Vida y obra del ingeniero Roberto Germán Ovejero, uno de los artífices de la UNSa

El pasado 25 de abril se cumplieron diez años de la muerte del Ing. Roberto Germán Ovejero uno de los artífices de la actual Universidad Nacional de Salta. Matemático y físico de nota tuvo un papel preponderante en la enseñanza y la investigación. Esta nota es un homenaje a su memoria.

En la galería de salteños ilustres y poco conocidos para las nuevas generaciones resalta la figura del Ing. Roberto Germán Ovejero (1931-2007). Entre la pléyade de hacedores de la actual Universidad Nacional de Salta, el Ing. Ovejero tuvo un papel determinante como el hombre de la transición desde la vieja Universidad Nacional de Tucumán a la joven y naciente Universidad Nacional de Salta que abrió sus puertas en 1973. No viene al caso realizar aquí una cronología de los hechos acerca del origen y evolución de la universidad, tarea de la cual se han ocupado diferentes investigadores e historiadores en notas, artículos y libros varios. Sí en cambio presentar algunos aspectos biográficos breves de quien fuera una respetada figura de la comunidad universitaria.

El Ing. Ovejero nació circunstancialmente en Buenos Aires en 1931, pero vino a Salta a temprana edad donde cursó los estudios primarios y secundarios. Estudió y se recibió de ingeniero en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Profundizó sus conocimientos en las áreas de física y matemáticas donde descolló no solamente en la docencia, formando a numerosas generaciones de profesionales, sino también en la publicación de importantes trabajos científicos y académicos. Hombre de una profunda inteligencia, serio, introspectivo, tenía una mente estructurada y se ocupaba hasta de los más mínimos detalles. Esto fue crucial para poder llevar adelante, en su carácter de ingeniero, el proyecto de ejecución de las obras de la Universidad en Campo Castañares, fungiendo entonces como Delegado Organizador.

Se venía a concretar así un largo sueño de autonomía en el cual habían actuado las asociaciones estudiantiles y las fuerzas vivas de Salta que querían una universidad propia e independiente de la de Tucumán. Para ello se contaba con un proyecto de factibilidad original que había sido dirigido por la comisión presidida por el Dr. Arturo Oñativia. Para entonces toda la zona norte de la ciudad, desde el Aeroclub hasta el río Vaqueros era prácticamente un descampado. La infraestructura era muy básica y para construir había que trasladar todo por una ruta precaria.

El Ing. Ovejero tuvo que lidiar con la burocracia estatal, la logística, los proveedores y el avance de las obras. Sus viajes a Buenos Aires y Tucumán lo llevaban a viajar de ida y vuelta, día y noche, trabajando sin descanso, dedicando el doble de horas al trabajo. Se lo veía recorriendo las obras a la mañana, a la tarde, a la noche, dirigiendo en un lado, calculando y debatiendo con colegas en otros, diseñando o rediseñando los espacios, sacrificando tiempo a su familia, robándole horas al sueño, ya que arrancaba al alba y regresaba entrada la noche. Era el primero en llegar y el último en irse. Había que trabajar sin parar esos frenéticos meses de 1972 para poder abrir las puertas en enero de 1973.

Me tocó ser testigo directo y presencial de aquellos acontecimientos gracias a una feliz circunstancia. Don Joaquín Alonso, mi padre, era uno de los que proveían de áridos de los ríos vecinos para las obras en construcción. Tanto trajinar en estas faenas le llevó a entablar un trato cordial con el Ing. Ovejero. En muchas ocasiones acompañaba a mi padre en sus tareas. Para entonces estaba terminando el colegio secundario y tenía como meta ingresar a la nueva universidad. En las conversaciones azarosas que ellos mantenían, mi padre le había comentado al Ing. Ovejero que tenía un hijo entusiasmado con seguir la carrera de geología y le pidió si podía ponerlo al tanto de lo que significaba la vida universitaria. Fue así como un cierto día nos encontramos con él y allí sentados los tres sobre una plataforma en construcción me impuso de algunas verdades producto de su experiencia universitaria.

Para entonces el Ing. Ovejero tenía 42 años pero desde mi perspectiva de los 17 años lo veía como a un venerable anciano. Recuerdo las palabras simples y llanas, los conceptos cabales, las recomendaciones justas y precisas. Me habló del esfuerzo, la responsabilidad y la dedicación. De la importancia de la física, la química y las matemáticas como pilares fundamentales en los estudios de las ciencias exactas y naturales. Me alentó a que iniciara la nueva etapa poniendo toda la seriedad y energía en el objetivo. Más allá de conocerse con mi padre por estrictas cuestiones laborales, lo que siempre me quedó grabado en la memoria es como aquel hombre importante y sumamente ocupado gastó aquellos minutos de su valioso tiempo para distraerlos con un simple alumno secundario. Ello forma parte de la magnitud humana y la profunda vocación docente con que estaba investido ese salteño ejemplar.

En la universidad se lo recuerda fundamentalmente en su rol de profesor y sus clases de Física Mecánica. En cambio es menos conocida su obra académica con importantes aportes en los campos de la física y la matemática. Era un estudioso de los desarrollos matemáticos de la teoría de la relatividad de Albert Einstein y de la Mecánica Cuántica. Publicaba sus trabajos en los congresos y revistas nacionales de la especialidad, entre ellos los Anales de la Asociación Física Argentina. Estuvo a cargo de la organización de la reunión científica anual de la Unión Matemática Argentina que se llevó a cabo en la sede de la UNSa en 1975.La muerte lo sorprendió mientras se encontraba en pleno trabajo de organización del congreso de la Asociación Física Argentina en 2007.

Algunas de sus obras publicadas son “El soporte proyectivo de las leyes básicas de la Física” (UNSa, 119 p., 1991), donde aborda los temas relacionados con la geometría proyectiva, espacios vectoriales, la geometría del plano de configuración, relatividad especial y la geometría del espacio de fase. También en la 99a Reunión Anual de comunicaciones Científicas de la Asociación Física Argentina, que se llevaron a cabo en 2004 en Bahía Blanca, dio a conocer un artículo titulado “Sobre ondas y partículas”. Asimismoy, parafraseando a Galileo Galilei, escribió sus “Nuevos diálogos entre dos ciencias” donde aborda la problemática de la relatividad general de Einstein en relación con la física cuántica. Sugiere en ese trabajo un cambio en el soporte geométrico de la teoría de la relatividad y una reconsideración del soporte matemático de los procesos cuánticos, en orden a compatibilizar ambas ramas de la física. Aborda allí cuestiones sobre el Espacio de Minkowski, la Gravedad Cuántica, el Espacio Espumoso y el Espacio de Fase.

El Dr. Víctor Passamai, en una breve biografía escrita unos días después del fallecimiento del Ing. Ovejero, lo describe como “Profesor, Maestro y Sabio de la UNSa”, remarcando que “fue un hombre que dedicó su vida a hacer ciencia y tratar de desentrañar los secretos de este Universo de la Física y la Matemática que lo describe”. Luego apunta: “Y qué notable entusiasmo que tenía, yendo al trabajo antes de las ocho, para desarrollar sus pensamientos a través de la computadora, con algún programa que le permitía escribir fórmulas en la cantidad y calidad que necesitaba. Indudablemente que su vida la dedicó a promover el desarrollo, en forma integrada, de la Física y la Matemática. Ovejero era, sobre todo, un señor, con mayúsculas. Apasionado por la universidad, a la que tanto quería”. Completa Passamai sus palabras diciendo: “Habrá que esperar, como la historia de la humanidad lo hizo con otros, que el tiempo permita a muchos ver lograda su obra”.

El Ing. Roberto Germán Ovejero Solá casó con Haydee Antonia Cornejo Álvarez y tuvo ocho hijos: Roberto, Martín, Benjamín, María, Elisa, Teresa, Mercedes y Josefina. Falleció en Salta el 25 de Abril de 2007, a los 77 años de edad, en plena productividad científica y académica.


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