Juan Manuel, el meterete

Sin ponerse colorado, Scioli ninguneó a Urtubey por aquel “Grito de Nueva York” de pagar a los holdouts.

Cuentan las paredes que oyen, y los resfriados de siempre de las carpas chicas de la política, que si hubo un punto permanente de conversación en el acercamiento de Juan Manuel Urtubey a Daniel Scioli, y que sabido es tuvo su momento de máximo esplendor en aquella misión que ambos acordaron para pegar desde el corazón del imperio El Grito de Nueva York “¡Hay que pagarle a los holdouts…!" fue el que enseña que “la lapicera es una sola…” y que cuando la conquistas no hay Cristinas ni Zanninis que valgan para manoteártela.

Lógicamente, esto dicho así, traducido al lenguaje cotidiano equivale a aquello que con tanta frecuencia suele recitar con absoluta convicción y por experiencia personal nuestro gobernador cuando dice –palabras más, palabras menos- que en nuestro sistema institucional establecido por la norma constitucional el poder ejecutivo es unipersonal… lo ejerce una sola persona… etcétera.

Fue así como, confiado en su prédica sobre el candidato cuya consistencia de teflón no desconocía en modo alguno y desde siempre, Urtubey agarró el micrófono en la cuna del capitalismo y sin falsa retórica se lanzó en picada sobre Cristina, La Cámpora de Máximo y la Tupac de Milagro Sala –entre otros muchos sellos más- gritando en nombre propio y el de Scioli que “Se dejen de joder con “Patria o Buitres” porque la Argentina que viene tiene que reinsertarse en el concierto de las naciones del mundo por cierto con identidad propia, pero de ahora en más no entropada con la Venezuela de Chávez - Maduro.

Lo que sucedió luego de esa más que fugaz “cancillería” de Urtubey en Estados Unidos y en nombre de “Scioli Presidente” está a la vista: El hombre de teflón volvió a temblar ante los gritos de la Casa Rosada, Olivos y El Calafate y entonces repitió sus históricas e incontables huídas vergonzantes ante los Kirchner.

Y como no podía ser de otra manera, lo hizo optando por una trastada mayúscula a su amigo supuesto canciller Urtubey, a quien desmintió sin el menor rubor una y mil veces, como si lo proclamado por el gobernador salteño hubiese sido la ocurrencia de un loquito que quiso figurar en las tapas de los principales diarios del país y algunos de Estados Unidos con semejante proclama de pagar a los “Buitres” fantasmas de la soberana en retirada de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner.

La última, y seguramente la más patética y por qué no decirlo más ofensiva para con su fugaz sombra y guía en la campaña que fue Urtubey, Scioli la perpetró una vez terminada su perdidosa actuación en el histórico primer debate de candidatos a presidente en la Argentina.

Dicho esto (de histórico) sólo por el hecho periodístico que quedará ya asentado por los argentinos como obligatorio para el futuro y en modo alguno por la calidad de las respuestas de ambos candidatos. Baste decir, para reafirmar la opinión, que las preguntas de los conductores moderadores superaron en enfoque y búsqueda de ideas y propuestas, a las respuestas de Macri y Scioli. Pero eso ya es anécdota y motivo de otro enfoque que el de este panorama.

Cuando el panel de los periodistas post debate logró dialogar con un Scioli tan turbado como en el debate reciente, lo que consiguieron no fue más que la repetición de la cantinela del gobierno kirchnerista de instalar el miedo hacia la figura del candidato del PRO. Así volvió a recitar el trillado libreto del ajuste, de la vuelta al pasado (como si Scioli no fuese un invento del Menemismo y luego una marioneta del kirchnerismo), etcétera.

Hasta allí, y ante los rostros de los panelistas que lo escuchaban sin poder evitar claras expresiones de “¡otra vez sopa…! o ¡Yo o el demonio…! más la nueva faz de rebeldía con aquello de que “¡Acá mando yo y no Cristina ni Zannini ni Aníbal ni la Cámpora de Máximo!” la entrevista parecía no dar para más que eso.

Pero no fue así.

Jorge Fernández Díaz, prestigioso periodista del staff de La Nación, se convirtió en el diablo que metió la cola para potenciar aún más el evidente cólico multifuncional del candidato oficialista.

En el preciso momento en el que Scioli repetía su letanía de ¡Macri viene a devaluar…! ¡A volver al pasado del ajuste mientras yo prometo que habrá inversiones al servicio de la producción y la argentinidad…. con fe… esperanzas…! etc. etc. el colega, pausadamente, lanzó su certera pregunta que puso en escena a nuestro gobernador:

Usted habla de devaluar… de optar por dos caminos… pero fue usted el que encomendó al gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey a proclamar en Estados Unidos, y en su nombre, que había que pagar a los fondos buitres, dijo, palabras más, palabras menos.

¿De dónde sacó usted eso…? saltó literalmente de la butaca Scioli…

Y continuó: ¡Él es el gobernador de Salta… totalmente autónomo…!

Pero… ¿no fue en nombre suyo…? Insistió Fernández Díaz que como todo el país y el mundo lo leyó conocía el famoso “Grito de Nueva York” de Urtubey.

¡Yo no envié ningún emisario nunca…! replicó el famoso motonauta, con lo que significaba que nuestro gobernador había viajado por su cuenta a participar de una de las más importantes cumbres del mundo de las finanzas y que allí, de puro meterete y figurón lanzó aquella proclama de una argentina inminente con Daniel Scioli de presidente que quiere terminar con la irresuelta cuestión de los holdouts. Que, dicho sea de paso, la mantiene descolgada del mundo real de la política y economía del mundo.

¿Lo desautoriza entonces a Urtubey…? repreguntó el periodista.

“¡Noooo… lo pongo en el lugar donde está… Él tiene su agenda, él fue al Council de las Américas por su cuenta…! ¡Es un compañero gobernador…! … Hoy estuvo en el programa de Mirta Legrand. El va a Mirta Legrand porque lo invitaron… ¡No pueden decir que yo lo mandé…! machacó el hombre de teflón del kirchnerismo residual para redondear lo que en definitiva es un desprecio al acompañamiento que le brindó Juan Manuel Urtubey para esta campaña presidencial que a esta altura todo indica que viene de nalgas para su –evidentemente- no tan amigo.

De lealtad, que es una virtud, mejor ni mencionar la palabra.

Y fue el periodista el que coronó la patética expresión de Daniel Scioli respecto a su “amigo y compañero” Juan Manuel diciendo:

Scioli… creo sinceramente que usted debiera hablar con Urtubey…

Como en el debate, que tenía la imperiosa necesidad de ganar por nocaut, en esto de su relación con nuestro gobernador evidentemente volvió a perder.

En el debate, todos dicen que perdió por puntos.

Aquí, en este tema que compete a todos los ciudadanos y en particular a los salteños y al país federal soñado, la derrota de Scioli fue por nocaut.

Punto final con una acotación que no está demás. Por el contrario: Juan Manuel Urtubey no es frágil de memoria.

Mucho menos para semejante ninguneo tras su fuerte jugada que fue “El Grito de Nueva York" en pro del pago a los holdouts”, sin importarle el “Patria o Buitres” de Cristina y sus centuriones.


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