Geología de la guerra

El 13 de abril de 2017 Estados Unidos lanzó una bomba no nuclear de gran poder destructor sobre una región de Afganistán. Eran las 7:32 de la tarde, hora local, cuando la poderosa bomba explotó sobre las montañas donde se ubica el complejo de túneles y cuevas del distrito de Achin, en la provincia de Nangarhar. Allí se encuentra el cuartel general del ISIS-K (Khorasan). Este grupo radicalizado, también conocido como el Grupo Khorasan tiene como base la región fronteriza entre Afganistán y Pakistán y se compone primariamente de miembros antiguos de talibanes pakistaníes del Tehrik-e junto con talibanes afganos. En el ataque se utilizó una bomba “GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast” (MOAB), lanzada desde un avión y dirigida con GPS hacia el objetivo militar. La MOAB, bautizada mundialmente como la “Madre de Todas las Bombas”, mide 9 m de largo, pesa 10 toneladas y tiene una potencia explosiva equivalente a 11 toneladas de dinamita. Su carcasa de aluminio fue diseñada específicamente para maximizar el radio de la explosión. Según los analistas militares dio los resultados esperados en cuanto a la destrucción del blanco elegido. Las palabras del general del ejército John W. Nicholson, comandante de las fuerzas norteamericanas en Afganistán, fueron elocuentes: “Esta es la munición correcta para reducir estos obstáculos y mantener el ritmo de nuestra ofensiva en contra del ISIS-K”.

En marzo de 2002 (se publicó en El Tribuno) escribimos un artículo sobre la no relación existente entre los bombardeos en Afganistán y los terremotos que se habían producido a posteriori. Comentábamos entonces que no había una relación causal entre los terremotos de esos días en Afganistán con los intensos bombardeos llevados a cabo por la alianza occidental. Y ello en razón de que técnicamente el hipocentro estuvo localizado a unos 33 km de profundidad, lo que demostraba un fenómeno endógeno profundo propio de la dinámica interna de la corteza. Dicha región, como se sabe, sufre el empuje de la placa India sobre el continente asiático cuya colisión formó la cadena del Himalaya. Las fallas se relajan cada tanto dando sismos que en muchos casos resultan catastróficos, en una faja que se extiende desde la China hasta Turquía.

La historia comenzó cuando Osama Bin Laden grabó un video en un alero de una formación rocosa, que lo mostraba con su vestimenta típica y un fusil al lado, y lo distribuyó por los medios con las amenazas sobre occidente. Un geólogo norteamericano que había trabajado muchos años en la geología de Afganistán reconoció el lugar de la filmación por la naturaleza de las rocas allí presentes. Se puso en contacto con el Pentágono y comentó que estaba en condiciones de señalar perfectamente el lugar de grabación del video. Rápidamente y sobre las cartas geológicas de aquellas montañas, señaló el sitio exacto lo que activó la salida de cazas artillados desde la base aérea más cercana y dispararon de frente al objetivo. Los misiles impactaron contra la montaña y no le hicieron mella. La operación resultó un fracaso militar. Lo que no se tuvo en cuenta fue la naturaleza geológica de los terrenos, o sea la composición petrográfica y condiciones técnicas de las rocas presentes.

Se calcula que existen allí unas 10.000 cuevas entre las naturales y las excavadas por humanos. Estas cuevas y túneles que se interconectan y bajan a bastante profundidad son el refugio de los talibanes y su logística de armamentos y explosivos. La geología de la región se encuentra comprendida en el bloque tectónico de Spinghar y es famosa por sus yacimientos de magnesita y talco. Las rocas dominantes son muy antiguas y pertenecen al Paleoproterozoico con edades de 2000 millones de años. Se trata mayormente de metacuarcitas (rocas de puro cuarzo cementadas por sílice y metamorfizadas), junto a otras rocas metamórficas de gran dureza como esquistos, gneises, anfibolitas, etcétera. Intercaladas entre estas rocas aparecen las rocas más blandas talcosas. Los rusos estimaron recursos de 66 millones de toneladas de magnesita y 5.5 millones de toneladas de talco. Cubriendo a todo el conjunto se encuentran rocas del Ordovícico, no muy diferentes a la de las montañas del noroeste argentino, las que están sobrepuestas por calizas del Silúrico y el Devónico. La complejidad de litologías y la intensa deformación tectónica en un área de colisión continental, genera un marco para el desarrollo de las cuevas que sirven de refugio a los talibanes.

Ante el fracaso en la era Bush contra esos objetivos militares, donde los misiles y bombas no afectaban la solidez de la montaña, se decidió llevar adelante un programa diferente. Esta vez la idea fue lanzar la MOAB para que cayera en la vertical y explotara dos metros antes de tocar el suelo. El efecto sería igual al del impacto de un meteorito generando un cráter de unos 300 m de diámetro y enviando ondas expansivas laterales y en profundidad que destruirían cualquier actividad humana en el lugar. El radio de destrucción fue de 1600 m desde la zona de impacto. Se calcula que unos 100 militantes del ISIS perecieron en el bombardeo. Esto explica la frase del general Nicholson cuando dijo que “ésta era la munición correcta”.

La participación de geólogos en temas de estrategia militar si bien cobró importancia en la Primera Guerra Mundial y alcanzó su máximo durante la Segunda Guerra Mundial, se remonta a muchos siglos. Uno de los más antiguos textos sobre el tema pertenece al estratega chino Tu Yu, 735-812 A.D., quién dejó sentado que: “Los expertos en la preparación de las defensas consideran que es fundamental confiar en las fortalezas de obstáculos tales como montañas, ríos y estribaciones. Ellos hacen posible que el enemigo sepa a dónde atacar. Se ocultan secretamente bajo el suelo de nueve capas”. Se cuenta que Napoleón en su misión exploradora a Egipto en 1798 llevó consigo a dos geólogos.

Para la Segunda Guerra Mundial, la geología militar era una ciencia bien desarrollada. El Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS) estableció una unidad de Geología Militar en 1942. Al final de la guerra, la unidad empleó a más de 250 geólogos y otros profesionales, y tenía oficinas en Heidelberg y Tokio. Durante muchos años, uno de los requisitos para los geólogos militares del USGS fue la capacidad de trabajar en al menos dos idiomas, aunque muchos de ellos podían trabajar en seis o siete. Los esfuerzos de la unidad en tiempo de guerra se centraron en la compilación de inteligencia geográfica; determinar el grado en que vehículos y tropas podrían moverse sobre los terrenos; encontrar agua, combustible y recursos minerales; encontrar materiales de construcción y ayudar a resolver los problemas de construcción; ubicación de aeródromos, entre otros múltiples temas.

En nuestro país, Julio A. Roca en su campaña al desierto, llevó un grupo de científicos para que realizaran estudios sobre los reinos vegetal, animal y mineral. Entre ellos los alemanes Adolfo Doering, Pablo G.Lorentz, Gustavo Niederlein y Federico Schulz. La expedición Victorica al Chaco también contó con científicos y geólogos entre ellos Florentino Ameghino, Carlos Ameghino, Leopoldo Arnaud (descubridor del petróleo en Tartagal), Máximo Stuttenheim, entre otros.

Tanto en la expedición al desierto de Roca como en la expedición al Chaco de Victorica tuvo una actuación destacada el científico alemán radicado en Salta, Francisco Host. Dicho naturalista y topógrafo dejó una interesante obra de la que sólo se ha ocupado el historiador Atilio Cornejo quien escribió una rica biografía sobre este importante personaje de la Salta decimonónica.


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