Perón, los anticuerpos, Urtubey, las traiciones… Y al final, ¡Tinelli!

12 años tirados por la borda en gestión y en construcción política

El genio de Perón enseñaba, al analizar los vaivenes políticos no sólo de la Argentina, la soñada Patria Latinoamericana y el mundo en su globalidad, que un imperativo constante era y será por siempre para los movimientos políticos revolucionarios, y con ideología propia nacionalista, la actualización doctrinaria. Y al respecto era tan consciente de esa necesidad que advertía y marcaba a fuego aquello de la generación de los anticuerpos ante las desviaciones que la historia universal enseñaba también como inevitables.

¡Y vaya si tenía razón el general tres veces presidente del país y líder in eternum de su formidable construcción política, el Movimiento Nacional Justicialista, que ni con la Revolución Fusiladora de 1955 con sus criminales bombardeos a Plaza de Mayo, ni con 18 años de proscripción y exilio, ni con la sucesión de golpes de militares mesiánicos que tuvieron su expresión cimera en el genocidio de 1976 a 1983, ni con las complicidades hasta de la Iglesia y obviamente todos los factores de poder del establhisment, pudieron sepultarlo.

Con frecuencia -y más en estos tiempos de pragmatismos inhumanos, de supuesta pero imposible muertes de las ideologías y el culto a la hipocresía y al imperio de la corrupción- suele oírse y leerse a modo de explicación de tanta pérdida de valores éticos y morales de la política, aquella remanida frase: ¡Es la economía, estúpido…! Vano intento de señalar a la patria de los economicistas, de los asaltantes de la política, que el eje de todo pasa por allí, por los números. Obviamente también por los tesoreros de turno, por el Tío Sam con su nuevo rostro de Donald Trump, por la Merkel, por Putín, ahora Xi Jinping, etcétera, y mañana el demonio proveerá.

Para llegar al estado de cosas de este mondo cane, fue necesario permitir que ese estado caótico de cosas conforme el cóctel que hoy nos toca vivir aquí, en el tercer mundo, en la Venezuela que azota Maduro, en los Estados Unidos absortos de su propio veneno, en Europa, en Asia, en el mundo árabe, en la Rusia de los nuevos zares o en la China de los nuevos mandarines, o en la Corea del Norte de Kim Jong-un, una de las santabárbaras del globo.

Ese estado de cosas, que por supuesto y demás está decirlo, no nos iguala a todos ni por asomo en cuanto a la calidad de vida de los pueblos (tocándonos a nosotros miserias y marginalidades inauditas por nuestros potenciales humanos y naturales) tiene un común denominador que no hay que perder jamás de vista: la subversión. Pero ojo… no malinterprete ni caiga en la fácil de los nostálgicos de las dictaduras: Hablamos de la única y real subversión que vivió y sigue viviendo este bendito país y el mundo: la subversión de los valores morales y éticos de todas y cada una de las actividades del ser humano. Verdad de la que no se salva ni siquiera el más santo de los santos.

La visión de Perón y su capacidad de conducción y adoctrinamiento nunca pudo ser turbada por uno de los mayores vicios morales del mundo que lo rodeó y le tocó vivir, como les toca a todos los que vuelcan su vocación de servicio a la Política, pero escrita así con mayúsculas. La de los verdaderos estadistas. Y que no es otra que la traición.

Alguna vez, y por esas circunstancias del destino, a este cronista le tocó oír de boca de la esposa de Perón, Isabel, decir: “Muchachos… yo estoy llena de traidores…”. Le sucedía lo mismo que le había tocado vivir y soportar al general. Y a todos o casi todos -como prefiera usted, caro lector, los dirigentes probos.

La diferencia estuvo, de parte de Perón, en aquello de la sapiencia para generar los anticuerpos. De allí devino la inmortalidad -valga la expresión- de ese movimiento popular y revolucionario que supo crear, desarrollar, cultivar, enriquecer, aggiornar o rejuvenecer por los tiempos. Al menos hasta este presente donde es una fuente en donde no solo abrevan los del padrón propio, sino todos los que ansían una República en el cabal significado del término, sólo posible con una reconstrucción democrática que para ser tal requiere saldar las tremendas deudas sociales que aún perduran, a más de tres décadas de su reconquista de las garras de la peor dictadura de nuestra historia.

Lo de las traiciones no es en modo alguno desconocido en los tiempos que nos toca vivir. En el país… ni qué decir lo que soportamos los argentinos. Pero no nos rendimos.

Y si fijamos la lente en nuestro territorio…. Igual.

Pero he allí donde el Perón de los anticuerpos renace.

En nuestra historia reciente, tanto Roberto Romero como su hijo Juan Carlos saben bien de ello.

Hoy le toca a Juan Manuel Urtubey soportarlo. Y aunque bien puedan algunos decir que le toca beber de su propia cicuta, lo más acertado es decir que necesita de esos anticuerpos.

No son pocos los que lo insultaron en el pretendido éxodo masivo del Partido de la Victoria acusándolo de traidor por macrista o más que ello por anticristinista.

Ah… Entonces Perón Vive.

Y hay anticuerpos para estos tiempos. . Como del ’55 en adelante.

Aunque Don Juan Manuel no haya construido nada políticamente hablando, como para que hoy su única tangente de escape sea intentar el vano justificativo de que “¡participen todos…!”.

Muy democrático.

Mientras, pasea y disfruta España con su flamante esposa y sus mejores y millonarios muchachos; y, naturalmente pensando en que Tinelli lo espera para otro “golpe” publicitario.

Más bien para otro porrazo, pensando en que su sueño presidencial es -o debiera ser- tomado con más seriedad.

También debieran generarse anticuerpos contra más que onerosos marquetineros de farándula metidos en la política.

Enfermándola.


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