Los desafíos del nuevo gobierno

El desafío de levantar el cepo

El primer desafío que enfrentará Mauricio Macri será anunciar cómo levantará el cepo y unificar el tipo de cambio del peso con el dólar, sobre todo para aplacar las expectativas creadas.

El problema del cepo es el más urgente de los que aguardan solución: No hay más dólares, es un tipo de cambio que no refleja la realidad económica ni los costos internos, está frenando toda la economía y dañando las importaciones y la competitividad de las exportaciones. Sin embargo, no es el más importante porque, por sí solo, no garantiza crecimiento e incluso, inicialmente, una fuerte devaluación puede tener un efecto contrario. Para evitar una salida traumática, primero el Banco Central debe recuperar reservas. Será importante la reinserción del país en el mercado financiero y el blanqueo de capitales.

Si se avanza en la renegociación con los holdouts, levanta el cepo y elimina las retenciones, es muy factible que retornen al circuito económico los dólares del ‘colchón’ y de los ‘silos bolsa’, así como los inversores externos se apurarán por entrar a una economía con activos aún baratos.

No es indispensable fijar el tipo de cambio en un nivel inamovible. Lo realmente imprescindible es que el plan sea creíble y que tenga la aceptación de la dirigencia sindical.

Ordenar cuentas para sanear la economía

Entre enero y junio de este año el resultado fiscal financiero del sector público llegó a un rojo que roza los 38.500 millones de pesos. Cerrar ese déficit es una prioridad para el gabinete económico de Cambiemos.

Para ordenar las cuentas públicas, se deberá ayudar a que las provincias acomoden las suyas. Un estado desordenado lastima la actividad económica. Para esto, es clave cerrar el déficit energético. Es necesario terminar con este sistema de estímulos discrecionales e incentivar la inversión en producción, transporte y distribución. Esto implica elevar tarifas en sectores en los cuales los subsidios son innecesarios. Es factible aplicar un ajuste en hogares de clase media-alta. Si se sostiene el subsidio en sectores de menor poder adquisitivo, esto permitirá apuntalar sus niveles de ingreso de forma indirecta. Aun así, el solo ajuste no es la solución: Esto no alcanza para corregir el abultado déficit. La mejora de las cuentas fiscales se logrará recién en 2017, de la mano de la recuperación del crecimiento.

El nuevo gobierno además tendrá que aportar un plan integral que incluya reducir el gasto público, aunque esas medidas tengan aplicación gradual.

Inflación

Durante esta década, la Argentina tuvo niveles de inflación del 25 % anual y en algunos años más todavía. Frenar los precios no se logrará en lo inmediato.

La devaluación que conllevará la unificación del tipo de cambio y la reducción de los subsidios no permitirá un rápido freno de la inflación. El déficit no va a desaparecer rápidamente, lo que obligará al Banco Central a seguir emitiendo pesos. Sobre este complejo punto, la devaluación del dólar tendrá un impacto significativo en los precios, por lo que será clave la negociación tripartita entre el gobierno, los empresarios y los sindicatos.

Si se coordinan expectativas, se frena la emisión monetaria y se recupera la credibilidad del organismo de estadística (Indec), la inflación va a seguir alta dos a tres años más, pero luego empezará a bajar de a poco; reducirla abruptamente sería a costa del consumo.

Presión fiscal

La economía está en un atolladero: tiene un nivel de déficit fiscal parecido al de la década de 1980, pero con una presión tributaria “récord desde 1864”, lo que incluye impuestos y retenciones.

Todos los impuestos necesitan una revisión. Partiendo de que el sector público tiene un déficit fiscal alto, algo va a perder. Pero la presión fiscal debe ser reducida, porque en Argentina está entre el 30 y el 40 %, igual que en los países desarrollados, pero con la diferencia de que aquí la informalidad es altísima y desestimula la producción.

Bajar la presión impositiva cuando se quiere reducir el déficit fiscal implica buscar qué parte del gasto público tiene más chances de recorte y en el primer puesto están los subsidios. El mercado tiene que ver que se están solucionando problemas, la confianza requiere de un plan creíble, que la gente sienta que puede funcionar y que va a salir bien.

Devaluación

La modificación del tipo de cambio del peso con respecto al dólar que se viene es la devaluación más anunciada de la historia. Quiere decir que el atraso monetario está tan marcado que para la ortodoxia económica no quedaría otro recurso que depreciar la moneda local.

No es para nada algo novedoso en la Argentina. Pero cuando hubo devaluación casi siempre perdió la gente que vive del salario. La más recordada, casi como un apocalipsis, fue la que lanzó el ministro peronista Celestino Rodrigo, en 1975, aunque la historia completa tiene unos 200 años. Como la patria misma.

La génesis podría situarse en 1827, en tiempos del patrón oro. El peso que circulaba en la Argentina se devaluó casi un 35 %, según recopiló el chileno Sebastián Edwards en su libro Dejada atrás: América Latina y la falsa promesa del populismo. Unos dos años después, el deterioro fue del 68 % y los ajustes siguieron su curso cada dos o tres años.

El rosario de devaluaciones siguió hasta la convertibilidad que rigió entre 1891 y 1914. En esa época, el país se instaló como uno de los mayores productores de granos del mundo y recibió millones de inmigrantes, principalmente italianos, que escapaban de la hambruna y de las guerras en Europa.

En Crisis y divisas y devaluación en la Argentina: una perspectiva histórica, de Esteban Bertuccio, Juan Manuel Telechea y Pablo Wahren, se divide a las últimas devaluaciones en dos períodos: el asociado con las crisis del comercio exterior, de 1955 a 1975, y el de las crisis financieras, desde 1976. Aluden, claro, a que las consecuencias fueron las mismas: pérdida de salario y desocupación, entre las principales.

En octubre de 1958, en medio de la gran expectativa puesta en el desarrollismo, el flamante presidente Arturo Frondizi dio lugar a una devaluación cercana al 70 % y desató una inflación que llegó casi al 114 %. El gobierno de facto que le siguió devaluó casi un 65 % en 1962.

En importancia seguiría la más recordada, la que marcó a la generación previa a la dictadura de 1976 y que tuvo nombre propio: “el Rodrigazo”. En junio de 1975, Celestino Rodrigo, ministro de Economía de Isabel Perón, devaluó un 99 %, congeló salarios y subió tarifas. En pocos meses, la depreciación de la moneda llegó casi al 900 % y dejó cientos de miles de quebrantos y de excluidos.

Durante la dictadura llegaría otro golpe al peso en 1981 (225 %), mientras que en el gobierno de Carlos Menem hubo un fuerte impacto en 1989. En la memoria también quedó la salida de la convertibilidad, entre diciembre de 2001 y marzo de 2002, cuando el dólar pasó de uno a tres pesos. No se quedará fuera de la historia el período de 12 años de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández, cuando de los tres pesos por dólares se pasó a los 15 pesos del billete que se consigue hoy en la plaza irregular.

Primeras señales

Estos son los principales anuncios económicos hechos hasta ahora por Cambiemos:

  • Impuestos. Subirán a 30 o 40 mil pesos el mínimo a partir del cual se paga Ganancias y modificarán el Monotributo.

  • Campo. Derogarán las retenciones a cereales y economías regionales y las achicarían gradualmente en soja. Habrá Incentivos a productores que están lejos de los puertos.

  • Energía. Reducirán subsidios a la energía y achicarán las distorsiones tarifarias entre Buenos Aires y el interior, aunque no se dijo cómo. YPF seguirá siendo estatal y continuará el proyecto en Vaca Muerta (Neuquén).

  • Dinero. Se emitirá un billete de 500 pesos. No sería en lo inmediato.

  • Deuda. Enviarán al Congreso el proyecto para derogar la Ley Cerrojo, que impide reabrir el canje de deuda, y la Ley de Pago Soberano, para reabrir la negociación con los holdouts.

  • Dólar. Se derogará el cepo al dólar. Macri dijo que lo hará cuando asuma.

  • Comercio exterior. Caen las declaraciones juradas (DJAI) y serán reemplazadas por las licencias no automáticas (LNA).

  • Consumo. Los programas Ahora 12 y Precios Cuidados continuarán por unos meses. Se enviará al Congreso el proyecto para derogar la Ley de Abastecimiento.

  • Acción social. Enviarán al Congreso la universalización de la Asignación Universal por Hijo (AUH).

  • Provincias. Se acatará el fallo de la Corte Suprema por el cual se devolverán 80 mil millones de coparticipación a Córdoba, Santa Fe y San Luis, pero no en forma inmediata.


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