El Papa extrañado

En la mesa de Noche Buena, un empresario veterano en esas lidias y hombre de edad suficiente como para sentenciar en sus opiniones, me señaló con simpleza algo que muchos consideramos como el criterio claro para una sociedad moderna, pero casi todos carecemos de la fórmula para realizarlo. “En este país (aclaro que no es el de su nacimiento), lo que se necesita es una mesa de acuerdo entre los representantes del capital y los de los trabajadores, desde allí se puede diseñar el nuevo modelo argentino”, me dijo, y a mí me dejó pensando.

Lo primero que tomé en cuenta fue que los políticos parecían no tener lugar en esa mesa de acuerdo, lo segundo fue buscar, afanosamente, algún ejemplo mundial y contemporáneo para comparar. Creo que las características propias de la mesa de Noche Buena me llevaron a la Polonia en los años 70s’ cuando ese país era dominado por el comunismo y los grupos opositores eran pequeños y estaban desunidos. Me acordé del sindicato Solidaridad de Lech Walesa y de aquel 16 de octubre de 1978 cuando un polaco fue elegido Papa, un polaco de nombre Karol Wojtyla que pasó a llamarse Juan Pablo II.

Fue entonces cuando le pregunté a mi interlocutor quién podría ser el árbitro de la mesa fundacional propuesta y el veterano empresario se puso meditabundo. Yo por mi parte no insistí con la pregunta y me puse a reflexionar sobre mi propia opinión al respecto. Fue en ese momento en que me surgió la idea de que ante el poderío brutal y perverso del oficialismo actual en la Argentina, la oposición aparece débil ante el neoliberalismo y poco unida en favor de los derechos fundamentales del Pueblo, en especial de los más vulnerables y, por ende, los más necesitados.

También llegó a mi memoria el 13 marzo del 2013, cuando el argentino Jorge Bergoglio fue elegido Papa, sucesor de Benedicto XVI. Ese argentino se hizo llamar Francisco. Pocas horas antes había escuchado a Francisco, celebrando ese 24 de diciembre, en la Basílica de San Pedro, la Misa por la Solemnidad de la Natividad del Señor. Francisco había dicho que José, con María su esposa, subió "a la ciudad de David, que se llama Belén" prosiguió manifestando que “esta noche, también nosotros subimos a Belén para descubrir el misterio de la Navidad. Belén: el nombre significa casa del pan.

En esta casa el Señor convoca hoy a la humanidad. Él sabe que necesitamos alimentarnos para vivir. Pero sabe también que los alimentos del mundo no sacian el corazón. En la Escritura, el pecado original de la humanidad está asociado precisamente con tomar alimento: ‘tomó de su fruto y comió’, dice el libro del Génesis. Tomó y comió. El hombre se convierte en ávido y voraz.

Parece que el tener, el acumular cosas es para muchos el sentido de la vida. Una insaciable codicia atraviesa la historia humana, hasta las paradojas de hoy, cuando unos pocos banquetean espléndidamente y muchos no tienen pan para vivir Presté atención a nuestra mesa y todo me quedó claro. Francisco era el más indicado para arbitrar aquella otra mesa propuesta. ¿Dónde está Francisco por estas horas y desde 2013? ¡Está extrañado! El primer Papa latinoamericano, el Papa argentino, el que será por siempre el argentino más famoso de la historia. El que nunca volvió a su tierra. El que fue extrañado por la “grieta” y al que hoy estamos extrañando ante nuestra vicisitudes. Extrañamos al que extrañamos.

El escritor Józef Teodor Konrad Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad, dijo aquello de que “los polacos no son ni buenos ni malos, son incorregibles”, pero los polacos supieron corregirse. Jorge Luis Borges plagió a Conrad y dijo lo mismo sobre los argentinos, nosotros no podemos corregirnos.

El 2019 deberá ser el año en que podamos encontrar el modelo argentino de inclusión y de equidad. El año de la justicia social. El año de la independencia económica y la soberanía política. Todo deberá resolverse entre los que pretendan distribuir nuestra riqueza con justicia para ambos intereses en pugna.

Francisco debe volver de su extrañamiento, debe ser la prenda de paz y justicia con pan, estamos extrañando mucho a alguien que pueda venir a poner la cosas en el justo punto de la hora del Pueblo, hay que imponerlo desde nuestro voto sabio, sin condicionamientos y sin presiones que abusen de las necesidades del Soberano.

La Argentina nueva de las próximas décadas comienza este año.

¡Que el 2019 termine siendo feliz!


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