Geología Metropolitana y el Gran Salta

Este artículo se asienta sobre tres verdades de a puño. La primera, bíblica, habla de la parábola de Los Dos Cimientos y nos enseña qué, más allá de la metáfora, el que construye sobre terreno firme tendrá su casa más protegida antes los eventos naturales que aquel que la construya sobre terrenos blandos, arenosos o poco confiables. La segunda reflexión tiene que ver en cómo las ciudades en su desarrollo avanzan sobre la geología y la reacción de ésta última que se vuelve en contra con hundimientos, subsidencia, inundaciones, licuefacciones de suelos entre otros fenómenos. La tercera también goza de la filosofía del sentido común y enfatiza en que todo lo que está construido por arriba del suelo viene necesariamente de las materias primas minerales que están del suelo para abajo. Bajo el rótulo de Geología de las Ciudades, Geología Social, Urbana o Ambiental se han enmarcado muchos de estos conceptos, que aquí proponemos englobarlos dentro de la “Geología Metropolitana” como neologismo integrador. Se entiende por metropolitano a todo aquellos perteneciente o relativo a la metrópoli, esto es al conjunto urbano formado por una ciudad y sus suburbios. El diccionario de la Real Academia define como área metropolitana a la unidad territorial dominada por una gran ciudad o metrópoli en cuyo entorno se integran otros núcleos de población, formando una unidad funcional, con frecuencia institucionalizada. Bajo esta definición caben todos los aspectos relativos a la geología en relación con las ciudades y sus diferentes proyecciones urbanas.

Las ciudades son un buen ejemplo de cómo el hombre avanzó sobre la geología y ahora es la geología la que avanza sobre el hombre. Los desastres fluviales en el verano de 2017 en Colombia, Perú (con el Niño Costero), Quebrada de Humahuaca, Tucumán, Comodoro Rivadavia, son un ejemplo de esta realidad fenomenológica. La ciudad es una enorme plancha de cemento, ladrillos y asfalto que se asienta sobre un paisaje geológico virgen y genera un cambio radical en la infiltración y drenaje de las aguas, reflectividad de la luz solar, absorción e irradiación del calor, afectación de la dinámica del suelo y del subsuelo, entre otros parámetros físicos y químicos que modifican el ambiente de esa comarca.

Dado que a toda acción se opone una reacción, a la acción de construir una ciudad aplastando a la geología preexistente, se opone la reacción de esta última de mantener sus valores naturales causando inundaciones, reaccionando el subsuelo de una manera diferente al paso de las ondas sísmicas, entre otros aspectos relacionados al riesgo geológico. Construir sobre terreno seguro, aun cuando parezca una cuestión actual y de sentido común, está ya patentemente explicado en la biblia como se aprecia en Lucas 6/46. Es aquella parábola que habla de “Los Dos Cimientos” y cuenta de un hombre previsor que construyó su casa ahondando los cimientos y enclavándola en la roca dura, mientras que otro no se tomó el trabajo y simplemente construyó sobre arena.

Lo cierto es que, dice el apóstol, cuando vinieron las tormentas y las inundaciones la casa sobre terreno firme soportó los embates de la naturaleza, mientras que la que estaba construida sobre arena se derrumbó. Si bien la parábola hace referencia al Sermón de la Montaña y la roca es una metáfora de la fortaleza de los principios humanos, el texto no deja de ser una explicación geológica manifiesta que cae en el campo de lo que hoy se ha dado en llamar geología social, urbana o ambiental. Muchos otros fenómenos geológicos están presentes en los textos bíblicos tales como la creación de la Tierra (Génesis), Sodoma y Gomorra, el petróleo (asfalto), la sal del Mar Muerto, la mujer de Lot convertida en estatua de sal, el Diluvio Universal, terremotos, posibles caídas de meteoritos, entre otros. La discusión sobre si los fenómenos son naturales o divinos, es lo que ha enfrentado a la ciencia y a la religión durante siglos. La parábola de los dos cimientos tiene que ver acerca de cómo y dónde construir correctamente.

Lo importante a rescatar es que desde un estricto punto de vista geológico filosófico todo lo que está del suelo para arriba, proviene de lo que está del suelo para abajo. El urbanista César Álvarez Adet sostiene que es imposible ninguna planificación urbana sino se tiene en cuenta el basamento e historia geológica del emplazamiento de la ciudad. Ello está en sintonía con los más modernos postulados de la geología urbana tal como ha sido desarrollado en mi libro: Alonso, R. N., 2015. Geología Social y Urbana. Reflexiones geológicas y geográficas en torno a lo antrópico, económico, climático y ambiental. Prólogo de Dr. José Sellés Martínez. Prefacio de Dr. William J. Wayne; 1a ed.- Salta: Mundo Gráfico Salta Editorial, 2015. 208 p.; 22 x 15 cm. ISBN 978-987-698-143-9.

Salta se asienta sobre un valle tectónico fluvial joven, de orientación meridiana, que es producto de la orogenia andina. El valle está surcado por ríos que lo atraviesan de oeste a este, que es la dirección de la pendiente regional y del drenaje atlántico. A dicha red fluvial hay que sumarle que, donde hoy se emplaza gran parte del micro centro, estaba cortado por los famosos tagaretes, una especie de arroyos, que se desplazaban sobre terreno arcilloso y cuya escasa pendiente los hacía lentos y perezosos. Sobre ese paisaje se asentó la ciudad que comenzó con una treintena de vecinos que se repartieron solares alrededor de la plaza y su palo mayor, para ser ocupados con viviendas, iglesias y fuertes, en un sistema de cuadrículas orientadas según los meridianos y paralelos geográficos, acompañados de calles de barro. Desde 1582 cuando fue fundada, hasta la actualidad, la ciudad avanzó a lo largo del eje del valle para constituir el Gran Salta. La ciudad en sí tiene unos 60 kilómetros cuadrados y alberga a más de 500 mil habitantes.

La pregunta es ¿Cuánto pesa hoy la ciudad de Salta? Cuanto pesan sus calles pavimentadas, sus casas, sus edificios, las personas y todos los bienes muebles e inmuebles. Sería ocioso intentar averiguarlo pero la cifra es de varios cientos de millones de toneladas. Ese peso repartido de manera no uniforme origina una carga sobre el suelo y el subsuelo. Dicha carga genera subsidencia o sea un hundimiento lento que puede ser imperceptible. Por suerte el subsuelo del valle está formado en gran parte por viejos aluviones sólidos y compactos, profundos, con una delgada cubierta de suelo fértil en superficie. No pasa lo mismo donde hay niveles de arcillas que pueden sufrir licuefacción, ya sea por el peso superpuesto o ante movimientos de naturaleza sísmica. Hay construcciones sobre terrenos más blandos o más duros y otros sobre roca firme. También edificaciones sobre superficies planas y otras en pendientes de distinto grado. Las hay en lugares aptos y otras en sitios peligrosos ante la potencial acción de los fenómenos naturales.

Sin embargo la reflexión aquí es que todo lo que está por encima del suelo, proviene de lo que está del suelo para abajo. La ciudad de Salta, como todas las demás, se construyeron con materiales autóctonos y materiales alóctonos. Entre los materiales autóctonos, provenientes del propio Valle de Lerma, tenemos la piedra bola y cantos rodados de los viejos cimientos, la gravay gravilla (ripio, ripiosa), las arenas (gruesas, medianas y finas), que se utilizaron para contrapisos, columnas, pavimento, mezcla, argamasa o concreto, revoques, en fin todos los usos posibles que tienen los áridos en la construcción. Dichos materiales fueron mayormente extraídos de los ríos vecinos. La Sierra de Mojotoro fue una gran abastecedora de lajas para veredas o revestimiento y también de listones para los viejos cordones cuneta. La cal para el calicanto y para la argamasa provino mayormente de los cerros de La Merced. Las arcillas para la cerámica roja provinieron de las viejas terrazas fluviales y últimamente de antiguas rocas marinas del periodo Ordovícico expuestas en la Sierra de Mojotoro. Con estas últimas se fabrican además cerámicas esmaltadas y porcelanatos de calidad premium.

Los materiales alóctonos, o sea aquellos transportados desde otras regiones, fueron hierro, acero, cemento, asfalto, vidrio, carpintería de aluminio, paneles de yeso, herrajes, grifería, rocas de revestimiento o utilitarias (mármoles, granitos, pizarras, travertinos), azulejos, sanitarios, cableado de cobre y un sinnúmero de objetos manufacturados. Todos ellos tienen un denominador común y es que son productos de origen mineral y provienen en forma directa o indirecta de la actividad minera ya sea de la explotación de minerales metalíferos, no metalíferos o rocas de aplicación. Toda esa enorme masa de materiales se volcó en la ciudad para la construcción de casas, edificios, calles, rutas, autopistas, puentes, canales, y demás obras civiles. Los edificios son los que generan la mayor carga puntual sobre la superficie. El macro centro de la ciudad es un conglomerado de edificios y su peso allí es mayor. La ciudad de Salta es una urbanización que crece de forma dinámica en el espacio horizontal y vertical. Conocer la historia geológica del emplazamiento citadino es fundamental para la planificación presente y futura.


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