¡Ay… “Unidad y Renovación…”!


Cuando en el año 1983 la última dictadura militar expiraba tras escribir la página más trágica de nuestra historia merced a la resistencia de un pueblo que pagó un precio inconmensurable por la reconquista de la Democracia, en Salta y desde el justicialismo el nombre de una corriente del P.J. salteño, “Unidad y Renovación”, triunfaba en elecciones internas con el liderazgo del último caudillo peronista Roberto Romero.

Los historiadores, los ciudadanos memoriosos, obviamente los periodistas que asientan la historia en las hemerotecas y obviamente en estos tiempos en los registros digitales, coinciden que esa recuperación de las libertades y los derechos constitucionales pisoteados por el facto genocida del “Proceso” significó para Salta una verdadera bisagra en su historia política largamente dominada por un también histórico conservadurismo.

Así fue como el nombre de “Unidad y Renovación” tal vez sin imaginarlo o sólo planteado por sus fundadores como un sueño idealista, hoy, casi a 35 años de distancia, vuelve a ser tomado como identidad por actuales generaciones dirigentes del gobierno de sello justicialista, más un verdadero abanico de socios electorales que -nobleza obliga- va de suyo generen dudas inevitables por la devaluación de sus ideologías originarias frontalmente opuestas al justicialismo. Pero es la realidad, la única verdad, como bien lo dijo Aristóteles y lo grabó para su prédica el genio de Perón.

Hace pocas horas, nuestro gobernador Juan Manuel Urtubey, que como su antecesor también justicialista Juan Carlos Romero, transita su tercer mandato por voluntad de los salteños expresada en las urnas, proclamó que su estrategia electoral para los comicios de medio tiempo de este año, llevará ese rótulo histórico. Y tras anunciarlo, recibió el aplauso de ese conglomerado de partidos y agrupaciones que conforman este nuevo frente.

Un verdadero arcoiris de políticos a los que Urtubey convocó replanteándose primero a él mismo un concepto histórico del peronismo sobre su estructura vertical, para lo cual tuvo que distanciarse presuroso de una militancia ferviente y reverencial en el autoritario mando de Néstor y Cristina Kirchner; más precisamente, hasta la para ellos inimaginable derrota del candidato de teflón Daniel Scioli.

En su arenga de presentación de este Frente “Unidad y Renovación” y quizás sin haberlo meditado mucho para bautizarlo, Urtubey toma una posición de apertura como la que el romerismo originario adoptó pero -he aquí la diferencia- tras ganar una difícil interna. Y la apertura era para pares en doctrina.

Hoy la lamentable consigna es ganar con dos objetivos: uno, para llevar al poder central de Mauricio Macri en “bandeja de plata” si es posible, todas las bancas para sumarlas a la “gobernabilidad” que con un federalismo utópico como el de nuestro país se desnuda en una negociación del “concesiones” para mitigar la histórica postergación de la Argentina profunda, marginada, con más pobreza y atraso que nunca. La Argentina de los gobernadores devenidos en mendicantes delegados del interior.

Y a la par, la evidente necesidad del gobernador salteño de mostrarse ante el país ganador en su territorio, para seguir avanzando en su tan ambiciosa como legítima aspiración a llegar a ser algún día el presidente de los argentinos. Y -va de suyo- también como conductor de la herramienta fundamental que es el Partido, hoy dinamitado por su ex líder y conductora, Cristina.

Entonces la utilización del nombre de una Agrupación Histórica que lo primero que hizo fue redactar, amén de su Declaración de Principios, una Plataforma de Gobierno que profusamente difundió y que no dejaba área sin cubrir con los ejes centrales de políticas de Estado para una ansiada Nueva Salta, no puede dejar de significar para los que se suman, compromisos y consensos de fondo.

Ahora, si el criterio es el de amontonar gente y sellos, bien vale advertir sobre los riesgos que implica a futuro conformar un frente donde nadie tiene compromiso político con un común denominador sustancial de doctrina y partido, sino que por el contrario cada uno se cree un “elegido” como libre pensador y actúa sin responder a un proyecto, a su plataforma y su compromiso social claramente expuesto y por el que obviamente debe jurar.

Bien vale entonces repasar los nombres de quienes como precandidatos a diputados nacionales fervorosamente aplauden en esta etapa de la reconstrucción democrática aún con tremenda deuda social en Salta y en todo el país, a un gobernador, Juan Manuel Urtubey, levantando como bandera identificadora el histórico nombre de Unidad y Renovación (Justicialista, obviamente):

  1. Matías Posadas.

  2. Andrés Zottos.

  3. Lucio Paz Posse.

  4. Alejandro Nieva.

  5. Emanuel Sierra.

  6. Sonia Margarita Escudero.

Como evidentemente esta urdimbre ideológica lo que menos expresa (salvo en el caso de Sonia Escudero) es Unidad de pensamiento político; y mucho menos coincidencias programáticas por un proyecto de Modelo de País, los indicios de que la elección del nombre de este Frente fue más bien una ocurrencia imaginada por los onerosos estrategas del poder de turno, sirven para explicar su razón.

Pero eso sí, lejos, muy lejos, de la historia política de esta Salta tan generosa y tolerante con los falsarios que asaltaron la política y sus valores esenciales morales y éticos.

Va de suyo que en el tsunami de listas de candidatos en las otras categorías que incluyen estas elecciones parlamentarias 2017, aparecerán muchísimos nombres de mujeres y hombres con compromiso doctrinario justicialista y conocimiento de la historia indiscutibles.

Si lo dicho entonces en este comentario es un sayo que irrita… será, o ya es, un problema de los que le calce.

Como botón de muestra de lo “consciente y coherente” de la convergencia lograda por Urtubey en esta ocasión, que sirva de ejemplo la respuesta dada por un radical trepado a esta mala copia de aquella “Unidad y Renovación” principista y clara en su ideología, cuando un periodista le peguntó si conocía el origen del nombre. …Por supuesto respondió presumiendo de su conocimiento como estudioso de la historia política salteña: ¡Es el nombre de la corriente interna que en el radicalismo creó Raúl Alfonsín!

Tal vez ese joven que lucha por la Renovación le adjudique al gran demócrata primer presidente tras la reconquista de la Democracia en 1983, también aquella durísima sentencia política que alguna vez el fervor militante salteño acuñó diciendo: “Los negros con los negros… los cholos con los cholos…”. Y mejor ni preguntarle sobre definiciones de Eva Duarte o de Juan Perón.

¡Ay… “Unidad y Renovación…”!


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