Sáenz y un mensaje desmemoriado

Por Juan Gonza

Director Semanario Nueva Propuesta


No hay deber más necesario que el de dar las gracias…

Cicerón


Que el joven gobernador actual de los salteños, Gustavo Ruberto Sáenz es un justicialista de formación, resulta a esta altura de la vida con la democracia reconquistada en 1983, una verdad de Perogrullo.

Su pertenencia ideológica, doctrinaria y filosófica (esto también, hay que decirlo, impregnada de dogmatismo religioso) le permiten ostentar una trayectoria por cierto notable tanto en lo militante como, con especial rasgo distintivo, en el ejercicio de cargos electivos que por cierto honran a los que –valga la figura retórica- los saben honrar. Fue tres veces concejal, funcionario de la intendencia de Miguel Isa, senador provincial, candidato a vicepresidente de la Nación en la etapa de Sergio Masa antikirchnerista (tiempo donde el salteño fijó su clara posición diciendo “Mi límite es Cristina Kirchner”) y en lo esencial un dirigente con raíz y empeñosa inserción popular también seducido por el noble oficio del periodismo que con obvio carácter político partidario ejerció en FM Aries. Un verdadero “cuadro, dicho en el lenguaje cotidiano de la política.


Hace unas horas el hoy gobernador constitucional triunfante categórico nada menos que frente al kirchnerismo en 2019 en un frente político hábilmente tejido sin la sigla tradicional del PJ, pronunció su segundo discurso ante el parlamento para informar de su gestión; de sus logros e intenciones con pocos anuncios que por supuesto se explican en gran medida en este escenario de país pandémico en salud, en federalismo, en economía y en moral y ética política. Y quebrado por la grieta que es indisimulable herida abierta.

El discurso, obligación constitucional, fue otro de los tantos desfiles y días de actos gubernamentales sin pueblo, generalmente reservados para funcionarios y jerarquías institucionales salvo honrosas excepciones como los honores populares y de nuestros gauchos al general Martín Miguel de Güemes y las honras patronales de Setiembre y las procesiones tradicionales.

No obstante esa imposible de negar falta de participación ciudadana masiva en celebración, Gustavo Sáenz registró para los archivos un tedioso informe que de seguro la ciudadanía en su absoluta mayoría desconoce por desinterés. Grave detalle éste que tiene su origen férreo nada menos que en la pérdida de ejemplaridad de su dirigencia política, a lo largo y ancho de esta Argentina que los grandes de la historia soñaron libre, justa y soberana.

Los cronistas cotidianos, y como corresponde para testimoniar la vida de toda sociedad, desmenuzarán con su sapiencia, objetividad y necesariamente su opinión, los dichos del mandatario, remarcando como un mensaje subliminal, los infaltables aplausos que generalmente más suenan a claque que a fervorosa adhesión partidaria y mucho menos ideológica.

Pero como la única verdad es la realidad, al decir del genio Aristotélico certeramente tomado como máxima por un general invencible en la idea y la vigencia histórica argentina de nombre Juan Domingo, a los discursos de los políticos necesariamente el periodismo debe abordarlos, desmenuzarlos. Y opinar.

Tomar esa especie de memoria anual que con esmero elaboran los funcionarios esperando la mejor calificación, sonrisa o palmada y hasta brindis del que conduce el barco, releerla es un verdadero esfuerzo insomne pero, a la vez, cuasi obligado aunque el cronista sepa que el último lector será seguramente él mismo, o esa raza antigua de algún corrector de pruebas artesanal, residual de la gráfica, sabedor gustoso del olor a tinta.

Así es como Gustavo Ruberto Sáenz, o sólo Gustavo, declaró la apertura de las sesiones del parlamento bicameral que los salteños supimos conseguir. Va de suyo que, por aquel cachetazo de 2019 al kirchnerismo vernáculo, con una oposición raquítica. Casi imperceptible, salvo las excepciones de rigor que siempre dan una pincelada más que nada anecdótica al quehacer legislativo. Las manos alzadas no entienden de razones. Casi siempre. Aquí y allá, en toda la geografía hoy nacional y popular.

Dicha esta reflexión del cronista, que soslaya el pormenorizado y arduo análisis de algún empeñoso colega especializado en obras públicas, salud, seguridad, economía, federalismo, seguridad social, viviendas, abandono eterno y sin tiempos ni esperanzas de los pueblos originarios, cepos a la libertad de expresión por el imperio del crimen de la censura indirecta de los Estados, justicia sin majestad, discriminaciones aberrantes homofóbicas, raciales, facistoides, dogmas antidemocráticos poderosos, etcétera; su lente se centra exclusivamente en un párrafo que inspira el título de esta nota: La desmemoria de Sáenz en su mensaje.

Allí donde casi como cierre vehemente y conmovido, pide la opinión, la crítica, el aporte y el escrutinio público al que todo mandatario y/o funcionario público está sometido insoslayablemente. Principio sustancial consagrado por el Derecho Internacional al que Argentina está suscripta en todos los foros competentes como un compromiso ineludible. De honor democrático.

El auditorio, o al menos los que no miraban el reloj o tenían la mente ocupada en sus proletarios iphones tal como lo registraban los camarógrafos, fotógrafos y escribas lúcidos, ya se alistaba para el enésimo aplauso, pero para alivio, final.

Fue el momento en el que el gobernador, cerrando los ojos y alzando sus dos brazos al cielo imploró la protección divina y abandonando el texto frío de su carpeta guía, verdad que puede comprobarse -por si acaso a alguien le hiciera falta- cotejando el informe oficial de su mensaje, entró en un lapsus de “cesarización” para expresar a viva voz que nos pedía a todos, humildemente, que lo acompañemos, que lo ayudemos porque “soy uno más de ustedes… soy uno más de ustedes queridos salteños… (al que) Dios, la Providencia –quien sabe (sic)- me dio la posibilidad de gobernar… ¡Sin la bendición de nadie…!... ¡Sólo la de Dios y de mi pueblo que me puso en este lugar para trabajar por los salteños…!

Y remató: “¡No ando buscando la bendición de nadie… porque sólo creo en bendición de Dios y nadie más…! Y la de mi pueblo, cuando te da la confianza para gobernar…” completó de inmediato.

La memoria, virtud bendita por cierto de la humanidad, se enciende sin esfuerzos cuando como en este caso, una alta jerarquía de gobierno democrático por sobre todo, enciende la alarma de algún olvido, imaginable en primera instancia y por la buena voluntad, involuntario.

Gustavo Ruberto Sáenz tiene razón cuando en este mismo escenario reciente habló del valor de la autocrítica, del debate, del respeto al pensamiento del otro, del consenso, en fin, de tantos principios morales y éticos que debe llevar implícitos el quehacer de los dirigentes, máxime de los gobernantes.

También fue punto destacado su convicción de un federalismo jamás practicado en 200 años. Dolor y reclamo que sin un respiro completó para dedicarle al presidente Alberto Fernández el más cálido abrazo por considerarlo ya y sin pruebas que así sucede o podría suceder en esta Argentina de la grieta y de doble comando con Cristina Kirchner (a la que no mencionó) como una luz de esperanza y restaurador del federalismo. Loas que con todas las letras repartió en todos y cada uno de los ministros nacionales que como si fuesen actos de generosidad y no obligación, abren las puertas de sus ostentosos despachos a los gobernadores peregrinos. Distribuidores tantas veces de migajas. Pero lo dicho, dicho está.

La proclama de Gustavo Ruberto Sáenz de su exitosa carrera política hasta esta cimera etapa de la honra de ser gobernador constitucional, no sólo alerta a un cronista en definitiva un simple observador del mondo cane que nos toca vivir y protagonizar.

No habrá que esforzarse mucho para caer en cuenta que cada paso en firme y sobre todo exitoso de cualquier carrera política, se sostiene primero en bases sólidas filosóficas, doctrinarias, político partidarias, frentistas con comunes denominadores ideológicos, metodológicos, estratégicos y programáticos concretos; todo ello empujado por la decencia militante, el compromiso social, y el valor esencial de la Lealtad.

En el sistema democrático, en el mejor y a la vez más perfectible de los sistemas, la fuerza triunfante en el acto soberano y sagrado de las urnas jamás es producto de un iluminado.

Los 200 años de postergación del interior postergado que como se dijo acertadamente remarca el gobernador salteño, la imperiosa y harto difícil cura de la grieta que hoy nos desangra, la pobreza, el autoritarismo, la corrupción, la impunidad, etcétera, no podrán tener otra salida que la de ese consenso proclamado como expresión de anhelos. Con sinceridad.

Los hoy frentistas del gobierno provincial tienen el absoluto derecho a sentirse parte y constructores.

Y sin lugar a dudas ninguno de ellos, ni por asomo, se considera con un Don cuasi celestial de bendecir.

Más bien demuestran resignación de un injusto rol de furgón de cola aunque se hayan animado a suscribir una Carta Abierta a los dirigentes del frente oficialista, con el propósito indirecto pero claro de decir, tras escuchar la vehemente proclama del místico gobernador, de haber llegado “sin bendiciones ni padrinos” a su buen puerto, que “aquí estamos… existimos… algo aportamos…”

La epístola que va de suyo ratifica el liderazgo del gobernador, (pero que levantó alguna previsible ira de los que se saben más que ministros evidentes súper ministros) fue publicitada por un frentista que ostenta la distinción de ministro sin poder real para las decisiones como lo es Ricardo Villada, y en forma subliminal evidencia y asume es que ninguno tiene la mínima pretensión de sentirse capaz de “bendecir”, pero sí, con toda razón, de haber sido protagonista del triunfo frente al poder del kirchnerismo.

Así, lo primero que traen a la memoria es que “…desde aquel siete de agosto de 2019 catorce partidos políticos y una veintena de agrupaciones municipales decidimos constituir un frente político para participar de las elecciones provinciales en las que se elegiría el próximo gobernador de la provincia, luego de los 12 años de gestión de Juan Manuel Urtubey.”

Y detalla la nómina que integraban “…los partidos PAIS, Primero Salta, Frente Plural, PRO, FE, Salta nos Une, Propuesta Salteña, Conservador Popular, Todos por Salta, Autonomista, Salta Federal, Unión Victoria Popular, Frente Salteño y Memoria y Movilización…”

“Ese mensaje de dirigentes que supieron dejar de lado las diferencias para trabajar por Salta, pronto se hizo carne en el pueblo salteño, y el resultado de las elecciones fue contundente: Gustavo Sáenz fue elegido gobernador y muchos dirigentes de nuestro espacio fueron electos intendentes a lo largo y ancho de nuestra provincia; en municipios como: Embarcación, Pichanal, Orán, Hipólito Irigoyen, Güemes, Quebrachal, Lajitas, Cerrillos, La Merced, Quijano, Iruya, La Viña, Coronel Moldes, Vaqueros, San Lorenzo, Cachi y hasta en el mismo municipio capital...”

Párrafo este último, el referido nada menos que a la más importante de las intendencias como lo es la Capital donde reside virtualmente la mitad de la población de la provincia y que constituyó con la candidatura de Bettina Romero parte decisiva del resultado consagratorio de Gustavo Sáenz. Lo que en esta carta abierta evidentemente se minimiza. Detalle que no pasó desapercibido.

En resumen, la oportunidad fue propicia para enumerar los socios electorales donde no existen obispos santos pero sí conductores y militantes de múltiples espacios políticos que conforman el necesario abanico del pluri pensamiento político democrático salteño.

Aunque sea en Semana Santa, está claro que el diablo anda por los choclos del maizal de la política que ojalá algún día, cuando se restaure la ejemplaridad perdida de la política y hasta de las instituciones básicas del sistema, un día nos hallará cosechando juntos. Sin sectarismos bastardos.

Sin las consignas del “Poder Eterno” y del “Vamos por todo”

Es tiempo de bendiciones…

Pero de las válidas: de Pascua.

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