Los movimientos y partidos implosionan… y eso es grave

Usted se preguntará porqué dije implosionan. Pues justamente por eso: Porque el peronismo se vino abajo y los demás, los de afuera, ni se mosquean, y los que están adentro se volatilizan. Y hay atisbos de que el Partido de Alem e Irigoyen, también.

Cuando la carga de cohesión interior de los cuerpos es menor a la fuerza generada por la presión exterior que lógicamente empuja, revientan, pero para adentro. Eso es lo que les sucede a las organizaciones humanas que no mantienen un equilibrio en su relación con el entorno. Implosionan; se vienen abajo por la falta de cohesión que le hubiera dado la estabilidad necesaria y por supuesto su energía y fortaleza, y lo peor, no dejan huella afuera a no ser un tendal de conflictos con la realidad exterior. Pues en el Peronismo es tal la carga inercial de individualismo, que no genera otra cosa que un vacío imposible de llenar, precisamente por sus conflictos con el entorno. Incluyendo a peronistas que quedaron fuera, por alguna causa que habrá que investigar en la genética del Movimiento del 45.

El Justicialismo, o la praxis del peronismo, para ir afinando los conceptos, implosiona, vea. Se viene abajo por su propio peso. El alejamiento doctrinario de sus líderes, que, dicho sea de paso, se multiplican en relación inversa con el desarrollo político interno [donde a menor conciencia doctrinaria, mayor cantidad de “detentadores” del poder existen], genera un caos que confirma aquello que dijo el General: “…son como los gatos que parece que se pelean, pero se están reproduciendo”, pero lamentablemente en dirección opuesta a la cohesión que sugería el Caudillo. Bien sabemos que el Caos es precursor del Orden, excepto en las condiciones aquí señaladas.

Ahora bien, tal explosión hacia dentro por la falta de cohesión, ahoga al sistema con sus propios deshechos. Así, en el Justicialismo, hoy, como el monstruo mítico, la Hydra de Lerna, tiene varias cabezas, que piensan y sienten de manera autónoma, pero en conjunto destruyen, y si son destruidas, de duplican, haciendo realidad, lamentable realidad, la visión apocalíptica. Y eso es, precisamente lo que le lleva al drama de pertenecer a un cuerpo inerte que, agotada su fuerza interior, implosiona.

Fue costumbre por parte de los peronistas apropiarse del pensamiento, incluso de la voluntad de Perón, después de muerto el Líder. Hoy, resultados a la vista; los denostados por él, los echados de la Plaza, gobiernan con la atrocidad del vacío ideológico de sus cuadros medios [que son los que en la realidad mandan], esos, transadores ideológicos, traidores profesionales, lumpen [con corbata] de la primera hora, se apropiaron de los votos huérfanos, luego del menemato. Esos mismos partieron, siguiendo el ejemplo del anciano riojano innombrable, de una patada certera, la columna vertebral del Movimiento.

Y en paralelo, los que hoy se llaman a sí mismos “peronismo disidente”, no quieren darse cuenta que es al revés. Para bien o para mal son el Peronismo, y éstos que armaron un Régimen lumpen, no les da el cuero ni para ser disidentes, porque nunca fueron peronistas.

Y ya que mencioné al movimiento obrero, la columna vertebral del movimiento, hoy fracturada insanablemente, debo advertir para mi propio coleto, que su naturaleza hoy dista mucho de ser la clásica estructura de Poder obrero como cualquier ideología, incluso la fascista, la concibe. Hoy el movimiento sindical, en la Argentina, no tiene ni representa poder alguno. Se representa a sí mismo como una nuez vacía a la que cuando se abre se le encuentra un despojo inútil, aunque su apariencia sea dura y firme. Pura cáscara.

Sencillamente, porque hoy son más los lumpen clientelares del Régimen los que copan la parada, no en las fábricas, sino en las colas de los cajeros automáticos para cobrar la mesada, con el doble castigo de no tener trabajo, y de ser prole dependiente del Régimen. Lumpen estricto. Mientras los otros lumpen, los de corbata y alta gama, se distribuyen el Poder del movimiento y de las instituciones republicanas, implosionado, respirando la fétida atmósfera que rodea el acto de morir entre los propios deshechos.

He aquí una pista para intentar comprender tanto transfuguismo, tanta PASO desaparecedora de ideologías… tanta traición como en el gotán, tanta miseria política… Tanto legislador que no legisla porque en la boleta figuraba Perón y en el soberano Congreso de la República recibe decretos lumpen para aprobar sobre tablas…

Pistas

Nada más que pistas para orientarnos en este mare magnum del desorden electoral en que se convirtió ese domingo cualquiera pero luminoso, en el que por diez minutos tenemos en nuestras manos el futuro de la amada y malherida República. Sospechar que los legisladores nacionales que votamos pueden terminar siendo vulgares tránsfugas del escaño, se convierte en el pesimismo metódico.

Ese que nos llevará a espulgar el pelaje del candidato que creemos puede ser el mejor, pero que nos alertará para no votarle ante el menor atisbo de carcajada burlista y procaz una vez que le dimos el escaño senatorial o diputadil.

Pistas para comprender de una vez por todas que hay gente, mucha gente que parece estar en la superficie, pero que en realidad se está asfixiando con los propios excrementos de ese mamarracho implosionado, que nunca, nunca más será el Movimiento, y allí se candidatean.

Porque también debo decir que con el Partido ese, sí ese mismo de Alem en el Parque del 90, pasa lo mismo, aunque a escala menor, o mejor dicho, en una etapa de desarrollo primigenio. Ese Partido que para bien o para mal siempre fue principista, de principios republicanos hasta la sangre; el mismo del que Perón tomara las banderas que él llamó Verdades, sí, las 25, poniéndoles gestión en los Planes Quinquenales. Porque el Partido Radical, queridos paisanos, está en los prolegómenos de una terrible y hedionda implosión, como la otra. Pero es otra cara de esta misma historia.


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