Geología, obras y Río Bermejo

El martes 25 de noviembre, en los salones de la Cámara de Comercio e Industria de Salta, el Centro de Estudios y Formación Política “Juan D. Perón” organizó una jornada de conferencias sobre la temática del Río Bermejo y el Plan Belgrano. Ello en razón de que se colocaron en el presupuesto nacional partidas presupuestarias para el Bermejo de las cuales Salta no habría sido correctamente informada, y tampoco se tuvo en cuenta que las obras del Bermejo no solo beneficiarán a Salta sino también a otras provincias del norte argentino, entre ellas Jujuy, Chaco, Formosa y Santiago del Estero.

Los disertantes fueron el Dr. Julio Argentino San Millán, ex embajador del Bermejo (COREBE-CONABIB), quién se refirió a la importancia de las obras en el contexto geopolítico del Norte Grande; el Dr. Antonio Lovaglio que presidió en su momento la comisión del Bermejo en la Cámara de Diputados de la Nación; el Ing. Adolfo Larrán quién se refirió a la importancia de las presas y embalses en función de la regulación de caudales y control de sedimentos; el Ing. Ramón Osinaga que hizo hincapié en la importancia del manejo integral de la cuenca desde el punto de vista económico y sustentable; y el suscripto quién abordó la temática geológica dejando en claro que el Bermejo que hoy vemos es el resultado de la evolución andina de múltiples “Bermejos” anteriores que son los que definen la situación actual.

En este artículo se aborda, a manera de síntesis, la cuestión geológica desarrollada en dicha conferencia que convocó a técnicos, políticos, legisladores, académicos y público interesado en una cuestión nuclear y medular para el futuro desarrollo de la provincia y la región.

El río Bermejo es el gran colector de una de las cuencas fluviales más importantes de Argentina. Este río une Bolivia y Argentina con Paraguay y es el resultado de una larga evolución geológica que se inicia hace muchos millones de años. Antes de elevarse la Puna existían viejos ríos, de ribera estable y boscosa, que drenaban hacia el Atlántico y nacían en territorio chileno.

Todo lo que hoy es el borde oriental de la Puna y que se encuentra a casi 4000 m de altura sobre el nivel del mar, estaba cubierto, 40 millones de años atrás, por selvas cálidas y húmedas, tropicales a subtropicales. Suelos rojos, como los que hoy se encuentran en Misiones, estaban allí presentes y en las arenas de los ríos quedaban los restos de mamíferos y reptiles de la época. En los alrededores de Antofagasta de la Sierra, en las rocas rojas del oeste del salar de Pastos Grandes y en la zona de Casa Grande en la Puna jujeña se han encontrado restos de cocodrilos, tortugas, boas, marsupiales y otros mamíferos diversos que hablan de un ambiente completamente distinto al actual. La historia cambiaría drásticamente cuando el arco volcánico comenzó a funcionar, a calentar la corteza, a producir acortamientos corticales y a levantar el borde oriental de la Puna que llevó a una aridización progresiva.

Las fajas húmedas empezaron a moverse hacia oriente y los nuevos cordones montañosos a frenar los vientos húmedos provenientes del Atlántico y de la gran cuenca amazónica. La tectónica andina fue empujando los ríos hacia oriente y estos buscaron excavar hacia atrás, por erosión retrocedente, cortando las sierras como un tajo.

Es interesante ver como dos de los colectores mayores de la cuenca del Plata y provenientes de Salta como son el Bermejo y el Juramento tratan de alcanzar la Puna y capturar sus aguas. El Bermejo no lo logra porque la Puna septentrional se sigue levantando y su pared oriental actúa de freno. El Juramento tampoco lo logra porque encuentra una muralla de rocas graníticas y metamórficas duras, la cordillera de Acay, Palermo y Cachi, que no lo deja avanzar.

Si se toma en cuenta la actual Quebrada de Humahuaca, a lo largo de la cual corre el río Grande de Jujuy, afluente del Bermejo a través del río San Francisco, encontramos otra historia interesante. Originalmente ese río fluía hacia el este desde el borde de la Puna y no tenía obstáculos que lo frenaran. Era un río transversal al eje andino, con drenaje axial. Los sedimentos que se conservan en Uquía, a orillas de la ruta, contienen fósiles de unos 2 a 3 millones de años entre los que se encuentran restos de cocodrilos y de capibaras, o sea los carpinchos actuales.

Ello prueba que el clima del lugar y el ambiente, con importantes cuerpos de agua y vegetación, nada tiene que ver con lo que se observa actualmente. Al levantarse las sierras al este de Humahuaca produjeron el cambio de rumbo del río que ahora se dirige hacia el sur antes de torcer al este luego de pasar la ciudad de San Salvador de Jujuy. O sea que a lo largo de la historia geológica andina, con la elevación de la Puna y las fajas plegadas de la Cordillera Oriental y las Sierras Subandinas, hubo una sucesión de “proto-Bermejos” que ocuparon distintos espacios geográficos.

Las capturas de ríos por erosión retrocedente fue también una constante en el tiempo. Con cada captura cambiaba el nivel de base regional y eso generaba más erosión de las cabeceras hasta que la madurez del relieve lograba una mínima estabilización. Muchas de estas capturas fueron naturales y ocurrieron en tiempos geológicos. Otras fueron producto de la intervención humana.

Es importante destacar que el actual Bermejo, con sus cuencas alta, media y baja, atraviesa tres provincias geológicas; desde el borde de la Puna, cruzando la Cordillera Oriental, las Sierras Subandinas y luego se interna en la llanura chaqueña donde divaga en un amplio interfluvio hasta finalmente confluir en un solo brazo y desembocar en el río Paraguay, afluente del Paraná.

La exposición de rocas jóvenes y blandas, de colores castaños y rojizos en su alta cuenca, hace que el río se nutra de gran cantidad de sedimentos que son arrastrados con destino final hacia el Paraná y finalmente hacia el delta del Río de la Plata. El color rojo de los sedimentos que atraviesa es lo que da el nombre de Bermejo, palabra que derivaría de verme en el sentido del “gusanillo” que da el color grana. El Bermejo es uno de los ríos que forman parte de la “lucha” entre los agentes endógenos que construyen el relieve y los agentes exógenos que buscan destruirlo.

Así mientras los Andes se levantan y construyen por las fuerzas dinámicas endógenas o internas de la tectónica, por otro lado el clima y los agentes meteóricos se encargan de meteorizar, erosionar y finalmente transportar los residuos hacia la gran llanura del Chaco. Es así uno de los compensadores isostáticos entre los Andes que se elevan al oeste y la llanura que se hunde hacia el este.

Los tres grandes colectores, Pilcomayo, Bermejo y Juramento, forman parte de esa transferencia de masa y construyen cada uno por su cuenta mega-abanicos fluviales de cientos de kilómetros de extensión. El mega-abanico del Bermejo cubre una superficie de unos 100 mil kilómetros cuadrados. El Bermejo, que tiene una longitud aproximada de 1500 km, tiene en sus cabeceras montañas que se elevan por encima de los 5000 m y en su desembocadura, en el río Paraguay, es de sólo 60 m sobre el nivel del mar. En este recorrido corta la carne viva de algunas serranías, dejando expuestos grandes espesores de rocas, pliegues, fallas, manantiales naturales de hidrocarburos y filones minerales.

Lo más destacable es que el Bermejo corta la secuencia geológica más completa de América del Sur, que abarca desde el Precámbrico hasta el Antropoceno, y donde están representados perfiles completos de rocas paleozoicas, mesozoicas y cenozoicas. Ello constituye una singularidad de esta vía fluvial.

Otro punto de interés es que hasta mediados del siglo XIX el río Bermejo era perfectamente navegable. Los grandes pioneros fueron el fraile franciscano Francisco Morillo en 1781 y Adrián F. Cornejo en 1790. Otro gran navegante fue el geólogo francés Pablo Soria, junto al piloto italiano Nicolás Descalzi. Soria fue el primer descubridor de petróleo salteño en 1826 y además publicó un importante estudio sobre la geología del Bermejo en el Boletín Geológico de Francia.

El genovés Giuseppe Lavarello navegó el Bermejo en 1854 y su idea era transportar hacia Buenos Aires los ricos minerales de plomo y plata que explotaba en los cerros de La Caldera (Salta) y en Iruya.

Francisco Tobar, el padre del petróleo salteño, también intentó usar la navegabilidad del Bermejo hacia 1910, para transportar a Buenos Aires los primeros barriles de petróleo que se produjeron en la mina “República Argentina”, en la Quebrada de Galarza.

El transporte de mercaderías desde el norte argentino a través de una vía fluvial sigue siendo una gran asignatura pendiente.

El abordaje de la problemática del Bermejo debe hacerse desde un enfoque multidisciplinario y no puede desconocerse la historia geológica de la cuenca donde el Bermejo que hoy vemos es el resultado de otros múltiples bermejos anteriores y de los múltiples bermejos que vendrán en tiempos futuros: humanos y geológicos.


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