Litio: Entre triángulos y eufemismos

Ni siquiera hay acuerdos entre provincias, departamentos o regiones de un país, mucho menos entre los países.

El llamado “boom” del litio comenzó en el primer gobierno de Obama. Hubo una etapa de mucho interés al principio, luego decayó y se ha incrementado de nuevo a mediados de 2015. Hay empresas de bolsa de Canadá, Estados Unidos y Australia, además de los asiáticos, que están interesados en el litio de las salmueras de los salares andinos. Se le ha dado en llamar “Triángulo del litio” o “Triángulo ABC del litio” a un sector de los Andes Centrales de Argentina, Bolivia y Chile, de allí las iniciales, donde se presentan salares con salmueras enriquecidas en elementos alcalinos, entre ellos el litio y el potasio.

Como tal representa un 80% aproximadamente de las salmueras litíferas a escala planetaria, ya que el resto se encuentran en el Tíbet y en el SW de los Estados Unidos. Al “triángulo” hay que agregarle Perú al que no se lo ha tomado en cuenta y también tiene salares con litio y potasio tal el caso de Laguna Salinas en Arequipa. Sin embargo hay que aclarar que no todo el litio proviene de salmueras de salares, sino que también ocurre en minerales de origen pegmatítico, o sea filones derivados del enfriamiento de magmas graníticos. En esas rocas, que las hay en muchos lugares del mundo, el litio se presenta formando minerales como espodumeno, ambligonita, lepidolita y otros.

Australia y Estados Unidos tienen grandes reservas de esos minerales de litio en roca. Australia es además el primer productor mundial. La diferencia está en el beneficio ya que para el litio en rocas deben molerse las pegmatitas litíferas y luego hacer todo un proceso mineralúrgico hasta obtener el carbonato de litio. En los salares en cambio se obtiene evaporando las salmueras y eliminando todas las sales hasta llegar a una salmuera enriquecida en litio de las cual se lo obtiene por procesos químicos hasta llegar al producto final (carbonato de litio, cloruro de litio, fosfato de litio, etc.). Un buen salar puede tener unos 1000 ppm (partes por millón) de litio mientras que una roca con minerales litíferos llega a 40.000 a 60.000 ppm (4 a 6% de litio).

También existe otra fuente de litio no convencional (litio en arcillas) que es la hectorita de la cual hay yacimientos importantes en Estados Unidos y probablemente en Turquía y en los Andes Centrales asociados a depósitos de boratos.

¿Sabrán aprovechar ese boom del litio los estados involucrados de América del Sur?

Seguramente va a depender de múltiples factores. Los cuatro países de los Andes Centrales con salmueras de litio, esto es Chile, Argentina, Bolivia y Perú, en orden de importancia actual, tienen distintas concepciones políticas, distintas reglamentaciones mineras, distinta seguridad y estabilidad jurídicas, distinto nivel de avance en infraestructura y distintas condiciones fisiográficas, geoestratégicas y geopolíticas. Chile y Perú dan al océano Pacífico, Bolivia es mediterránea y Argentina esencialmente Atlántica. Hay países del Mercosur y otros de la Alianza del Pacífico.

Todo ese marco influye, al igual que la altura de los yacimientos sobre el nivel del mar, la infraestructura y la diferente geoquímica de las salmueras en todos ellos. La premisa es que todos los salares son iguales (son salares) pero a la vez todos son distintos entre ellos en su evolución geológica, tectónica, climática y geoquímica. En este sentido tres salares litíferos importantes como Atacama (Chile), Uyuni (Bolivia) y Hombre Muerto (Argentina) no tienen nada que ver entre ellos, salvo la presencia de litio en sus salmueras. Por lo tanto lo que cada país haga o deje de hacer es un problema del país y de sus políticas acertadas o erradas puede depender la suerte de los proyectos mineros.

Tal vez un error sea creer que el litio es un mineral estratégico para el siglo XXI. No es estratégico sensu estrictoya que el litio es un elemento químico de distribución mundial (salares, rocas, hectoritas, agua de mar, etc.). Tampoco cuando es posible que sea reemplazado en cualquier momento por otros elementos o productos químicos o tecnológicos. No es irreemplazable y por tanto su rol estratégico queda devaluado.

Otro punto a considerar es creer que cualquiera puede fabricar baterías de litio. En este sentido la fabricación de baterías requiere de una tecnología especial. Nadie puede obligar a una empresa a que fabrique algo que no está capacitado a hacer como pretenden algunos gobiernos, nacionales o provinciales. Sin embargo hubo avances importantes en Buenos Aires y en Córdoba, especialmente en las universidades y también en el sector privado en el campo de las baterías de litio con distintos usos (celulares, automóviles, almacenamiento de energía, etc.).

Las empresas argentinas se van involucrando de a poco en estos avances. Lo mismo en la participación en la explotación del recurso, sea a través de empresas privadas nacionales, estatales o mixtas. O sea que existe una gran complejidad en el abordaje del tema.

Tampoco debe olvidarse que el litio representa solo un 3% del total de la batería (el resto son otros minerales, metales, plásticos, etc.). En las conversaciones diarias surgen los temas relacionados al medio ambiente. Hay una tendencia a exagerar las consecuencias ambientales de la minería cuando hay cientos de ataques al medio ambiente por parte de toda clase de industrias, agricultura, desechos sólidos urbanos, basurales a cielo abierto de municipios, departamentos, ciudades y mega ciudades.

En este sentido la minería del litio es la más ecológica si se tiene en cuenta que la concentración de las salmueras en piletas depende fundamentalmente de dos energías naturales: solar y eólica. La solar calienta la salmuera y la eólica mueve el vapor de agua generado que retorna al ciclo hidrológico.

La minería usa una cantidad mínima de agua en comparación con la agricultura u otras industrias. Los científicos, ingenieros de minas, hidrogeólogos, geólogos y otros especialistas son los que tienen que estudiar para establecer los balances hidrológicos y los parámetros para una extracción adecuada del recurso. En Argentina todas las etapas de la minería contemplan la realización previa de estudios ambientales. Además el CONICET, las universidades y otras agencias científicas y academias de ciencias de Argentina están trabajando en el tema para evaluar el recurso existente en los salares, la geoquímica de las salmueras, la evolución de las cuencas y también los temas de las tecnologías de extracción del litio y la fabricación de baterías y otras posibles aplicaciones en el campo de la farmacia, aleaciones y otros usos del litio.

Más allá de lo comentado se ha dicho que el litio andino representa un equivalente energético al de Arabia Saudita (“gasolina blanca”) y que se debería crear una OPEP del litio entre los países centroandinos. Por lo reseñado en los puntos anteriores no hay posibilidades de que ello ocurra. Ni siquiera hay acuerdos entre provincias, departamentos o regiones de un país, mucho menos entre los países. Es el caso de las tres provincias que tienen litio en el Noroeste Argentino como Catamarca, Salta y Jujuy, federales y completamente diferentes entre ellas.

Hablar de OPEP del litio es un eufemismo político. Llamarle “oro blanco” es otro eufemismo, ya que también se le llamó así al algodón, los boratos, los nitratos y muchas otras materias primas en el pasado.


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