Perversión política espacio-temporal

Lázaro Báez dice que todo lo que él tiene es “Del que está arriba”

Arriba, abajo, izquierda y derecha fueron posiciones en el espacio que caían de maduro para el observador objetivo. Al menos en el espacio euclidiano. El relativismo einsteniano parece haber trastocado no sólo nuestra cosmovisión física espacio-temporal, sino también la trama y la urdimbre de la política. Esto viene a cuento a raíz de la reciente grabación de una escucha telefónica donde Lázaro Báez asevera que todo lo que él tiene es “Del que está arriba” en una clara alusión a Néstor C. Kirchner.

De modo que en esta adscripción a determinada región hasta Dios está localizado y hay que avecindarlo en un lugar en el espacio. Cuando rezamos el Padre Nuestro, lo localizamos en el cielo, en el lugar de las estrellas fijas, que esto significa firmamento. Y cuando rezamos el Credo, el Hijo se sienta a la derecha del Padre, para consuelo y regocijo de la derecha, incomprendida en este mundanal ruido, que encontrará compensación y goce eterno en el otro, que sí será aumentado cuando encuentre al Hijo sentado a la derecha del Padre, y que la silla de la izquierda esté vacía para regocijo de Báez, la izquierda y los piqueteros.

Contrapuestamente el Diablo, está en el otro extremo, en el lugar más inferior, que esto significa infierno. Saliendo de la literatura teológica, en economía ocurre otro tanto. Hoy se habla del primer y tercer mundo, sin recalar en el segundo y para referirse a él se lo hace de una manera entre discreta y compasiva llamando a esas naciones con el eufemismo de: “en vías de desarrollo”.

También la distinción se hace entre Norte y Sur. Este criterio asocia la prosperidad con los puntos cardinales. Por último en política la distinción entre derecha e izquierda que ha dominado la disputa de las ideas desde el 11 de septiembre de 1789 hasta la fecha hoy ha perdido intensidad al haberse advertido el cambio de perspectiva. Ese año, ese día, en plena Revolución Francesa, en el seno de la Asamblea Constituyente, un grupo de diputados se ubicó a la izquierda del presidente; este grupo era republicano y antimonárquico. De ahí la distinción sufrió las vicisitudes y paradojas de la historia.

La burguesía de Francia, que había ocupado la izquierda y se había encargado de poner a la derecha todo lo que no fuera su pensamiento, hacia 1848, con el Manifiesto Comunista, fue desplazada y su lugar lo ocupó el marxismo y por su lugar apetecido se hizo plaza fuerte de cualquier idea que niegue y que reniegue de todo lo anterior.

Cuando cayó el muro de Berlín, derrumbado como las murallas de Jericó por las trompetas de la historia, todo se mezcló y el hombre al mirarse en el espejo, fue grande su asombro óptico al verse trastornado en su ubicación. Casi un macabro juego borgeano. El estrabismo de la distinción había acarreado la máxima perturbación histórica.

La historia cuando bromea, bromea no en broma, sino en serio.

No hace mucho Néstor Kirchner, en su constante sobre exposición y sin menguar para nada su afán polémico, asignó la izquierda a su partido y también agrupó a piqueteros que le eran afines.

Históricamente el peronismo nunca lo fue, pero le sirvió como mecanismo descalificatorio a propios y extraños. Había introducido una disputa en vías de extinción: pronto no habrá derechas ni izquierdas. Los grandes temas que probablemente apasionan en este siglo serán distintos a los que hoy ocupan a las izquierdas y derechas, empezando por su propia nomenclatura.

El intento por darle ubicación geográfica o geométrica al pensamiento político ha terminado por banalizar el pensamiento a través de la palabra. El diccionario político debe ser puesto en cuarentena, cuanto mejor en lazareto. Nada viviente manifiesta estas rigideces que son propias de los esquemas que ven en el político al geómetra y a la sociedad la imaginan como una cuadrícula.

Sólo el estrabismo puede mal entender la realidad política. Esto me recuerda el verso del poeta español Francisco de Quevedo y Villegas a una persona bizca:

Si a una parte miraran solamente

vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran?

Y si a diversas partes no miraran,

se helaran el ocaso o el Oriente.

El mirar zambo y zurdo es delincuente;

vuestras luces izquierdas lo declaran,

pues con mira engañosa nos disparan

facinorosa luz, dulce y ardiente.

Lo que no miran ven, y son despojos

suyos cuantos los ven, y su conquista

da al alma tantos premios como enojos.

¿Qué ley, pues, mover pudo al mal jurista

a que, siendo monarcas los dos ojos,

los llamase vizcondes de la vista?

Hoy no faltan tampoco los políticos auto titulados progresistas al que el poeta cordobés Alejandro Nores Martínez se anticipara en precisarlos (con perdón):

¡Demócrata en el pensar,

Fascista en el proceder,

Comunista en el joder

Y boludo en el obrar!

Subjetivismo político, trastrocamiento de valores, nomadismo ideológico, corrimientos acomodaticios, personalismos vacíos, saltimbanquis a derecha, izquierda y centro según las conveniencias, tránsfugas en el sentido literal, carroñeros del sistema electoral, presupuestívoros, y otros especímenes de distinto pelaje componen el degradado marco político actual.

A todos ellos se contraponen las figuras consulares y con alta carga de valores específicos, verdaderos estadistas, que hicieron grande a la República Argentina, desde mediados del siglo XIX, hasta las primeras décadas del siglo XX. Y desde entonces con notables y escasas excepciones. (*) Abogado-diputado radical mandato cumplido


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