TRAS EL GOLPE DE MÁXIMO K, SE PROFUNDIZA LA DIVISION DEL GOBIERNO Y SE CONSOLIDA EL ALBERTISMO

El oficialismo se alteró después del movimiento político del líder de La Cámpora. Hay sectores que creen que la fractura de la coalición será inevitable y otros que apuestan a mantener la unidad a cualquier precio



Por Joaquín Mugica Díaz 05/02/2022 jmugica@infobae


“Son autodestructivos. Nunca quisieron construir nada. Solo saben patear el tablero, pero con los bolsillos llenos. Que renuncien a las cajas también si tienen huevos”. En el entorno de Alberto Fernández el enojo después de la renuncia de Máximo Kirchner cruzó los límites marcados por la tensión normal de la convivencia. Límites de los que nunca se había estado cerca de cruzar, salvo el día en que medio gabinete kirchnerista le presentó la renuncia después de las PASO. El fastidio expuesto en ese grito de cansancio y saturación corresponde a un albertista con acceso al despacho del Presidente. Las “cajas” a las que se refiere son el PAMI y el ANSES, que conducen dos funcionarias de La Cámpora, la agrupación a la que define como “destructiva”.

El pensamiento que expresa es el que sobrevive dentro del círculo más cercano al jefe de Estado. No solo adentro de la Casa Rosada, sino también en las distintas arterias del peronismo donde se responde a Balcarce 50. Claro que no todos piensan igual. Hay sectores más moderados que siguen creyendo que, a pesar de los constantes problemas con el mundo K, hay que seguir conviviendo.
La decisión que tomó Máximo Kirchner quebró la coalición de gobierno. Profundizó las diferencias existentes y multiplicó las recriminaciones entre el peronismo y el camporismo. Porque los dardos son apuntados específicamente a La Cámpora, a quien muchos dirigentes consideran afuera del Gobierno. Opositores bajo el mismo techo. “Si los diputados camporistas siguen el camino de Máximo y no votan el acuerdo, entonces se tienen que ir del bloque y del espacio. Significaría la ruptura total del frente”, reflexionaron en uno de los ministerios más importantes del Gobierno. La proyección de la fractura expuesta se multiplicó en el oficialismo durante la última semana.
Máximo Kirchner renunció a la presidencia del bloque de Diputados y desató una nueva crisis interna en el Gobierno En el Gobierno existen muchas dudas sobre qué harán los legisladores que responden al hijo de Cristina Kirchner cuando haya que respaldar el acuerdo con el FMI en el Congreso. El camino lógico, después de las críticas planteadas por Máximo, sería que esos diputados acompañen su planteo. Es decir, que voten en contra del acuerdo o que se abstengan. Por el momento, no dieron señales públicas de qué camino recorrerán. Son 15, más algunos socios, como los diputados de Patria Grande y el Partido del Trabajo y del Pueblo (PTP), que están dentro del bloque del Frente de Todos y que ya adelantaron que no acompañarán el acuerdo cuando les toque votar.
En el oficialismo aún hay incertidumbre sobre qué harán. El secretario de Relaciones Parlamentarias, Fernando “Chino” Navarro, mantuvo dos reuniones en los últimos días con el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, y una con el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. El objetivo de todas ellas fue hacer un poroteo sobre si están los votos para poder aprobar la ley de Sostenibilidad de la Deuda Púbica. También para bajar las tensiones internas después de una semana en la que el oficialismo vivió en estado de ebullición.

Volver a empezar. Una vez más.
El último viernes hubo también una reunión entre De Pedro y Juan Zabaleta, el ministro de Desarrollo Social. Un camporista y un albertista. La intención fue poner paños fríos en la convivencia interna. De ahí salió una foto de paz. Imágenes que intentan dar señales hacia adentro, aunque ya nadie crea en la paz interna.
Alberto Fernández fue claro sobre la necesidad que tiene su Gobierno de aprobar esa ley, que implica el respaldo del Congreso al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se lo dijo a Massa y a sus ministros. También lo hizo público en una entrevista. El líder del Frente Renovador está abocado a ese complejo trabajo de juntar votos para lograr la aprobación. Durante la última semana, el Presidente pidió, a través de dos canales diferentes, que le hagan un mapa de situación sobre qué diputados y qué senadores van a acompañar el acuerdo con el Fondo en el Congreso. Quiere saber quiénes van apoyar al Gobierno y quiénes van boicotear la negociación a la que se arribó con el FMI y que es clave para que la Argentina siga teniendo financiamiento externo.
Alberto Fernández quiere saber qué senadores y diputados acompañarán el acuerdo con el FMI (Comunicación Senado) Para saber como está la situación en el Senado, el reducto que gobierna Cristina Kirchner, se comunicó con el entrerriano Edgardo Kueider, mano derecha del gobernador Gustavo Bordet, para que haga un análisis del mapa legislativo y busque los consensos necesarios para respaldar el acuerdo. El senador se convirtió en el nexo de Fernández con el Senado, su hombre de confianza.
Kueider junto a los senadores Guillermo Snopek, Sergio “Oso” Leavy y Camau Espíndola, trabajan dentro del bloque del Frente de Todos en un grupo apartado de La Cámpora y del kirchnerismo duro.
Son los legisladores que el año pasado empezaron a proyectar la posibilidad de armar un bloque nuevo para marcar distancia de la conducción de Cristina Kirchner. Hoy, en los hechos, trabajan distanciados de su liderazgo en el Senado.
Para saber cómo está la situación en Diputados, fue el canciller, Santiago Cafiero, el que le pidió a una funcionaria de su confianza que haga un punteo de cómo es el escenario en la Cámara baja. El ex jefe de Gabinete sigue siendo clave en la gestión política de Fernández. Cambió de lugar, pero no dejó de tener la influencia que tenía en la cúpula del Gobierno cuando ocupaba un despacho en el primer piso de la Casa Rosada. Dentro del Frente de Todos, en el sector que respalda a Fernández, creen que la división interna del gobierno nacional decantará naturalmente cuando llegué la votación para respaldar el acuerdo con el FMI.

“Quedaremos divididos entre los que respaldamos al Presidente y los que banca a La Cámpora”, sostuvo un legislador muy cercano al jefe de Estado. El quiebre, entienden, es inevitable. En el Frente de Todos persisten las dudas sobre si la coalición se romperá antes de que termine el mandato de Alberto Fernández A diferencia de los rumores de ruptura que se dieron después de la crisis post PASO, donde un sector de la coalición esperaba que Fernández rompiera la coalición y su vínculo con Cristina Kirchner, en esta oportunidad en el peronismo asumen con cierta resignación que la convivencia de la coalición resulta inviable y que la división ya es un hecho que no se puede ocultar ni disimular. La teoría del equilibrio interno, en la que confío el Presidente durante los primeros dos años de gestión, caducó. El kirchnerismo ha roto los puentes una y otra vez hasta desgastar al máximo la convivencia interna entre todos los sectores. Las circunstancias lo empujaron a Fernández a tener que gobernar con una oposición interna.
En La Cámpora desdramatizan la situación. Le dan otra entidad al conflicto que se desató después de la renuncia de Kirchner a la presidencia del bloque. Incluso no descartan que haya legisladores de la agrupación que apoyen el acuerdo con el FMI o que no se opongan formalmente. “La situación no es para nada dramática. Capaz a alguno le conviene hacerlo dramático. Pocas veces pasa que un dirigente es auténtico con sus deseos, con lo que siente, y abandona un espacio de poder para ser auténtico con el espacio político al que pertenece”, reflexionó una voz de peso de la agrupación en referencia al accionar de Máximo. En la vereda de enfrente, pero dentro del mismo gobierno, en el albertismo esperan que el Presidente acelere el proceso de transformación del Gobierno. ¿Qué implica? Que esté dispuesto a gestionar volcado sobre la CGT, algunos movimientos sociales, los gobernadores del PJ y unos cuántos intendentes, y que achique cada vez más la influencia K en las decisiones fundamentales. “Cuando la situación está tensa, Alberto aprieta el acelerador, pero cuando el agua se aquieta, pone el freno de mano. Tiene que dar una señal de que quiere hacer”, reflexionó un dirigente del Grupo Callao, espacio fundado por Fernández en el 2017 y que contiene a varios funcionarios que están distribuidos en la estructura del Estado.
El albertismo más duro, que es el que empuja la construcción de un nuevo esquema donde Fernández sea el centro de gravedad y que sirva para sostener su gestión e impulsar su candidatura 2023, ve en esta nueva discusión interna la posibilidad de cambiar el rumbo de la gestión. O, de mínima, torcerlo lentamente. ¿El objetivo? Disminuir la influencia de Cristina Kirchner y su espacio político. En el Gabinete hay ministros que están trabajando decididamente en el armado de un esquema albertista. Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis y Jorge Ferraresi encabezan reuniones con legisladores, intendentes y dirigentes para acercarlos al espacio a la órbita del Presidente. Los dos primeros hacen más base en la provincia de Buenos Aires, mientras que el ex intente de Avellaneda trabaja para acercar al kirchnerismo histórico que está desencantado con las maniobras de La Cámpora.
Las últimas declaraciones de Alberto Fernández en Rusia frente a Vladimir Putin, donde aseguró que quiere reducir la influencia de Estados Unidos en Argentina, despertaron nuevo interrogantes en la coalición de Gobierno. ¿Fue una señal para Cristina Kirchner? Parece una jugada demasiado arriesgada para estratégica interna. Se asemeja más a un error de cálculo en la comunicación oficial que a una jugada planificada.

Fernández complicó el vínculo con Estados Unidos para ser condescendiente con Rusia. Lo extraño es que lo hizo en un momento donde el gobierno argentino intenta terminar de sellar el acuerdo final con el Fondo y encontrar su aprobación en el Congreso. La hoja de ruta del Presidente se alteró y, esta vez, fue por una maniobra propia.
El Gobierno vive trabajando para no romperse. Desde que el Frente de Todos llegó al poder, todos sus dirigentes hacen un enorme esfuerzo para que la coalición no se parta. Pasan de estar al borde de la división a los discursos de unidad, que después de tantas repeticiones ya están vacíos de legitimidad.
Son muchos los dirigentes que buscan, día a día, la continuidad de un proceso político donde se mantenga la unidad de la alianza fundada en el 2019. Entienden que es el único camino posible para tener presente y, sobre todo, para tener futuro. Es una mirada realista. El gran inconveniente que se les presenta es que las jugadas políticas internas demuelen todas las expectativas.
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