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DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER. Desafío para el feminismo. El subterráneo avance de los discursos antigénero y un 8M inédito.





Texto de: Lucila Marin

8 de marzo de 2024 -La Naciòn



El 30 de diciembre de 2020, una multitud siguió por las pantallas la proyección del debate que ocurría dentro del Congreso. En una vigilia que concluyó a las 4.15 de la madrugada, con 38 votos a favor, 29 en contra y una abstención se aprobó la Ley 27.610 de interrupción voluntaria y legal del embarazo. Tres años después, en ese mismo lugar y de espaldas al Congreso, hablaría Javier Milei para inaugurar su presidencia, a la que llegó con un discurso que apunta contra la agenda que denomina “progresista”, niega la violencia por razones de género y la brecha salarial entre hombres y mujeres. La postura de La Libertad Avanza no se detiene en lo discursivo y se traduce en hechos, como la transformación del Ministerio de las Mujeres en una subsecretaría de protección contra la violencia de género, el cierre del Inadi, la prohibición del uso del lenguaje inclusivo en la administración pública o la propuesta de diputadas que se definen como antifeministas de derogar la ley de la interrupción voluntaria del embarazo. El avance del discurso antigénero se evidencia en diversos ámbitos, y debates que parecían saldados vuelven al centro de la escena desde un nuevo prisma. Los especialistas buscan interpretar este giro, que fue paulatino, pero contundente.

 

¿Cambio de época?


De “Abajo el patriarcado” a la propuesta de ley de renuncia de la paternidad, los contrastes discursivos se evidencian en múltiples ámbitos

“La palabra feminismo que supo masificarse durante generaciones se convirtió de la mano de estas nuevas derechas en una categoría acusatoria”, analiza la socióloga, docente universitaria e investigadora del Conicet Melina Vázquez, coautora del libro Está Entre Nosotros, que siguió desde el principio la construcción de la juventud liberal-libertaria.



Del otro lado de la plaza Vázquez considera que las discusiones parlamentarias que se iniciaron en 2018 marcaron un punto de inflexión. ”La miopía de lo visible hizo que colocáramos la atención centralmente en el sector de la plaza, que se dividía en dos, nutrido por mujeres con sus pañuelos verdes para simbolizar su apoyo a la Ley de IVE. Del otro lado de la plaza, más vacío y menos movilizado, parecía que no pasaba demasiado. Sin embargo, los debates parlamentarios reactivaron redes familiares, de amigos, escolares y de grupos confesionales que atrajeron a muchos jóvenes, seducidos por un espacio en el que ponían de manifiesto su oposición al aborto legal. Incluso muchos de ellos señalan que su primera participación en una marcha fue durante los debates, tanto en 2018 como en 2020”, afirma a LA NACION.


En una línea similar, se expresa Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer: “Siempre hubo gente que se oponía a algunas ideas. Pero ahora, esa posición se está llevando adelante desde el propio gobierno. Coincide con un movimiento que tampoco es exclusivo de este país. Creo que en parte aquí hubo algunos desaciertos. Cuando las chicas en los colegios secundarios empiezan, por ejemplo, a escrachar a los varones, genera obviamente una reacción que hoy está alimentada, sostenida y llevada adelante por lo que fue la campaña y la propia Oficina del Presidente”.


En este contexto, la posición de los varones se tornó compleja, algunos ya hace tiempo venían planteando cierta incomodidad con la nueva agenda del movimiento feminista. “Milei me representa muchísimo mejor que el colectivo feminista que intenta hacernos creer a las mujeres que somos incapaces e inútiles y que por eso necesitamos leyes absurdas de cupo femenino”, escribió en X Eugenia Rolón, pareja de Iñaki Gutiérrez, encargados del Tik Tok del Presidente. Sintetizó con esas palabras una concepción que fue ganando terreno en el debate público. La actual diputada libertaria Lilia Lemoine fue un paso más allá y propuso una ley de renuncia de paternidad. “Ya que las mujeres tienen el privilegio de poder matar a sus hijos y renunciar a ser madres, entonces, ¿por qué los hombres por ley tienen que mantener una criatura? ¿Porque les dijeron que tomaban la pastilla?”, disparó.


Una bandera


El lenguaje inclusivo fue uno de los símbolos del movimiento feminista en su lucha por evitar estereotipos de género


Fin de la “e”


Con la llegada del nuevo gobierno, el lenguaje inclusivo se prohibió en algunos ministerios y luego en toda la administración pública

Del #NiUnaMenos a otros reclamos “Nos están matando”, tuiteó la periodista Marcela Ojeda el mediodía del 11 de mayo de 2015 tras el hallazgo del cuerpo Chiara Páez, de 14 años. Estaba embarazada cuando su novio la asesinó y la enterró en el patio de su casa. Convocó a un grupo de periodistas y fijaron fecha para la primera marcha bajo la consigna #NiUnaMenos. Fueron demasiadas chicas asesinadas. Una mujer moría cada 30 horas en el país, víctima de violencia masculina. Quizás ese dato explique por qué la respuesta fue masiva.


“Ni una menos es un grito colectivo, es meterse donde antes se miraba para otro lado, es revisar las propias prácticas, es empezar a mirarnos de otro modo unas a otras, es un compromiso social para construir un nuevo ‘Nunca más’. No queremos más mujeres muertas por femicidio. Queremos a cada una de las mujeres vivas. A todas. Ni una menos”, leyeron durante el acto. Después, llegaría la efervescencia de 2018 y de 2020, cuando el pedido por la legalización del aborto se convirtió en un articulador poderoso. “Se supermasificó porque tocó dos fibras fuertísimas: no queremos morir más y queremos tomar nuestras propias decisiones”, resume María de las Nieves Puglia, doctora en sociología por la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la UNSAM y directora del área de Géneros de Fundar.


Con los años, se plasmaría la división: dos escenarios, una marcha hacia el Congreso y otra hacia Plaza de Mayo. Las consignas se fueron ampliando, incluyeron desde la liberación de “presas políticas” a quejas contra los acuerdos firmados con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En 2023, se llegó a escuchar desde uno de los escenarios “Cristina Presidenta”. “Dentro de lo que es la sociedad argentina parece que para ser feminista tenés que pertenecer a un partido político”, lamenta Fabiana Tuñez, especialista en políticas públicas en violencia de género, extitular del Instituto Nacional de las Mujeres (2015-2019) y una de las fundadoras de la Casa del Encuentro.


Pañuelos verdes


La centralidad del movimiento feminista impidió dimensionar la fuerza del discurso antagónico, según expertos.



La mirada celeste


Sectores menos politizados, analizan los especialistas, salieron a la calle para oponerse a la ley de legalización del aborto

En sintonía con un discurso que ganaba centralidad, con la administración de Alberto Fernández, llegó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. “El feminismo del movimiento convirtiéndose en feminismo de institucionalización también desarticula, porque las referentes están en lugares donde tienen que tomar decisiones no solo para la organización sino para todos los ciudadanos.


La efervescencia feminista del movimiento pasa a ser una política de Estado”, sostiene Puglia. El rol del ministerio fue eje de críticas de gran parte de la oposición y, desde La Libertad Avanza, las amplificaron. Según Vázquez, los militantes libertarios están en contra de lo que llaman feminismo hegemónico. “Lo asocian con la gestión del Estado y la agenda feminista convertida en gestión de lo público”, analiza. Más allá de la premisa de achicar el Estado, la experta visualiza una intencionalidad simbólica. La prohibición del uso del lenguaje inclusivo, que consideran adoctrinamiento, se inscribe en esa dirección, según la especialista. Puglia coincide con esa mirada: “Al lado de una retórica sobre el ordenamiento de las cuentas públicas hay una retórica sobre la refundación moral y, claramente, ahí está la agenda de género”, resume.


El impacto de la crisis económica es otro factor clave para las expertas consultadas “Va a ser muy difícil que se pueda construir el bienestar económico sin tener en cuenta que el impacto es mayor en mujeres, se va a profundizar ese nivel de vulnerabilidad”, alerta Puglia.

En pugnaLas posturas políticas quedaron plasmadas en carteles y consignas durante las marchas por el aborto



El futuro de la agenda feminista “El feminismo es un movimiento social que está con vida y permanentemente se tiene que cuestionar y replantear o reperfilar”, reflexiona Tuñez sobre el nuevo contexto. Para Puglia, el próximo desafío de las organizaciones feministas será encontrar un nuevo nodo articulador. “No creo que sean movimientos solamente de resistencia o avance. Mi sensación es que hay movimientos y desplazamientos. Creo que va a haber una revitalización, por lo bajo, de organizaciones de la sociedad civil. Y también se va a robustecer por arriba a través de organismos internacionales”, plantea.


En esa misma línea, Vázquez apunta: “Sugirieron la posibilidad de dar marcha atrás con la IVE, yo creo que eso generaría un clima de época de volver a las calles, incluso nutrirá la movilización del 8 de marzo”. Efectivamente será un 8M distinto. Y no solo porque las organizaciones se movilizarán bajo el protocolo antipiquetes vigente, que las obligará a marchar solo por las veredas.


También porque será la primera manifestación bajo la gestión de Milei, quien denostó al feminismo hasta en su discurso en el Foro de Davos. Además, a los empleados públicos que no se presenten a trabajar, se les descontará el día. Paradójicamente, agrupaciones de mujeres, sindicatos, asambleas vecinales, organizaciones estudiantiles y sociales y partidos políticos lograron unirse en la convocatoria y marcharán juntos al Congreso.


Después de muchos años, no habrá dos movilizaciones por el 8M. En esa histórica plaza coincidirán grupos de distintos espacios políticos, incluso libertarias feministas.

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