¡El dealer no es un amigo!

Música y drogas­­­: Mario Pergolini y las muertes en la “fiesta electrónica”

Mario Pergolini, una de las voces más escuchadas de la radio entre los jóvenes, decidió comenzar la semana en su programa en Vorterix con un editorial en referencia a la tragedia ocurrida en la fiesta Time Warp el viernes, donde murieron cinco chicos y otros cuatro quedaron internados en gravísimo estado, según indicaron los médicos, por el consumo de sustancias.

La tragedia puso en el ojo de la tormenta la organización de fiestas electrónicas, donde se supone que se vende drogas ilegales sin ningún tipo de control y abrió el debate acerca del accionar del Estado en estas circunstancias: la fiesta contaba con todos los requerimientos de habilitación y la policía federal realizó los controles pertinentes en el ingreso. Sin embargo, hay cinco muertos y los familiares exigen justicia.

Pergolini hizo un fuerte llamado de atención sobre dónde hay que poner el foco en este asunto en un editorial que llamó "El dealer no es amigo": "No es la fiesta electrónica. No era nuestro rock en los 80 lo que nos hacía consumir cocaína. No fue el reggae el que nos decía que teníamos que fumar porro. Es uno y su contexto", dijo el periodista. A lo largo de su monólogo, breve pero contundente, Pergolini quiso decirle a los jóvenes que lo siguen que escuchar una determinada música y asistir a un tipo de fiestas no significa que deban comportarse de una manera determinada, diferente a lo que piensan. Como una incitación a conservar la individualidad. "No es la música, ¿eh?", insistió.

La reflexión del periodista

"En parte, si te ponés a pensar, es ridículo culpar a la música. Durante siglos y siglos la música nos ha modificado, nos ha llevado a distintos estados, a algunos nos ha puesto muy felices: no pasa por el tipo de música... Ni la música te obliga a que consumas. Ni siquiera aquella teoría del rock and roll, en donde cuanto más destruido estás, más rocker sos, más stone. Durante años el hombre ha modificado su conducta como pudo. O con alcohol, o mascando alguna cosa encontrada en la naturaleza. Incluso hasta algunos animales lo hacen.

No es la fiesta electrónica. No era nuestro rock en los '80 lo que nos hacía consumir cocaína. No fue el reggae el que nos decía que teníamos que fumar porro. Si bien es cierto que existen los estereotipos y cuanto más chico sos, a lo mejor, te sumás a ese estereotipo, habría que separar un poco las cosas, ¿no?

No es Tame Impala el que me hace ir a los ácidos. Es uno. Es cierto, es uno y su contexto. A la larga, casi todo es así. Porque hermanos mellizos, separados y educados con distinto contexto, comunmente son distintos. Pero no es la música. ¿Pueden ser las condiciones? Ok. Pueden ser las condiciones. Y todos sabemos que el dealer no es amigo, ¿no? El dealer nunca es amigo. Nunca.

No es que los jóvenes dicen que hacen la vista gorda o que dan por hecho que las cosas siempre son naturales que hasta pueden dejar pasar ver cómo se venden pastillas, sobre todo en esas fiestas. Pero también se droga el del banco, y más de un cirujano. Y nadie dice: "Paremos de operar porque parece que algunos consumen".

Que quede claro, tengo tanto dolor como ustedes.

Me levanté el sábado tan sorprendido como ustedes. Pero no es lo que pasa en la fiesta, porque en esa fiesta hay un alto porcentaje que la disfruta de otra manera. Como en los conciertos, hay un alto porcentaje que disfrutan lo más cool que pueden y se dejan llevar por sólo lo que te da la música. Ser joven, entre otras cosas, nos desinhibe para hacer cosas que de grandes yo ya no hago. Si bien tiene muchos lugares de análisis, nos sumamos a la tristeza y entendemos la época. A mí me gustaría, en este único comentario, entender que no es la música. No es que la música me pida algo o la puedo disfrutar de otra manera.

Y siempre recordar: el dealer no es amigo. No está haciendo algo a favor tuyo. No es la electrónica. No están todos drogados en una fiesta electrónica. No es el rock el que nos llevó en los '80 y '90 a consumir lo que consumíamos.

Y tomás distancias. No es lo mismo como pensás a los 19, 20, 21, 22 que a los 30, 40, 50. Y también cuando empezás a tener a tu cuidado lo que engendraste o llevaste para adelante. Tenés otros miedos. A lo mejor lo cuidás como vos no te cuidaste. Son épocas difíciles. Son épocas raras. Pero andá un poco para atrás y pensá si no es muy diferente a cuando eras más chico. Pero no es la música. Pasa por otros lados, ¿eh?

Es cierto son épocas distintas, drogas distintas. Más fáciles de hacer. No sabés qué tienen adentro. Y bajo ese riesgo te embocan cualquier cosa.

Y no tengas dudas que más de un hijo de puta pone cualquier cosa para que te tragues.

A lo mejor estaría bien que vos pienses, si me estás escuchando y sos más chico, ver cómo te comportás, hasta dónde llegás, hasta cuánto te permitís llegar, hasta cuánto te dejás llevar por el otro. Hasta dónde te animás. Pero no es la música, ¿eh?... ¿Somos nosotros?

…Que tengamos un gran día".

No hay droga buena

Es hora de dejar de mirar para otro lado y hacer como que nada de esto ocurre. Todos los chicos y casi todos los padres saben que en las fiestas electrónicas se consume tanta droga como música.

Por Alfredo Leuco

Nicolás tenía 25 años. Era abogado. Está muerto. Francisco tenía 21 años. Estudiaba ingeniería. Está muerto. Andrés tenía 23 años. Era Cheff y quería ser DJ. Está muerto. Martín tenía 22 años. Era cadete de un estudio contable. Está muerto. Ricardo tenía 20 años. Estudiaba diseño. Está muerto.

Hay 5 familias sin alma. Hay 5 familias que tienen un agujero negro en su corazón y que jamás volverán a sentir la misma alegría de vivir. Hay 5 familias destruidas.

Hay que decirlo con todas las letras: no hay droga buena. Hay que decirlo de la manera más descarnada posible: no hay droga buena porque no hay muerte buena. Y la droga mata. Todas las drogas matan: Más temprano o más tarde. Algunas matan en forma fulminante y otras lo hacen por goteo: primero te esclavizan, te hacen adicto, te dominan hasta que finalmente, cuando menos lo esperas, te clavan un puñal por la espalda.

No solamente la droga mata. En general, en la mayoría de los casos mata a pibes. Es un crimen a la vista de todos que liquida a los jóvenes. Sólo en el hospital Fernández murieron 82 muchachos y muchachas durante el 2014.

Es que la droga les quema la cabeza. Los convence de que el veneno criminal tiene algún tipo de efecto positivo. Nadie les pone una pistola en la sien para que la consuman. Por su propia decisión coquetean con el suicidio. Juegan a la ruleta rusa porque pierden la capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo.

Es hora de dejar de mirar para otro lado y hacer como que nada de esto ocurre. Todos los chicos y casi todos los padres saben que en las fiestas electrónicas se consume tanta droga como música. Que las drogas de diseño, la falopa sintética corre como el agua que necesitan para no morirse de hipertermia o de deshidratación. Por eso es hora de decir basta. Primero el estado que tiene que jugar de verdad dos papeles claves. Primero la educación, la prevención. ¿Hace cuánto que usted no ve ni escucha una campaña de interés público que diga que la droga mata? ¿Hace cuánto que los docentes no son capacitados para transmitir un mensaje sano que extirpe ese cáncer de nuestros hijos? Eso es responsabilidad ineludible del estado. Pero también tiene que tener la capacidad de controlar y de castigar a los que venden y comercian con la muerte de los argentinos más adolescentes.

Vamos a decirlo con todas las letras: los que organizan esas fiestas son criminales. Si en un lugar donde hay más de 10 mil personas te ofrecen drogas de todo tipo y color cada tres pasos, eso quiere decir que el que juntó a toda esa gente y la metió en un galpón para exprimirla y sacarle toda la plata posible es un criminal. Porque no solamente venden o fomentan o toleran que le vendan drogas a chicos que promedian los 21 o 22 años. También se aprovechan de la sed que les producen y les venden agua carísima y un agua que no se comercializa en el mercado llamada Block que nadie sabe qué carajo tiene adentro. Los tipos ponen la música, ponen la droga que te sube la temperatura y te venden el agua que necesitas con desesperación. Un negocio nefasto. Un negocio macabro.

Por eso el fiscal Federico Delgado pidió la detención de Adrián Conci de la empresa Del Producciones, una de las organizaciones de ese infierno. El fiscal pensó igual que todos: “era imposible no asociar eso con Cromagñon”. Era el túnel del tiempo, como se llama en castellano esa presunta celebración. Nadie puede sorprenderse. Todo el mundo sabe que en las fiestas electrónicas pasa eso. Hasta la palabra fiesta queda vacía de contenido y se transforma en farsa. Son velorios electrónicos disfrazados con sonrisas y saltitos falsos producidos por un producto químico que se mete en el cuerpo. No es alegría original producida por la seducción, la creatividad, el humor, las ganas de vivir, el sexo o la música. Es una alegría ficticia, artificial, de diseño. Que nadie crea que la felicidad está dentro de una pastilla.

Pero también es cierto que con el estado solo no alcanza. Que se tienen que comprometer los medios de comunicación, los padres y los propios pibes.

Hay periodistas, locutores, radios y programas que alimentan esa falsa creencia de que falopearse es cool. De que si no te fumas un porro o te das un saque de merca, sos un boludo, un careta que no sabe lo que es bueno.

Ese verso ya no se lo puede creer nadie. Solo basta mirar a los rockeros que salieron y a los que no lograron salir.

Los que se limpiaron tuvieron que apelar a un esfuerzo monumental para sacarse de encima esa telaraña de mierda que los atrapa y les come la cabeza. Y tienen que estar atentos siempre para no caer de nuevo en el vicio que es un tobogán que los lleva debajo de la tierra.

Y los que nunca terminan de salir tienen una vida de mierda. Seamos sinceros. ¿Alguien se siente feliz cuando lo ve a Charly García en silla de ruedas? ¿Alguien se cree que un genio de la música como Charly es feliz ahora con las neuronas empastadas, casi sin poder articular palabra? ¿Eso quieren los padres para sus hijos? ¿Ese es el estado en el que quieren quedar los pibes?

¿Alguien puede creer que Diego Maradona es feliz? Tiene millones y millones de dólares. Es querido por media humanidad. Y sin embargo tiene la vida destruida, peleado a muerte con sus hijas, y la madre de sus hijas. Maradona casi no puede hablar. No tiene la motricidad suficiente para ordenar palabras con cierta lucidez.

Perdón por traer a Charly y a Diego como ejemplos, pero son los más evidentes. Es el espejo en el que deberían mirarse los jóvenes para no cometer el mismo tipo de suicidio.

El que consume droga no es piola ni inteligente. Es un enfermo que se lastima todos los días de su vida. Y no hay excusa que valga. Algunos se auto engañan pensando que toman y salen. Es un día o solo los fines de semana. O toco y me voy. En general, según la experiencia de los médicos, la verdad es que salir cuesta un esfuerzo monumental que muchos no pueden hacer. Es una trampa que se tienden a sí mismos los chicos que creen que si toman buena droga van a tener buena diversión. Que el problema es la mezcla o la mala droga, la que no tiene calidad suficiente.

Mentira. No hay droga buena porque la droga mata y no hay muerte buena. Y mucho menos muerte joven. Los pibes murieron intoxicados, vomitando, con convulsiones, edemas pulmonares y paros respiratorios, tirados en la pista de baile, sin que nadie les diera bola porque hasta el sentimiento solidario te lo arrebatan.

Es muy triste y muy autodestructivo necesitar de la química para ser feliz o divertirse. La vida por suerte está llena de maravillas, de sentimientos y sensaciones que salen de nuestro corazón, de nuestro cerebro. Los padres y los hijos deben hablar este tema de la manera más descarnada. No para acusarse mutuamente de nada. Para defender la vida de los hijos que es lo más valioso que tiene ellos y sus padres.

Y que nadie lo dude: no hay droga buena porque no hay muerte buena.


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