Allí sí lo quiero ver, señor gobernador de los salteños

Urtubey y Romero en la cena de Macri y Obama

"Si la vanidad no derriba por completo las virtudes, al menos a todas las hace vacilar". La Rochefoucauld (Máximas)

Respetable señor gobernador de los salteños, don Juan Manuel Urtubey: el periodismo, sinceramente no conoce -aunque se los puede suponer- quién o quienes, desde el inevitable entorno del suyo o de cualquier poder o gobierno, lo asesoran en sus estrategias de comunicación y/o promoción. Pero lo cierto es que sus últimas apariciones públicas iluminado y notoriamente deslumbrado por fosforescentes marquesinas típicas de la farándula, en realidad no lo han conducido o al menos advertido hacia un objetivo beneficioso sobre su imagen.

No resulta fácil por cierto, para cualquier escriba, no dejarse tentar por el tan en boga periodismo escandaloso que se nutre y vive de las Xipollatis/Ottavis o de los Ricky Martin gay o no gay o de las mistificaciones de un Scioli en campaña con primera dama en potencia o de centenares de personajes por el estilo.

Dicho esto, aún a sabiendas - y coincidiendo- que la vida privada de los hombres públicos deja de serlo puesto que el escrutinio de los pueblos sobre ellos no sabe de excepciones de ningún orden. Y es el gobernante el que mejor lo sabe. Y dicho esto sin desconocer que es más que frecuente que los medios se excedan transgrediendo los valores éticos y morales de su tan digna profesión y misión.

Pero en este caso concreto del nuevo romance de nuestro gobernador y su consentida exposición pública exagerada, lo que él mismo mostró colmó la medida de lo -digamos para buscar un adjetivo benévolo- comprensible y tolerable. Lo que en buen romance y sin ambages se diría “se pasó”.

La figura, la jerarquía y el honor del cargo que legítimamente ostenta por imperio de la voluntad popular le impone infinidad de obligaciones, entre ellas y en relación a este comentario, la de no mostrarse banal… vulgar,vanidoso. Sino, simplemente serio.

Tan serio como lo exige la realidad de una provincia empantanada durante la década estragada del kirchnerismo, al que él sirvió adocenado con todos los gobernadores convertidos en delegados, y para peor, en carácter de “ad honorem” pues las antipatías viscerales tanto de Néstor como de Cristina K le hicieron pagar el pato de la boda al conjunto de la sociedad salteña. A la provincia íntegra, sin obras, sin programas nacionales, sin siquiera lo que por la constitución y las leyes le correspondía. Y naturalmente le siguen correspondiendo aunque ahora las esperanzas se renuevan.

La información de vuestra presencia como invitado a la cena que ofrece el presidente Mauricio Macri a su par de Estados Unidos Barack Obama y donde también estará su antecesor y hoy senador nacional Juan Carlos Romero marca el ámbito adecuado para mostrarse.

Al verlo allí, en ese nivel de relaciones y acciones que sin duda alguna llevan el común denominador no sólo de la representatividad de los salteños sino también en forma inseparable de sus intereses, proyectos, expectativas y hasta sueños, tenga la seguridad señor gobernador que logra su ansiado deseo de ser aprobado por ese riguroso escrutinio y control de su pueblo.

El más importante de los exámenes para con todos los mandatarios en un sistema democrático.


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