Cristina le declaró la guerra a Urtubey

La rebelión de Juan Manuel

Quienes lo vieron, dicen que entró como una tromba a Casa Rosada.

Sin saludar a nadie, cuentan que llegó a las zancadas al despacho presidencial y apenas ingresó comenzó a insultar en todos los idiomas al gobernador de Salta, el tres veces electo Juan Manuel Urtubey.

El iracundo no era otro que Axel Kicillof, el ministro de Economía que sacó a relucir un enorme caudal de insultos contra Urtubey apenas se enteró de sus declaraciones en New York, respecto que había que haber arreglado con los fondos buitres en su momento y que eso sería lo primero que debía hacer Daniel Scioli si es el nuevo presidente de los argentinos a partir de Diciembre.

Los comentarios del gobernador norteño en la ciudad que “nunca duerme”, ingresaron como un misil al despacho de Cristina quien de inmediato recordó lo que sostenía su esposo, Néstor Kirchner, cuando decía que Urtubey no era confiable para su proyecto.

Lo que pasa es que el mandatario provincial, si bien es cierto siempre se alineó con la gestión K, nunca terminó de convencerlos que era un soldado disciplinado o “gurka” como Jorge Capitanich o Aníbal Fernández, quienes jamás se animaron a decir ni una palabra en contradicción a lo que dijera el matrimonio.

Eso le valió que Salta, la provincia que gobierna hace ocho años ya, no recibiera fondos discrecionales que la Presidente reparte a diestra y siniestra, sin control, a manera de premios para los obedientes y falderos y castigo para los díscolos o “libre” pensadores como él.

Para los K, su troupe de obsecuentes y todo el lumpenaje disfrazado de dirigentes políticos y militantes que constituyen su club de “focas aplaudidoras”, el gobernador salteño siempre fue un “gorila”, un “cholo”, un “oligarca”, un “conservador” y un enemigo total del proyecto “nacional & popular”.

Ahora, luego de sus declaraciones durante las reuniones del Consejo de las Américas, sus detractores se sacan la careta y salen a dispararle sin piedad y a decirle a su jefa política: “¿viste que teníamos razón?... siempre fue un traidor”.

Pero, ¿qué fue lo “grave” que dijo?

…Que había que volver a poner a la Argentina en el mundo racional; arreglar con los acreedores las mejores condiciones de pago de la deuda y hacer de éste un país previsible para que puedan llegar inversiones.

Esto, que para cualquier ciudadano suena a lógico, para el mundo de Cristina, su hijo Máximo, Kicillof y su corte de inútiles y corruptos, es traición pura porque sostienen que va en contra de la “revolución imaginaria” que dicen venir librando contra el mundo “explotador e imperialista”.

Vengativos como son, inmediatamente comenzaron con los “carpetazos” y el primer apuntado fue el hermano del gobernador, José, titular de Celulosa Argentina, cuya empresa dicen que van a investigar en su relación con la pasada dictadura militar.

El mandatario salteño, inmediatamente relacionó esta movida con Carlos Zannini, el secretario Legal y Técnico de la presidencia y candidato a vicepresidente de su candidato, Daniel Scioli, a quien le pegó duro sosteniendo que él siempre trabajó en su contra apoyando en su provincia a sus adversarios políticos, como Juan Carlos Romero, a la vez que dijo que su mirada de la política es distinta a la suya, y que por eso históricamente tuvieron posiciones encontradas.

En el medio de este juego, quedó Daniel Scioli quien intentará bajar temblores y escalofríos, porque percibe que él, al final, resultará siendo el “pato de la boda” de este entuerto.

Urtubey, quien en estos días suena como un firme candidato a ocupar la Cancillería o la Jefatura de Gabinete de un eventual gobierno sciolista, es, junto a muchos gobernadores que por ahora no se animan a dar la cara, el principal impulsor de un alejamiento de Scioli de Cristina y su estilo de gobierno.

Esta postura saca de quicio a los “incondicionales” de Cristina que por estas horas deben estar en pleno operativo de “aniquilar” a Urtubey y presionar a Scioli para que salga a decir que nunca abandonará el estilo de estos doce años de kirchnerismo y que si llega a la presidencia, no dará un paso sin el aval de Cristina, Máximo, y la troupe enorme de ociosos que integran La Cámpora y otras organizaciones identificadas con el matrimonio que llegó del sur.

Ahora, habrá que esperar cuales son las consecuencias de este enfrentamiento que se produce a sólo veinte días de la elección y que estalla en el corazón del kirchnerismo.

Seguro que la larga fila de chupamedias de Cristina, saldrá a la caza de Urtubey y a lanzar, a través de los medios y periodistas bien “aceitados” y militantes, cientos de informes, chimentos y cosas de todo tipo en contra del gobernador de Salta, su familia y su gobierno.

Sin dudas que Urtubey no dijo lo que dijo, al azar.

Como cada uno de sus pasos políticos, debe haber sido medido al centímetro.

Por eso en sólo cuestión de horas, sabremos qué pasará en definitiva.

Scioli, a todo esto, dicen que lo vieron ingresar a la Basílica de Lujan, la misma que dejó inundar, para pedirle a la Virgen que esta pelea entre su amigo Juan y Cristina, no le tire al piso su sueño más anhelado, que es el de llegar a la presidencia de la República.


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