La cuestión de los sismos

El piso del océano Pacífico volvió a romperse frente a las costas de Chile disparando un sismo de grado 8.3 el 16 de septiembre de 2015 a las 19:54 horas. Estos terremotos de placa oceánica generalmente vienen acompañados de maremotos o tsunamis. Rápidamente trajo el recuerdo del último sismo de gran magnitud, el del sábado 27 de febrero de 2010 a las tres de la mañana. Justo fue casualidad que en Salta se disparara un sismo ese mismo día a las 12:45 horas. Precisamente Salta estuvo muy castigada las primeras semanas de septiembre de 2015 a raíz de una serie de sismos superficiales en el sistema de fallas geológicas de las Sierras Subandinas australes o sistema de Santa Bárbara. Había visitado el sur de Salta para hablar del tema a fines de agosto y se hace aquí un resumen de estos hechos y de las cuestiones, preguntas y malentendidos que suelen generar estos fenómenos telúricos.

Precisamente el 27 de agosto de 2015 las maestras de las escuelas rurales de Rosario de la Frontera me pidieron si podía darles una charla sobre la geología de la región y los fenómenos naturales que allí tienen lugar. Esto se llevó a cabo en la biblioteca pública y acudieron niños de los cursos primarios de varias localidades del interior de esa ciudad del sur salteño. La preocupación mayor era el “volcán” de las Termas y la problemática de los sismos. Fue importante aclarar que se diga lo que se diga, al igual que con el cerro San Bernardo en la capital de Salta, el cerro Termas nunca fue, no es y nunca será un volcán. La última actividad volcánica en esa comarca está documentada en unas coladas basálticas de unos 4,3 millones de años de antigüedad.

Con respecto a los sismos la cuestión es diferente ya que esa región tiene muchos antecedentes históricos de ocurrencia de eventos de distinta intensidad, el mayor de ellos fue el que destruyó Trancas y la vieja Villa del Rosario, el 19 de enero de 1826. Este sismo ha quedado muy bien descripto por viajeros ingleses, de profesión mineros, que se dirigían entonces al cerro Rico de Potosí y fueron sorprendidos por el evento telúrico. Así obra en las memorias escritas de Edmund Temple y Juan Scrivener, respectivamente. Una de las preguntas de fondo de maestras y alumnos fue sobre los “sismos de septiembre” y hubo que aclarar que septiembre es un mes más en la cronología histórica de los sismos del NOA. Si bien el que destruyó la ciudad de Esteco y dio nacimiento al pacto de fidelidad con los santos patronos de Salta fue un martes 13 de septiembre de 1692; otros no tuvieron nada que ver con el mes de la primavera.

Precisamente un terremoto muy destructivo fue el de La Poma en el Valle Calchaquí y ocurrió en diciembre de 1930, en vísperas de la Nochebuena. Hemos publicado este año, junto al periodista Daniel Rodríguez, un libro sobre el terremoto de La Poma, que incluye los testimonios de los últimos sobrevivientes. Incluso un sismo de gran intensidad, mayor a 6, ocurrió en la ciudad de Salta el 27 de febrero de 2010. O sea que no hay mes elegido, desde el momento que los sismos son por su propia naturaleza impredecibles en cuando van a ocurrir. De allí la necesidad de la prevención y esto significa estar prevenidos los 365 días del año y las 24 horas del día. Sí es posible predecir el “donde” van a ocurrir y esto en razón de que se conocen fallas geológicas jóvenes, activas y sismogénicas, esto es generadoras de sismos, en muchos lugares de la provincia.

Otro error conceptual es llamar placas a las láminas tectónicas. Placas debe reservarse para las grandes unidades de la litosfera como son la Placa de Nazca o sea el piso del Océano Pacífico que se hunde por subducción debajo de la Placa continental Americana. Otro punto es estar al tanto de que los sismos no matan a nadie. Lo que mata son las estructuras que se desploman sobre las personas. En igual sentido no hay construcciones antisísmicas sino sismo-resistentes. O sea las construcciones no ahuyentan los sismos sino que los resisten. También estuvo la pregunta sobre los meses de calor y otra vez fue necesario aclarar que tomado en comparación, el calor superficial palidece cuando avanzamos en profundidad, ya que la temperatura aumenta un grado centígrado cada 33 metros, o sea que a las profundidades de los hipocentros las temperaturas son cinco a diez veces más altas que las de la superficie. Las rocas están sometidas a temperaturas, presiones, esfuerzos, tensiones, movimiento de fluidos, cambios mineralógicos, que las hacen impredecibles en su comportamiento al igual que los sismos que estas provocan.

Según el INPRES, entre el sábado 5 y el martes 8 de septiembre de 2015, se registraron 29 sismos en Salta y Jujuy, la mayoría de ellos en el sur de Salta. Hubo sismos también en la región de Rosario de la Frontera, en el Valle Calchaquí (cerca de Tolombón), en la Puna (cerca de Tolar Grande y Susques), en las Sierras Subandinas (cerca de San Pedro y Orán), entre otros puntos. De todos ellos el de mayor intensidad ocurrió el sábado 5 de septiembre de 2015, a las 19: 15 horas y tuvo su epicentro a 15 km al sur de Rosario de la Frontera y a unos 35 km de profundidad. Alcanzó una magnitud de 4.8 y produjo daños en algunas construcciones, especialmente rajaduras de paredes. La localidad de Balboa fue una de las más afectadas. Hubo numerosos sismos superficiales entre 10 y 30 km de profundidad y otros más profundos que se localizaron entre 70 y 150 kilómetros. Todos ellos estuvieron vinculados a una provincia geológica en particular como es el Sistema de Santa Bárbara en su porción austral.

Así como existen las provincias geográficas, existen también las provincias geológicas. Estas tienen características que las distinguen en su evolución, en sus límites y en su morfología y estructura. Esa región del sur de Salta se encuentra limitada por las Sierras Pampeanas Septentrionales, la Cordillera Oriental y la Llanura Chaqueña. Son un encadenamiento de sierras jóvenes con un núcleo de rocas antiguas y una cubierta delgada de rocas cretácicas y cenozoicas. Las sierras han tenido un crecimiento acelerado en las últimas decenas a centenas de miles de años. Esto significa empuje y elevación tectónica lo que se traduce en alta sismicidad. A raíz de esto, Hernán Barcelona y sus colegas del Instituto de Estudios Andinos (IDEAN) de la Universidad de Buenos Aires, publicaron a finales de 2014 un muy interesante artículo en el Journal of South American Earth Sciences (v. 56, pp. 376-395), sobre la Sierra de la Candelaria y la tectónica y la morfología de esa región. Las conclusiones fueron que esa sierra y otras vecinas tuvieron un rápido levantamiento en tiempos geológicos modernos y sobran elementos en la topografía, el curso de los ríos, el relieve de las sierras, los planos de falla y otros para demostrar como actuó la tectónica y la morfología se fue adaptando a esos cambios. Muchas de las fallas del sur de Salta y norte de Tucumán están activas y son peligrosas. El monitoreo de esas fallas y su actividad sería más efectiva de contar con la central sismológica que se debería haber instalado en San Antonio de los Cobres. El Dr. Benjamín Heit, sismólogo salteño en Alemania sostiene que con esta estación se podrían integrar los datos de las estaciones de Chile y del mundo para registrar los sismos más fuertes y así definir las zonas de fallas activas y sismogénicas.

Finalmente una cuestión estadística. El Tribuno hizo una encuesta sobre si los sismos podían detenerse por la oración como sostenía Monseñor Pedro Lira o si eran una cuestión independiente de la fe como sostenía el suscripto. Los números fueron contundentes: perdí en la compulsa 80% a 20%. O sea que para la mayoría de los salteños Lira tiene razón y los sismos se detienen rezando.


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