Delirio destituyente cristinista

El cristinismo, derrotado, decidió resistir.

Resistir no se sabe bien a qué o a quién, pero resistir.

Derrotados, democráticamente en las urnas como corresponde, no aceptan la voluntad popular y están dispuestos a desestabilizar al gobierno del presidente constitucional, Mauricio Macri apenas asumido.

Están dispuestos a no darle respiro.

Para eso, a tan sólo ocho días de llegar al gobierno, le clavaron una movilización bajo el argumento de defender la Ley de Medios, una medida tomada desde el resentimiento cristinista con el único fin de aniquilar al Grupo Clarín.

Usando ese pretexto, se dedicaron en las plazas a insultar al Presidente comparándolo con la dictadura genocida de Videla, Masera y Agosti.

Toda la bronca contenida después de la derrota electoral, afloró en esa jornada donde personajes nefastos y cargados de odio, como Hebe de Bonafini, aprovecharon para destilar veneno e insultar a sus anchas a quién había logrado la confianza de la mayoría de los votantes para encarar una nueva etapa en la Argentina.

Incapaces de realizar la más mínima autocrítica sobre lo que vivió la Nación en los pasados doce años, siguen aferrados a consignas y slogans vacíos que nada tienen que ver con el estado real que dejaron el país después de su paso por los despachos oficiales.

Recién ahora, después que se alejaran de la función pública, fue posible comenzar a conocer la situación en que dejaron la Argentina quién, según ellos, estaba viviendo una verdadera “revolución nacional y popular”.

El tremendo déficit financiero y los hechos de corrupción que se empiezan a conocerse, son solamente una muestra de lo que la gestión de los Kirchner dejó como pesada herencia a todos los habitantes.

Es ahora cuando todos se percatan que quienes decían gobernar “para todos y todas”, en realidad gobernaron para ellos y con el único propósito de llenarse los bolsillos con dineros públicos, de pasarla lo mejor que pudieran y de evitar, a futuro, responder por sus fechorías.

Estos verdaderos “aventureros” que provocaron daños de todo tipo al conjunto de los argentinos, son los que ahora, cuando el nuevo Presidente todavía no se acomodó en su despacho, ya están pensando en voltearlo.

Convencidos que si desestabilizan el gobierno de Macri se cae más temprano que tarde, sueñan con que todos los argentinos marchen al sur, al Calafate, a implorarle a Cristina Fernández de Kirchner que regrese a la Casa Rosada y “salve” al país de esta “invasión” neoliberal, dictatorial, inútil y perseguidora de todo lo que no huela a oligarquía o bosta de vaca.

Así, fanatizados, estiman que ya están dadas las condiciones para que Macri, al igual que Fernando de la Rúa, se vaya del gobierno y les permita volver a continuar gobernando con “inclusión” pero sobre todo para que ellos puedan seguir gozando del poder y ladroniando a sus anchas.

Sólo en la mente de algunos trasnochados como Carlos Kunkel, que propone ir a “escrachar” a los votantes de Macri; en las expresiones de figuras amarillas y desvencijadas como el grupo de actores mediocres que vivieron del dinero de todos los argentinos por participar en obras de muy baja calidad en este tiempo pasado, o en la de Martín Sabattella que se aferra con uñas y dientes al “silloncito” del AFSCA, pueden caber acciones que los identifica claramente como golpistas, una palabra que ellos dijeron aborrecer y que usaron, mucho, a lo largo de estos años pasados.

Daniel Scioli, el no querido candidato de Cristina y Máximo que terminó perdiendo ante su rival de Cambiemos, ayudado por sus propias indecisiones, parece que todavía no encuentra su lugar en este mundo político.

Fiel a su estilo de tratar de quedar bien con Dios y con el diablo, coquetea con Macri, a quién quiere sacarle una embajada en Italia, y también con Cristina, su jefa, con la que no quiere quedar mal.

Un día habla bien de Macri, pero se ve que como lo retan, al otro día participa de las marchas golpistas y canta, junto con el lumpenaje C, “Macri basura, vos sós la dictadura”.

Pobre Karina Rabolini, su esposa, tener que convivir con un hombre que no sabe, a esta edad, qué camino tomar.

“Está desorientado, como dice el tango, y no sabe que trole hay que tomar para seguir”, comentan los muchachos del café.

Pero lo que sorprendió en la movilización de las “viudas de Cristina” de hace unos días, fue que por allí apareciera José Luis Gioja, el ahora diputado nacional por San Juan, porque después de la derrota sciolista parecía que él sería uno de los que abonaría generosamente para la renovación peronista que debe venir.

Nadie, públicamente, pudo explicar la presencia del veterano peronista en la agreta convocatoria de los gurkas camporistas.

“Pensábamos que contaríamos con él para la etapa que viene en el partido (el PJ) pero nos equivocamos. Le deben haber pasado facturas de algunos chanchullos relacionados con la explotación minera en San Juan en estos años, por eso tuvo que asistir”, comentó un peruca desilusionado.

Afuera de ese espacio y mientras los cristinistas atizan el fuego destituyente, otros, como Juan Manuel Urtubey, preparan el terreno para qué cuanto antes el peronismo tenga una nueva conducción alejada totalmente de Cristina y sus talibanes.

Por eso, en el Congreso del Partido Justicialista que sesionó en Salta este fin de semana, Urtubey aprovechó para reiterar su pedido de “reconstruir un peronismo competitivo, moderno, que sea capaz de acompañar las políticas que hagan crecer a la Argentina”, en una palabra, dijo que hay que acompañar al gobierno nacional de Macri, alejarse de todo lo que tenga perfume desestabilizador y a la vez trabajar duro para ser una alternativa válida, desde su partido, en 2019.

También, y en relación a este asunto, sostuvo días pasados que hay que “acompañar al compañero que se anime a hacerlo y si no aparece ninguno, yo estoy dispuesto a ponerme al frente”.

Obvio, la postura de Urtubey, provoca los comentarios más ácidos entre los fanáticos del modelo “nac&pop” que entienden que su posición resulta funcional a este modelo de “entrega” que, según ellos, lleva adelante el primer mandatario.

Hasta dónde tendrá predicamento la campaña desestabilizadora contra el presidente Macri?

Un conspicuo dirigente peronista de Salta, aseguraba días atrás que resulta una pérdida de tiempo tener en cuenta estos hechos por cuanto los que convocan a las movilizaciones, “pronto no tendrán tiempo para hacer esas cosas porque tendrán que ocuparse de ver como zafan cuando los jueces comiencen a citarlos para que rindan cuenta de lo que hicieron con los dineros ajenos”.

Puede que sea cierto, pero por las dudas, hay que estar advertidos.

Siempre, en temas tan delicados como éstos, es mejor estar listos para salir a ahuyentar a quienes, en nombre de delirantes alquimias, pueden poner en riesgo la paz social y enturbiar el camino de la racionalidad que al fin Argentina, comienza a transitar de la mano de un nuevo Presidente Constitucional surgido de las entrañas de las urnas.


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