El día en que a Urtubey Salta le dijo ¡Basta…!

Con su dedo “bendiciendo” a Zottos colmó por enésima vez la medida

Esta vez no fue un mero cachetazo de esos que puede significar una derrota de medio tiempo, donde todos pierden y se tienen que ir a la casa, salvo el que conduce, pues ostenta nada menos que el cargo de gobernador. Y por si ello fuera poco, un gobernador convencido de ser un elegido por su Dios que lo privilegió in eternum con el óleo sagrado de Samuel.

Y eso es precisamente lo que viene creyendo Juan Manuel Urtubey desde siempre, pero más convencido que nunca desde el afortunado tiro de taba del 2007 cuando, siendo aún “el Juancito” delfín de su ex amigo y padrino Juan Carlos Romero le cayó suerte inaugurando su ambicionado ciclo de (primero y bajo palabra de honor) “por un mandato”, pero finalmente y para su desgracia, “estirado a lo Romero” a tres, que expirarán en 2019.

Repasar la década desperdiciada por Juan Manuel Urtubey, primero colgado del saco de un Néstor Kirchner que lo odiaba con Moyano a la cabeza y toda su banda; y luego de las polleras de luto de su designada sucesora la reina Cristina que terminó también repudiándolo “por traidor”, es como rezar un rosario de caprichos en lugar de razones y logros que deben caracterizar a quien se precie de ser un conductor.

Y que conste que nuestro Juan Manuel proclamó por largo tiempo que su libro de cabecera era precisamente –entre otros tantos del sabio general- el de Conducción Política.

Sin que en modo alguno esto signifique siquiera un intento de justificar la soberbia del gaucho Juan Manuel iluminado y bañado por el sagrado Óleo de Samuel, hay que decir que obviamente también por decisión personal, se rodeó siempre de alcahuetes en lugar de colaboradores que le aporten ideología a un proyecto de provincia y –por supuesto- de País ya que el joven jamás ocultó su ambición de sentarse algún día en el sillón de Rivadavia, donde hasta le ganó, en incomprensible sacrilegio, Balcarce, la mascota de Macri.

Fue también entornarse –cabe remarcarlo- del remanente de los golden boys presupuestívoros romeristas, al decir del veterano peronista de mil batallas Juan Carlos Villamayor, devenidos también en hasta aquí impunes nuevos millonarios.

Así las cosas, con su néstorcristinismo kirchnerista por el mismo Urtubey reconocido como “ad honorem” pues la provincia no sólo se empantanó sino que retrocedió en el aspecto de la gestión por donde se la quiera analizar, el resultado que hoy salta a la vista no podía ser otro que el del fracaso.

Fracaso de gestión y, con la paliza de las elecciones recientes, político.

Así como de nada pero absolutamente de nada le sirvió a él y mucho menos a la provincia su mentiroso Cristinismo de última hora cuando se incorporó fervientemente a los aplaudidores de Cristina y su candidato presidencial de telgopor Daniel Scioli. Jugada que tampoco le redituó (ni a él ni a Salta, lo repitamos) ni siquiera lo que nos corresponde como un Estado de un país Federal sólo en teoría.

El macrismo tardío de don Juan Manuel salteño de mil desfiles disfrazado de gaucho no lo conmovió al hombre-iceberg llamado Mauricio ni a su entorno donde a diferencia de lo que siempre hizo nuestro gobernador, se encargó de instalar primeras espadas y no marionetas de capacidad cero, coraje cero y de compromiso político, doctrinario y social bajo cero. Aún con jerarquías ministeriales.

Todos cultores del “si Juan” o del “si Juancito” o del “si bwana”; obviamente incapaces de un “no” aunque el capricho y los humores gástricos del number one les imponga tragar rococos como el último de un Andrés Zottos como primer candidato a diputado nacional por el PJ. Visceral antiperonista y renovador ideológico de los herederos del pensamiento del patriarca del PRS engendro del Proceso, el marino Roberto Augusto Ulloa, al que con él a la cabeza patearon impiadosamente y dinamitaron su partido.

Este último capricho fue enmarcado en una campaña que rozó –y por qué no decirlo trascendió- los límites éticos de la política cuando en persona tomó de la mano a su nuevo “apóstol” y sin anestesia se los enchufó a los peronistas llegado a hacerlo aplaudir hasta por los supuestamente doctrinarios sindicalistas a los que alguna vez el mismísimo Perón honrara con la honrosa denominación de ser la columna vertebral del movimiento nacional justicialista.

Acá hoy, y en este tiempo de la política (y el tesoro estatal) asaltados, los prebendarios del poder se asocian en frentes electoralistas sin las menores e imprescindibles coincidencias programáticas como el engendro al que el mismísimo Urtubey puso el nombre de “Unidad y Renovación” agraviando una parte de la historia del PJ salteño que con Roberto Romero a la Cabeza luchó por la reconquista de la democracia de manos de la última dictadura genocida que enlutó la Argentina.

“Acá vale todo” parece inspirar el falsificado y nada sagrado Óleo de Samuel de estos tiempos decadentes.

Y lo demuestran en forma irrebatibles hechos como aquel de “pongo” a mi hermano de candidato a senador porque es “la misma sangre…” o a la otrora idénticamente fanática antiperonista Cristina Fiore ¡también para senadora nacional por esta Salta de peronistas dignísimos, tanto mujeres como varones!

En esa ocasión, donde la Rama Femenina del movimiento peronista salteño traicionó su propia historia de luchas iniciadas por la enorme estatura de Eva Perón, aceptando calladamente y hasta aplaudiendo el manoseo, fue Urtubey el que ante un micrométrico atisbo de queja les respondió socarronamente: “No se preocupen… si Cristina Fiore no les gusta… ¡ya les va a gustar…!

Lo mismo, absolutamente lo mismo que aquello de “la misma sangre” o ahora el frustrante “el compañero Zottos… caro, pero el mejor”

¡Y ni hablar de los aliados presupuestívoros, los radicales “cash”, los zurditos de derecha pro opus dei, los representantes del partido de los funcionarios y todo tipo de aliados oportunistas con los que se creyó poder fabricar pan! Pero que a la hora de elaborarlo resultó que era mucho afrecho y nada de harina. Como lo sabía decir el genial autodidacta y último caudillo peronista salteño, Romero padre.

A esas pifias que por cierto irritaron y quebraron la adhesión tanto puertas adentro como hacia afuera del P J “U” provinciano, más allá de la engañosa “cosecha” de votos barridos cada vez con más dificultad por los intendentes y legisladores pancistas y levantamanos expertos en el chantaje del voto cautivo por el reparto de colchones, bolsones y regados asados, se sumaron infinidad de descuidos que una conducción y un gobierno serios no puede cometer sin que llegue la hora del castigo.

En ese caminar sin tolerar las críticas ni aceptar sugerencias siquiera de los más allegados y hasta amigos, Juan Manuel Urtubey acaba de quedar “colgado de la brocha” porque las urnas le sacaron la escalera.

Y lo más grave era que en ese frágil pedestal se sentía un Coloso de Rodas en El Portezuelo o en el Puerto de Buenos Aires, presto a lanzar, entre los efluvios del festejo de una victoria con altísimo costo dinerario pues se promocionaba como un Pavarotti a cualquier guitarrero aventurero de la política devaluada, nada menos que su campaña presidencial.

A la par, obviamente, la en apariencia más factible por la conducción del implosionado PJ Nacional.

El porrazo del domingo 22 hoy muestra un desconocido a nivel país gobernador sanjuanino Sergio Uñac y algunos otros dirigentes –veteranos y jóvenes- con posibilidades y títulos más que válidos para aspirar a tan trascendente sitial de conducción política.

Dirigentes “con territorio”, ganadores, requisito indispensable en el peronismo para sentarse a la mesa chica del truco –o del ajedrez suena más adecuado hablando de política sin tramposos- donde se definen conducciones y estrategias para la reconquista del poder perdido tras la década estragada por el kirchnerismo.

Porque si en algo coincide la mayoría del peronismo en el conjunto de las provincias es que la nueva etapa no va a tener una reina déspota con un gabinete de ladrones y una guardia pretoriana revolucionaria a sueldo, sino un movimiento saneado por sus propios anticuerpos. Como ocurrió históricamente en el peronismo desde el 55 al presente.

Y allí sí ahora, tras su penosa militancia néstorcristinista ad honorem y su fallida pretendida máxima posible cercanía a Macri, de nuevo nuestro gobernador podría entrar a jugar algunas fichas.

Campo difícil porque está ya comprobado que para la acción política de aquí al 2019 su ex compañero y actual vencedor el intendente capitalino Gustavo Ruberto Sáenz ya tiene el sello de la escudería de Mauricio Macri y equipo completo.

Pero como hoy por hoy la promesa general –salvo del reino de Cristina en La Matanza- es la de civilizar la política e intentar de una buena vez gobernar con diálogo y respeto a las instituciones de la república, esa posibilidad queda abierta para un Urtubey que –hay que reconocerlo- no es ningún lelo en la materia, aunque guste rodearse de ellos. Dicho esto salvando las excepciones de toda regla obviamente; y dicho así expresamente para salvar a los que entienden, saben, tienen compromiso ideológico y respetable trayectoria. Aunque el poder los ralee y hasta manosee como le sucedió a la valiosa figura de Sonia Escudero en este reciente proceso electoral.

¿Y el “Proyecto José Urtubey 2019”?

¡Qué preguntita…!

Mientras la troupe del incoherente “Frente Unidad y Renovación Modelo Urtubey 2017” aplaudía y paseaba con aire triunfal al antiperonista Andrés Zottos como el nuevo “apóstol” bendecido por Juan Manuel, también ya circulaba por las arterias del gran Plan “Urtubey Presidente 2019” la paralela “Operación “José Urtubey Gobernador 2019”.

Era “lógico” El poder no se rifa, y seguramente renacerá la idea, cuando se apacigüen los efectos del último tsunami.

Eso sí, para ello habrá que buscar jugadores para un equipo de primera, porque para mamarrachos, basta lo vivido, seguramente se meditará en las soledades del poder.

Cuando “renunciar” no es renunciar

Para espanto de tanto presupuestívoro vivo, avivado y acostumbrado, conocido el veredicto de las urnas del 22, el gobernador Juan Manuel Urtubey anunció su renuncia a la presidencia del partido, reconociéndose, como corresponde, como el Mariscal de la nueva derrota peronista en Salta.

Renunciar, en el cabal significado del término no necesita en absoluto del aditamento de “con carácter indeclinable”. Se renuncia y punto. Tampoco el verbo puede ser acompañado por la advertencia de “renuncio de mentira” o “sujeto a revisión” o al engendro que suele llamarse “operativo clamor” para que la renuncia no sea renuncia.

Pero la jugarreta se consumó y sin mayores rubores, o por lo menos sin rubores a la vista, el mariscal de la derrota y sus centuriones retiraron las dimisiones atadas con tanza para pescar tiburones, ¡quedando reconfirmados en sus cargos!

Eso sí… proclamando haber realizado una “profunda autocrítica” jamás pensada y “convocando a un PJ de puertas abiertas para todo compañero y compañera peronista que quiera volver a habitarlo…”

Inevitable será que muchos de los becarios del Grand Bourg emigrarán de sus alfombrados y refrigerados despachos y dejarán de disfrutar los placenteros viajes con viáticos en el Lear que solventa el conjunto de los ciudadanos de esta bendita tierra. Aunque no serían sorprendentes algunos “enroques” que eviten aumentar la desocupación de tantas lealtades.

Pero esa proclama de autocrítica y apertura acompañada por la ratificación en sus cargos de la cúpula resulta tan evidentemente indigerible que de inmediato volvió al centro de la escena política el intendente Sáenz para decir, palabras más, palabras menos:

¡Muchachos:… déjense de joder…! ¡Ni nosotros los peronistas en particular, y mucho menos los salteños en su conjunto, comemos vidrio…!

Y… ya que estamos, ¡gobiernen!


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