Geología del cine


Las películas de cine enseñan paisajes geológicos que muchas veces nada tienen que ver con los escenarios reales. Ciertamente la magia del cine y la libertad de directores y creativos dan para cualquier cosa. Como armar paisajes de fantasía usando las modernas computadoras. Tal el caso de los algoritmos fractales. O bien filmar en paisajes que nada tienen que ver con el relato o la historia en su marco original de narración. Lejos estamos de Casablanca que se filmó íntegramente en los estudios de Hollywood. Hasta películas realizadas ciento por ciento en su marco original tal el caso de Apocalypto. Sin embargo a veces se exagera en demasía. ¿Podemos imaginarnos una película sobre los wichis filmada en el desierto de Atacama o en la selva amazónica? La película podría ser excelente, pero el paisaje estaría equivocado. Es exactamente lo que ocurrió con “El último de los Mohicanos”. Con una cinematografía magnífica, un bello escenario, una historia cautivante y plena de acción, pero lamentablemente con todo el paisaje y las rocas equivocadas.

El territorio de los Mohicanos, Ottawas, Canadás y Hurones fue la parte norte del actual estado de Nueva York y la región de los grandes lagos. El paisaje allí lo definen rocas marinas paleozoicas, que yacen casi horizontalmente, sobre las cuales se ha sobreimpuesto la intensa glaciación del periodo Cuaternario, que suavizó el relieve. La película en cambio muestra picos escarpados y rocas graníticas, en una región donde no alcanzó la glaciación. Sucede que la película fue filmada en los estados de Carolina, al este de los Apalaches, mientras la historia de los Mohicanos se desarrolla lejos de allí, al oeste de los Apalaches. O sea una película impactante, pero con toda la geología equivocada. Y no es el único caso.

Algo parecido ocurre con Thelma & Louise. Fue otro éxito de la pantalla en el cual dos mujeres huyen de la justicia luego de matar a un hombre que intentó violarla a una de ellas. Según el guión la huida y la persecución tienen lugar entre Arkansas y México, pero hete aquí que la mitad de la película transcurre fuera de ruta, ya que las chicas manejan su auto descapotado por “Monument Valley” en Utah. Todo el mundo recuerda ese lugar del oeste americano por la cantidad de películas de cowboys que allí se filmaron, en especial las de John Wayne. Al final, las mujeres se encuentran atrapadas sin salida y enfilan su auto hacia un espeluznante precipicio que no es otra cosa que el muy famoso Cañón del Colorado. En definitiva otra buena película pero con todo el paisaje y las rocas equivocadas.

Steven Spielberg filmó “Parque Jurásico” en las islas de Hawái, aunque la historia fue tomada del libro de Michael Crichton, quién ambienta su novela de suspenso en Costa Rica. En este caso la trama tiene que ver con experimentos genéticos ultramodernos para la resurrección de los dinosaurios, así que de última el lugar y el paisaje no importan demasiado. Tal vez lo más llamativo sea que la película se llame Parque Jurásico cuando la mayoría, si no todos los dinosaurios, que presentan son del periodo Cretácico. Nuestros guionistas y directores no le van a la zaga.

Hace bastantes años se filmó en Salta “Taras Bulba”, película basada en el libro de Nicolás Gogol (1835). La historia transcurre en regiones de Siberia y el Turkestán en la Rusia asiática. Una vez más, la geografía, la geología y hasta el clima están equivocados. Igual que en el caso de Doctor Zhivago, narrada en Siberia pero filmada en Soria (España). Mucho mejor fue “La Guerra Gaucha”, del libro de Leopoldo Lugones, ambientada y filmada en Salta.

Otra película que tiene sus bemoles es “La deuda interna”, con la actuación de Juan José Camero y elenco jujeño. Transcurre durante los años del proceso militar y cuenta la historia de un joven desaparecido. Si bien fue rodada íntegramente en la Quebrada de Humahuaca y Puna de Jujuy, con lo cual rocas y paisajes están bien orientados, hay una imagen que confunde todo. Es aquella en donde el muchacho se encuentra en medio de una inmensa llanura de sal, las Salinas Grandes, y recoge una concha marina semienterrada con la cual se pone a escuchar el ruido amplificado del viento. Lo grave es que esa imagen es totalmente falsa, ya que Salinas Grandes es un salar de la Puna, un lago seco salino continental, formado durante millones de años por las aguas saladas de la región que nada tienen que ver con el mar.

Otra realización nacional y que dio mucho que hablar en su momento es “Un lugar en el mundo” del director Aristarain. En este caso, el paisaje y las rocas están perfectos ya que fueron elegidos por el eminente geólogo y mineralogista argentino Dr. Lorenzo Aristarain, primo del afamado cineasta. Otra película que se filmó en la Argentina fue “Siete Años en el Tíbet”, rodada en gran parte en Mendoza, entre Malargüe y Uspallasta. La idea era recrear los paisajes y la ciudad tibetana de Lhasa. La elección de la zona de Cuyo tuvo evidentemente sus razones logísticas y financieras. Sin embargo el paisaje ideal para filmar esa película hubiese sido la Puna Argentina, considerada el segundo Tíbet del mundo.

Como decían los viejos exploradores a principios del siglo XX, por caso Eduardo Holmberg en 1900, lo único que le faltaba a la Puna para parecerse al Tíbet eran los yak y el proponía importarlos y adaptarlos a las necesidades de la región por su especial aclimatamiento como animales de altura. La reciente película Relatos Salvajes, que compitió en los Premios Oscar 2015, tiene una sección filmada en Salta. Pero en realidad parte del relato es en Salta y parte corresponde a rutas de Jujuy. De todos modos, el tramo salteño coincide con la ruta a Cafayate y más concretamente con Puente Morales. Es allí donde tiene lugar el extraño desenlace entre los dos automovilistas que pelean hasta morir y finalmente quedan abrazados y carbonizados dando lugar a una explicación forense absolutamente distinta a la de la trama en la que tuvo lugar. Lo pintoresco es que hablan todo el tiempo por teléfono celular pidiendo auxilio para cambiar un neumático averiado y si hay algo que no hay en ese tramo de la quebrada es precisamente señal de celular. De todos modos esa localidad no solo será atractiva para los turistas por su belleza paisajística sino también que ahora se agrega para los guías de turismo señalar que allí se filmó uno de los seis relatos salvajes de la película de Damián Szifrón.

Hay lugares que el cine convierte en emblemáticos y mecas de peregrinación, tal el caso del castillo del conde Drácula en Transilvania. De allí que a esa corriente del turismo se la haya dado en llamar “Movie Tourism”, por turismo de los lugares de películas allí filmadas. Que no siempre corresponden a los paisajes originales como señalamos. Tal los casos de Lawrence de Arabia, narrada en Egipto y Jordania y que fuera filmada en Almería (España); Indiana Jones y la última cruzada, narrada en Turquía y también filmada en España; El último Samurái, narrada en Japón y filmada en Nueva Zelanda (al igual que El Señor de los Anillos), Apocalypse Now, narrada en Vietnam pero filmada en la República Dominicana. Y podrían mencionarse muchos casos más con cambios a veces innecesarios de ambientación, lo cual es una lástima si se tiene en cuenta que el cine mueve muchos miles de millones de dólares y es una escuela visual de geografía. Muchas veces es la única oportunidad de viajar, aunque más no sea de manera virtual, a remotos países y continentes.


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