Donde un ciudadano sencillo habla de Economía


Algunos dicen que la Economía es una ciencia social, otros, que es exacta, los demás, hablan de un mix, y los que vamos de a pie, lo único que podemos afirmar es que se trata de una construcción sofismática que hunde sus raíces en la mentira, maquillándola de Verdad.

Al grano. En nuestro país, que tiene las condiciones óptimas naturales para generar riqueza: Un suelo feraz, un vientre de la Tierra opimo en la energía arcaica legada por los dinosaurios, aguas y nieves puras, costas abiertas al resto del Planeta como pocas; una población que, aún siendo escasa espera su momento para producir riqueza, constituyendo un potencial sin parangón. Que cuenta con una climatología envidiable en las cuatro estaciones, por turno en todo su territorio; en este País, argentinos, se enriquece a índices epopéyicos una minoría timbera que vive del escolaso, sobre una mayoría humana que día a día pierde exponencialmente su capacidad de subsistencia, porque siempre la va de punto ante la banca que maneja a su antojo el sabot financiero. Sujetos estamos a una maldición anunciada pero nunca asumida. Eso, en regímenes de gobierno de cualquier pelaje.

Paso a demostrar la maldición

Resulta que la Economía en una gestión de Gobierno en el seno la República, lejos de ser una Ciencia, se convierte en una baraja marcada [esa que siempre va parar al sabot de la Banca para que pierda el Punto]. Tal es lo que nos sucede hoy mismo con los Macri, los Dujovne, los Sandleris, y todos, todos los que los precedieron, de los cuales sólo pongo un botón de muestra: Aranguren; además de los que son obsecuentes por la migaja servida en la cañota timbera que como sabemos es un estipendio para el que no juega pero presta su casa para que los otros jueguen.

Si fuera totalmente social, como Ciencia la Economía debiera moverse conforme las leyes lógicas de toda estructura que maneja los entes de la Economía planetaria, teniendo como eje y vector a la Persona en su vida social, a saber: La extracción de bienes de la Tierra, la transformación, la circulación y la comercialización, agregando por supuesto, el Dinero. En la Argentina, la Economía siempre será el reducto aislado en el que los rapaces mundiales vienen a colocar sus inmundas fichas en manos de los sucesivos gobiernos que usan a la República como casino privado, con las instituciones como garantía. Aquí, paisanos, el que sabe, sabe y el que no, es lobbista. Pero ojo, aquí, el que sabe, es Banca, el empleado de moño e impecable peinado, empleado de los lobbies; el que manipula el sabot.

Me pregunto cómo es que bajando el dólar después de una durísima escalada de dos meses, bajando el crudo petrolero en el mundo, cotizado en dólares por barrilete, aquí continúen subiendo los combustibles energéticos [se espera un 100% en este año], y entendiendo [mientras mascamos el sapo] que posiblemente a las petroleras universales todavía les falta para recuperar costos venidos a menos durante la era glacial del otro populismo, los alimentos del yantar diario del de a pie, el Sencillo, se convierta cada día en un angustioso objeto de deseo que se adquiere no para lujo sino para alimento, cada vez en menor cantidad y a mayor precio. Cómo entenderlo, no lo sé.

Si los combustibles suben, es un contexto interno que, sujeto a las idas y venidas del dólar, esa procaz mercadería universal impuesta desde los 70 del corrupto de Nixon como mercadería para lavar los costos de Viet Nam, medidos en EEUU, como queda claro, solamente en billetes y no en costo humanitario. Nixon quita el respaldo oro de la bisutería impresa, y lanza al billete como mercancía con valor propio, y ahí entramos como latigazo los que integramos ese colectivo llamado Humanidad planetaria.

Los Macri, los Dujovne y sus secuaces no hacen más que dos cositas para asegurarse la buena ventura de su futuro feliz: Timbean y encima hacen trampa en el reparto de cartas al Punto, que reitero, somos nosotros, los Sencillos del Pueblo. Suben y bajan tasas de “inversión” timbera, las Lelic, por ejemplo, compran pesos y luego se deshacen de ellos comprando verdes, y de estímulo a la inversión productiva, ni un carajo, mire vea. Por lo contrario, impuestos sobre impuestos y más impuestos...

Esto último explicaría dos terroríficas cosas: 1] Mientras estos siniestros personajes del Poder reciben a los lobbistas de pelajes varios financieros y energéticos, para aceptar las reglas de la timba financiera con el precio del dólar, aquí, a nosotros los contribuyentes, nos muelen a impuestos, subas de tarifas de servicios críticos como el agua, la electricidad y el gas; y, 2] Transan con los otros lobbistas internos, que son los verdaderos formadores de precios al consumidor en una siniestra cadena acumulativa; la leche, por ejemplo, la harina, la carne, los cereales; por supuesto el pan y los fideos, etcétera. Un párrafo aquí para las cadenas de supermercados, empernadores seriales de la economía doméstica, a la de Doña Clota, me refiero; resulta que estos mastodontes se las arreglan para poner su nombre comercial en productos como la leche, el té, el café, los aceites y muchos productos más de las necesarias vituallas caseras. Así, no contentos con ser formadores de precios en el mostrador, [sea más moderno, Profe, hoy se dice góndola], intervienen en la cadena formadora de precios que nunca los disminuye. Sin contar el buen menú de trucos y trampas para hacer ver un artículo “en oferta”, que, mientras lo exponen en escaparates imposibles de soslayar, sobre todo a la entrada del comercio, un sagaz consumidor haciendo fuerza sigue hasta el último rincón gondolero, y halla otro producto similar, a menor precio. Esos tienen lobbistas que mantienen un statu quo de permanente inflación, por ser los mayores reguladores de precios.

Nos entretienen los informativos con aquello de “buscar la inflación cero” [pero a diario nos informan obscenamente que llegaremos a un 50% para la compra de productos de primera necesidad, a diciembre del 18 de este maldito trienio]. De esta manera, una verdad de Don Pero [Grullo]: Así, jamás se creará riqueza, y detrás de ello, no habrá laburo genuino, ni Educación, ni Justicia.

Dadas las públicas noticias internacionales, debieran bajar los combustibles. Pero, haciendo la salvedad ya dicha aquí de lo que hay aún por recuperar en la ética comercial, el resto de bienes naturales, su transformación y su comercialización no debieran tener ni un punto de suba. Porque la Lógica es la Lógica, Paisanos: Si yo pertenezco a una cadena formadora de precios, corruptamente interminable además, cuando a mí me bajan los costos primarios sea cual sea mi actividad, no debo agregar precio al producto que me toca entregar al que viene. Eso, si los lobbies locales no existieran con su asquerosa forma de: Sindicatos y gremios que siempre están en la prendida, y siniestros personajes que gestionan lo peor de lo peor para la economía del Sencillo, esos que son los Bancos.

¿Inflación Cero? ¡Minga Piringa, Paisanos...!

En resumidas cuentas

Así descripta la situación, concluyo: La Economía aplicada a la administración del dinero del contribuyente en la Argentina en manos de vivillos populistas de uno u otro signo político, por empezar ni es Ciencia, siguiendo con que ni es social, ni siquiera exacta. Como en la timba ¿vio? En el Truco la mentira es ley.

Además, toda Ciencia se guía por las reglas de la Lógica pura, sin adjetivos; ese capítulo insignia de la Filosofía en la que lo que es, es, y lo que parece que es, no es. Estamos en manos de sofistas de burdel que toman premisas falsas, las elaboran en mesas de números y calculadoras, e intentan demostrarnos conclusiones verdaderas.

Eso es todo, Paisanos. Gracias, y me voy a comprar un pucho en el quiosco donde me lo venden a diez pesos con cara de perdonavidas.


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