de las enfermedades de un gobernante bajo el imperio de la democracia.

Un proceso de desarrollo local por supuesto, posibilitado por la precariedad política y de todo orden de sus funcionarios incapaces de un no y ni pensar en la crítica ni en la autocrítica. Pero no pocos de ellos muy pero muy aptos para sospechosas prosperidades materiales al amparo del poder de turno.

Pero volvamos la lente hacia el Urtubey de hoy, con Macri Presidente y la reina en retirada hacia El Calafate y a bordo de una carroza a horas de volver a convertirse en calabaza.

Son ya anécdota para Urtubey las puteadas de Néstor, de Moyano en aquellos sus tiempos K, de la iracunda Hebe, del intelectual D´ Elía, de la revolucionaria orga “La Cámpora”, de los piqueteros de Alicia K, de la hoy apichonada Milagro Sala que visceralmente lo odió, lo odia y lo odiará, del medido Aníbal Fernández, etcétera, etcétera.

Y en renglón subrayado y en recuadro, el idéntico y aún mayor rechazo visceral de Cristina.

De la misma Cristina que tantas besos y aplausos recibió de su delegado salteño Juan Manuel, más consciente que nadie que se trataba de una inconmensurable expresión de hipocresía mutua.

Hoy, nuestro gobernador, cuentan las paredes de las carpas chicas y los despachos lujosos que siempre, siempre hablan además de los inevitables resfriados o desfondados, suele tener momentos de soledad en los que –frente a un espejo que lo refleja de pies a cabeza- se ciñe la banda y acaricia el bastón símbolos de su jerarquía. Y poder.

Se sabe liberado. Otro sueño cumplido. Juan Salvador Gaviota aunque un poco avejentado pero Gaviota al fin. Y de su memoria se acuerda aquello de sueña lo que te atrevas a soñar… sé lo que quieras ser…

Y lo proclama: quiero ser presidente.

Quiero también ser factor decisivo en la reconstrucción del peronismo…

Quiero ser…

Sin el yugo de tantos años atado por la impiadosa coyunda de los Kirchner hoy Urtubey pasea por el país –y los medios más influyentes y onerosos- su prestancia recuperada.

Le importa un corno Cristina, su candidato de teflón Scioli, los alcahuetes como Capitanich o Caníbal F, “La Cámpora” y sus delirantes, los Zanninis, los Verbitskys, las Hebe con sus pecados Shocklenders, los Boudus reos, las Milagros Sala nada milagrosas, los chavistas, los Timerman, los Oyarbides, los Moreno, los Jaime, los soldaditos de humo para la revolución de Cristina y cuántos personajes y sellos más.

Urtubey, hasta ayer delegado como los Alperovich o los Fellner o los lamentables Urribarris, hoy juega ajedrez. Eso es la política. Que como dicen los De la Sota en su idioma, “no es para el zonzaje…”

Lo acertado de este nuevo escenario para el salteño es que el efecto inmediato de dejar de ser aplaudidor de la reina en retirada, lo reubica en los términos del juego democrático.

Es así como en todos estos días Juan Manuel Urtubey no se cansa de repetir que el peronismo tiene que asumir que ha perdido la elección presidencial en el marco del juego democrático.

Y que en lugar de sumarse al delirio de Cristina enferma de rencor y desequilibrios debe formular su autocrítica y síntesis de la derrota, pensando en los altos intereses de la República.

Si el actual proceso político de quien este diez de diciembre arranca su tercer mandato como gobernador de los salteños logra además purificar ese comprobado Cesarismo, la provincia como Estado, y por ende el conjunto de su sociedad podrá alentar la esperanza de un tiempo mejor.

De un tiempo mejor…

Tal vez esto sea como pretender peras del olmo. Pero es válido pensarlo. O plantearlo, como prefiera usted, caro, leal y constante lector.

De un tiempo mejor que recupere los dos mandatos de un Urtubey que por claudicar ante el poder del kirchnerismo, obligado o no tanto, estancó a Salta.

Verdad que está a la vista.

En resumen: Urtubey sabe que con Macri Presidente la gestión podrá ser mejor que con Cristina Reina.

Y está actuando en consecuencia.


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