Los nómades y guarangos de la Política

El dinamismo y el traslado del caballo como modo de vida acabaron modelando el pensamiento único de los pueblos pastores. El Gengis Khan, dueño del imperio más vasto jamás conocido, cuando fue entrevistado por un enviado del Papa para convertirlo al catolicismo le respondió que no tenía inconvenientes en hacerlo si el nuevo Dios lo hiciera triunfar en la próxima batalla. Como se verá practicaba un sincretismo pragmático. La “ley del triunfo” por un lado como programa de conquista y por otro la “ley de las pasturas” para alimentar en la veranada caballos y renos para la subsistencia.

Con el tiempo el filósofo alemán Friedrich Nietzche diría que “gobernar es cabalgar”. La ideología era lo de menos. Enrique IV, rey de Francia, cambió su religión de hugonote, se hizo católico para ser rey e inmortalizó la frase: “París bien vale una misa”.

El Preámbulo de nuestra Constitución Nacional, cuando habla de pactos preexistentes, entre otros el primero de la serie fue el tratado de Benegas por el cual la provincia de Buenos Aires indemnizaba a la provincia de Santa Fe con 30 mil cabezas de ganado vacuno. Típico pacto pecuario. Las menciones institucionales del tratado sólo servían para disfrazar el arreglo entre dos compadres federales. Cuero, tasajo, charqui y cecina era la economía de un pueblo nómade que obedecía al fatalismo de la “ley ecuestre” con la misma fidelidad con que la rueda del carro sigue a la pezuña del buey y la huella de la herradura del caballo.

El nomadismo se inscribió definitivamente en nuestro ADN, y lo que nos sorprende hoy como nomadismo político, es consecuencia del mismo destino que no hay más que invocarlo para que regrese al conjuro del espiritista, el espíritu invocado.

El destino argentino sería otro, si como señaló Borges el libro matricial de la literatura argentina, en lugar del Martín Fierro de Hernández, hubiera sido el Facundo de Sarmiento. Nuestros políticos actuales siguen los consejos del inefable Viejo Vizcacha.

Primero la expresión pública se expresó a través de clubes, los agrupaban pensamientos y propósitos. Después partidos políticos, movimientos para terminar siendo “espacios políticos” donde promiscúa toda la zoología política (admitiendo con Aristóteles que el hombre es un zoopolitikon), en un inmenso camalote a la deriva, que va tras un horizonte fugitivo que no es otro que el Poder y se agregan en forma aumentativa sin respetar género ni especie (instinto de conservación).

Los partidos políticos han dejado de ser poleas de transmisión entre el Estado y la opinión pública. Hoy se hace política a la carta en un “quítate tú que me pongo yo o pásale a Braulio” y la política de principios e ideas ha sido sustituida por la política de hombres, mujeres y cosas.

Ahora abundan los oportunistas que no consideran la Política ni como Arte ni como Conocimiento, ni tampoco como vocación y ejemplo, por el contrario ven la coyuntura de encaramarse en el poder, sin méritos, ni formación, ni conocimientos. Algunos provienen de la farándula, otros del deporte y así sucesivamente. Menem impuso la moda como Brunmel en el siglo XIX con la vestimenta y lo hizo con el Lole Reutemann en las pistas y Palito Ortega con el canto. Total lo que es moda no incomoda, reza el adagio.

Nuestros libertadores fueron hombres de acción. Francisco de Miranda, el gran patriota venezolano cuyo nombre está incluido en el Arco del Triunfo en París, llegó hasta Rusia en busca de recursos para liberar a su patria.

Ortega y Gasset se encarga bien en distinguir entre el hombre de acción y el aventurero. Este último como forma rebajada del hombre de acción. Mientras el hombre de acción lucha por ideas y principios, el aventurero lo hace por el botín o la quimera. Son los nómades, “almas vacantes” como los califica el gran escritor italiano Giovanni Papini. Uno de estos perpetuos ambulantes ha escrito “Quisiera que después de mi muerte de hiciera una valija con mi piel”.

Cuando en ese momento el Congreso de la Nación autorizara el gasto para levantarle un monumento a Garibaldi en Plaza Italia, nuestro comprovinciano autor de la Ley Sáenz Peña, Indalecio Gómez, se opone pintando una síntesis del aventurero italiano donde se pregunta ¿Después de las campañas italianas, donde va Garibaldi? Va a Ginebra y allí el ex campeón de la Casa de Saboya se declara demócrata. Luego lo verán en Francia y se afilia a la Internacional. En sus correrías por el Río de la Plata, no le preocupó la causa uruguaya o la argentina, ni Rivera ni Rosas. Una vez que se ve obligado a abandonar su patria y llega a Lima se dedica al comercio marítimo exportando cereales y plata e importando opio de China. Riograndense, papista, asalariado del rey, de la Internacional, del congreso de paz y comunista. Borges calificó al monumento al nómade y aventurero político italiano Garibaldi como “Nuestro Guarango de Bronce”.

¡En nuestra política hoy abundan los guarangos!


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