El dólar se metió en la campaña

A tan solo una semana de las primarias presidenciales, comenzaron a venir tiempos claves en la cotización del tipo de cambio informal en la Argentina.

El viernes anterior, la divisa marginal cerró sus operaciones en 14,94 pesos, mientras que el dólar oficial concluyó en 9,19. El récord de compras de dólar ahorro y la suba del tipo de cambio marginal, son claros efectos derivados de la inconsistencia de la política económica.

Con una inflación del 25 % anual, una expectativa de devaluación del peso para los próximos meses del 30 % y tasas de interés a plazo fijo del 24, la tasa de interés real de los depósitos a plazo es casi nula, lo que implica salir hecho en términos de bienes. Además, la tasa de interés anual no compensa la devaluación esperada, por lo cual la inconsistencia genera un claro estímulo a la adquisición de dividas, ya sea en el mercado legal (dólar ahorro) o en el ilegal, dependiendo de la capacidad para hacerlo.

Con 681 millones de dólares vendidos, julio marcó un récord en la demanda de dólar ahorro, lo que implica el 386 % más que en el mismo mes del año pasado.

Un dato no menor es que siempre en años electorales aumenta el incentivo a la dolarización. Por ende, la inconsistencia se suma a este comportamiento habitual. Ya se sabe que en una campaña electoral, el cinismo, los eufemismos y las verdades a medias son cosas de todos los días. Con más razón en un momento de gran expectativa sobre una nueva gestión presidencial que saque a la economía del letargo y empiece a acomodar los numerosos desajustes que se fueron generando.

Las idas y vueltas de opiniones oficialistas y opositoras sobre el mercado cambiario son un claro ejemplo de esta situación. Desde la oposición, hablar del “levantamiento del cepo” es, claramente, un eufemismo para señalar que habrá una devaluación que acomode el dólar oficial a un valor más realista. Pero desde el oficialismo, minimizar al dólar blue por ser un mercado ínfimo (de hecho, lo es) o acusar a los otros candidatos de “proponer una devaluación o un vacío de reservas” es, simplemente, cinismo.

En el Coloquio Industrial, recientemente realizado en Córdoba, nadie quiso usar la expresión “atraso cambiario” para que el Gobierno no lo acusara de “devaluacionista”, pero casi todos lo dejaron trascender. La realidad es que desde enero de 2014, cuando se cambió la política de minidevaluaciones y el peso se devaluó un 20 % de una sola vez, el dólar en el mundo se apreció y los precios en Argentina subieron.

En estos 18 meses, mientras el dólar subió 15 % contra el peso argentino, el euro se depreció casi 25 % y el real más del 40 % frente al “billete verde”. Brasil y en menor medida Europa son los principales mercados de los productos industriales argentinos. Desde enero de 2014 hasta junio último, el índice de precios mayoristas aumentó 28,4 % medido por el Indec (aunque las estimaciones privadas dan cuenta de un avance mucho mayor).

Con estos números, la pérdida de competitividad cambiaria de los exportadores es evidente. Y esto se refleja en un saldo de balanza comercial que se achica a pasos agigantados: en el primer semestre de 2015, el comercio exterior aportó sólo 1.232 millones de dólares al país, 2.000 millones menos que igual período del año pasado. En 2011, habían sido 5.800 millones y, en 2012, 7.300 millones.

Sea cual fuere la idea que los candidatos tienen para el mercado cambiario, está claro que los exportadores no comenzarán a aportar divisas al país hasta tanto se recomponga la pérdida de competitividad por la apreciación del peso.

De todos modos, con la experiencia tras la devaluación del año pasado, nadie afirma que una suba del tipo de cambio sea la solución: si no hay otras medidas que frenen la suba de costos interna (inflación) y se acomoden las variables macro, está claro que lo único que se va a lograr es volver al punto de partida, con un nivel de precios más alto.

¿Por qué el dólar blue sube y baja?

No sólo estamos siendo bombardeados en estos días por los mensajes de campaña. A la hora de explicarnos por qué el dólar paralelo o blue sube y baja (para terminar subiendo, en la línea general), hay mensajes cruzados: dos teorías que se presentan como mutuamente excluyentes tal vez no lo sean. Las dos teorías enfrentadas son las siguientes:

La oficial, la que sostiene el Gobierno, se basa en el supuesto de que hay en marcha una corrida cambiaria. Hay dos variantes en este grupo.

Están los más conspirativos, para quienes grupos económicos a los que no identifican buscan debilitar la salida del Gobierno y condicionar al próximo. Por eso se cambia la doctrina de inteligencia, que ahora permite espiar a empresas para prevenir “golpes de mercado”. Por eso la agencia estatal Télam no tuvo un reporte final sobre los mercados y encabezaba su sección de Economía con el título “La Afip pidió a la Justicia que prohíba salir del país al titular del HSBC”, por un caso de evasión.

Están los menos conspirativos, para quienes lo que hay es una dolarización de activos que estaban en pesos y que consideran normal frente a un proceso eleccionario. Dan el ejemplo de lo sucedido en las elecciones de 2011 y no explican que pasó desde entonces: tras las elecciones de ese año, el dólar oficial valía 4,25 pesos y del blue ni se hablaba. Los conspirativos moderados agregan otras circunstancias, como que las vacaciones de invierno determinan una mayor demanda de dólares para viajar. Eso parte de la base de que la gente paga el avión horas antes de subir.

Los economistas independientes (porque la oposición política mayoritaria no emite ni un mugido) ponen el acento en que los dos principales desestabilizadores son el ministro de Economía, Axel Kicillof, y el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, quienes juntos empapelan de pesos la economía para sostener un gasto público desbocado.

Desde enero hasta mayo, Kicillof necesitó endeudarse (con el Banco Central, la Anses o el mercado) por 822 millones de pesos ¡por cada día hábil! para cerrar sus cuentas. Los economistas dicen que, algún día, los poseedores de esos billetes impresos iban a querer cambiarlos.

Dos teorías. Usted sabrá.

La alta brecha cambiaria aumenta la desconfianza en los empresarios

El denominado dólar blue o paralelo retrocedió ayer por debajo de los 15 pesos, en el cierre de la jornada. Pero, de todas formas, la brecha de 63 % con el tipo de cambio oficial aumenta la desconfianza en el mundo empresarial por la presión que este escenario puede tener en sus costos.

Si bien el dólar informal retrocedió, el valor de la divisa sigue siendo muy alto con relación al dólar oficial, cuyo valor es regulado mediante distintas herramientas monetarias por el Gobierno. En los últimos 35 días, el paralelo subió el 20 %.

La brecha es, en tanto, un duro golpe para sectores exportadores que tributan retenciones, como una parte de la industria argentina y, sobre todo, el agro. En este caso, hay nueve pesos de distancia entre lo que reciben los productores por cada dólar que le venden al Banco Central por sus exportaciones y el precio de la divisa en la calle.

El precio del dólar blue no es representativo, pero marca un nivel negativo de expectativas para la economía en general.

En la industria, muchos costos se referencian en un mix del dólar oficial y el paralelo. El incremento de la brecha, aumenta el atraso cambiario y desanima cualquier inversión. ¿Quién va a venir a un país donde los costos van por un carril y las exportaciones se cobran a un dólar oficial menos retenciones totalmente relegado?

Parte del problema radica justamente en la escasez del billete norteamericano producto de la sostenida caída de las exportaciones. En el primer semestre, el superávit comercial cayó 66 %.

Este nivel del paralelo complica más la ecuación de costos, se sigue vendiendo soja a un dólar que no llega a 6 pesos y casi todos los costos de los insumos tienen algún punto de contacto con el dólar informal.

Aún los productores de soja con campo propio–es decir, aquellos que no pagan alquileres por la tierra–tendrán rentabilidad negativa al ritmo que va el dólar blue y los costos.

A nivel de algunas ramas industriales, en tanto, la incidencia del incremento de la divisa informal todavía no se trasladó a los precios de los insumos. Salvo el plástico para envases y algunas cosas muy puntuales, los insumos son nacionales. Pero, además, el consumo está tan frío que sería muy difícil ajustar precio.

A nivel del comercio mayorista, sin embargo, no pocos precios se manejan con un mix entre el valor del dólar oficial y el paralelo. Esa fórmula suele aplicarse en los productos importados cuyos stocks dependen de las autorizaciones. En los rubros textiles y repuestos es sistemática una suba de precios del 2 al 5 % cada mes. Los autos 0 kilómetros también vienen aumentando de precio por los mayores costos de las concesionarias.

La actividad industrial creció en junio 3 % respecto a igual mes de 2014, y cerró el primer semestre del año con una caída de 1,8 % interanual, según estimó la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (Fiel).


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