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LA HIPOCRECÍA NO TIENE LÍMITES: EL ABRAZO DE PATRICIA BULLRICH Y JAVIER MILEI.


· El abrazo entre Patricia Bullrich y Javier Milei fue comparado por la primera con aquel que se dieran en su momento Juan Domingo Perón y Ricardo Balbín lo cual es una irreverencia al significado que tuvo aquel lejano abrazo. Y es así, primero por la entidad de los actuales abrazados no tiene ni por cerca la talla de Perón y Balbín. Luego, que dicho sea de paso tampoco se compadece con la experiencia sociopolítica y cultural de aquella época.





Por Ernesto Bisceglia

Próximos a cumplir cuarenta años de democracia ininterrumpía lo cual constituye un hito en la historia política de este novel país, los argentinos se encuentran con que el sistema democrático está desquiciado. La base de toda democracia descansa sobre los partidos políticos, la militancia, la formación política de cuadros dirigenciales y la competición interna para nominar candidatos; todas categorías que han desaparecido y convertido a los partidos en sellos sin más valor que administrativo, si acaso cabe ese término.



Desde hace dos décadas aproximadamente cuando los dirigentes comenzaron a convertirse en asociados políticos los partidos fueron desapareciendo para diluirse dentro de una rara avis llamada "Frentes". Esos frentes se conformaron a medida de las ambiciones de un grupo, un gran grupo de ex dirigentes que comenzaron a hacer primar sus intereses personales o de grupo frente al afiliado que quedó reducido a un simple número administrativo.


Estos Frentes llevaron a la pérdida de la identidad política no sólo de los partidos sino de los mismos afiliados que tuvieron en más de una oportunidad que terminar votando a quienes jamás hubieran elegido, luego, se perdió la militancia, los comités radicales o las unidades básicas peronistas -por citar a las dos columnas políticas de casi un siglo- quedaron vacíos y así se perdió a calidad del sufragio que costo sangre conseguir porque el voto como acto de voluntad democrática del ciudadano dejó de ser el apoyo a un candidato genuino para convertirse en algo más bien administrativo ya que la gente en muchos casos ni siquiera sabía o sabe a quién está votando.

Esto último es literal ya que se han visto candidatos que arreglaban participar por una expresión, una semana después por otra y llegaban al comicio por otra distinta, con lo cual ya ni adversarios políticos eran porque la idea no era llegar al gobierno para aplicar las ideas del partido, sino que ya todos amigos y en nefando consorcio terminaron coincidiendo en que el fin de estar en política era mantenerse en el poder.


Así, se perdió la alternancia que es la savia de la democracia y el sistema se fue fosilizando hasta hundirse en la crisis actual. Un ejemplo contundente de esta situación es lo que se observa en estos días donde los que durante la campaña se propinaron toda clase de improperios luego se asocian con los que más votos tienen.


Ese abrazo teñido de arreglo político y conveniencia coyuntural es como la patada que desaloja al banquito donde estaba parado Juntos por el Cambio con la horca al cuello. En los hechos, esa reunión de antiguos enemigos por más explicación que se le quiera dar representa la explosión de ese espacio, el fin de Juntos por el Cambio para la política argentina moderna.

Pero además señala otra cosa más, aquella que revela que las alianzas en este país no sirven más que para un propósito inmediato y nada popular. Baste recordar, por ejemplo, el caso de la Alianza que se formó con el único fin de desalojar a Carlos Menem de la Casa Rosada. Al ser agrupamientos carentes de mística, de doctrina y siempre de proyecto político definido, están condenadas al fracaso, como finalmente ocurrió en aquel momento.


Juntos por el Cambio fue una entente armada para enfrentar al kirchnerismo, nada más, para que un sector representado entonces por el ingeniero, Mauricio Macri, llegara al poder y que ser un híbrido político apenas resistió un mandato y no sólo no logró desalojar definitivamente al kirchnerismo del poder, sino que le otorgó los argumentos para fortalecerlo y que continúe hasta hoy, con las serias posibilidades que tiene de quedarse cuatro años más.


La experiencia política de un "outsider" como Javier Milei, también es un dato interesante de analizar: dice que la ausencia de partidos políticos ha permitido que una rara avis como La Libertad Avanza sacuda el árbol político del país, algunos viejos y malos frutos han caído para siempre, eso es bueno. Además, la dejado germinada la semilla de un cambio de mentalidad en las generaciones jóvenes, esas a las que la soberbia y la inescrupulosidad de la clase política abandonó hace por lo menos dos décadas. Milei es producto de haber destruido al sistema de partidos y haber convertido a la política en un negocio.

Luego, lo que pase el día 19 de noviembre marcará sólo el inicio de un nuevo periodo de gobierno, pero las bases ya están conmovidas, ideas nuevas campean por la mente de la ciudadanía. La necesidad de una reforma política también es una urgencia que algunos estamentos del poder han comprendido como tal y dentro de la cual volver a reestructurar a los partidos políticos es la clave, la esencia necesaria para poder continuar conservando a la democracia argentina.


No todo es tan malo y la esperanza preside el futuro que se levanta por delante: A 40 años del retorno de la democracia plena y vigente, con todos sus sabores amargos, sus frustraciones y desencantos, esta democracia argentina apenas está dando los primeros vagidos en la historia por venir. Y lo más esperanzador de todo es precisamente que ya se habla de exhumar a los partidos.


Ya escuchamos venir los sones de "La Marcha Peronista"..., más allá, otros vienen cantando "Adelante radicales", los de la izquierda exhuman el ideario de Alfredo Palacios o Juan B. Justo, otros se inspirarán en Lisandro de la Torre, pero hay que pensar que luego de todos estos sinsabores, todos juntos los argentinos marcharán por el mismo camino de la reconstrucción política del país, haciendo realidad aquello que dijera el Dr. Ricardo Balbín: "No importa quién lleva el palo, lo importante es la Bandera". La Bandera Argentina.

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